Allá por la primavera del año pasado os hablábamos del LiquidGlide inventado en el MIT como alternativa para aprovechar al máximo el ketchup o la mayonesa. El truco está en el empleo de materiales y superficies superhidrofóbicas para que el contenido «no se pegue» al continente y salga todo del tubo.

Esta técnica también se puede aprovechar para reducir … la espuma que si bien para una cerveza es bueno no lo es tanto para el proceso de embotellado, por ejemplo.

La formación de espuma tampoco es deseable en otros procesos industriales, sobre todo si provoca derrames y contaminación ambiental.

En las espumas, las burbujas de aire adyacentes están separadas unas de otras por una fina película de líquido. Para generar y estabilizar la espuma, se añaden sustancias tensioactivas como lípidos o proteínas.

Muchos líquidos, como la cerveza y los jabones, contienen estas moléculas tensioactivas que estabilizan la espuma. Por ello, para evitar la formación de espuma, hay que añadir sustancias químicas adicionales, como aceites, ceras o micropartículas. Éstas ayudan a que las burbujas de aire vecinas se fusionen rápidamente, lo que hace que la espuma se deshaga con rapidez.

Los científicos que trabajan en Instituto Max Planck de Investigación de Polímeros han investigado ahora con más detalle el efecto de las superficies superanfifóbicas sobre la espuma. Estas superficies tienen una rugosidad microscópica y, por tanto, impiden que los líquidos se adhieran a ellas: El líquido se asienta sobre pequeñas columnas de apenas unos micrómetros -millonésimas de metro- y una película continua de aire.

La idea es que las finas columnas desestabilizan las burbujas de espuma al entrar en contacto con ellas y las hacen estallar, de forma parecida a cuando se clava una aguja en un globo. El aire dentro de la espuma se libera entonces y escapa a través de la capa continua de aire de la capa superanfifóbica. El resultado es que la espuma se disuelve sin necesidad de aditivos químicos ni de agitación mecánica (que consume energía).

Para probar experimentalmente su idea, los investigadores recubrieron el interior de los vasos con una fina capa superanfifóbica y llenaron los vasos con cerveza y agua jabonosa. Para estudiar con precisión la formación o descomposición de la espuma en detalle, se utilizó una gran variedad de métodos científicos, como la fotografía de alta velocidad y la holografía digital.

Con ello consiguieron demostrar que las superficies superanfifóbicas pueden destruir eficazmente la espuma preexistente, así como evitar la formación de espuma en primer lugar.

También en la Universidad China de Wuhan (¿A qué me sonará este nombe?) han conseguido impermeabilizar el algodón u hacerlo practicamente insuciable con ayuda de este tipo de técnicas.

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