Las gafas inteligentes tienen un problema poco comentado. Para escribir un mensaje, o hablas en voz alta o sacas otro aparato del bolsillo. MindRove propone una tercera vía con TypAir, un teclado Bluetooth que se lleva sujeto a la ropa y que interpreta gestos de los dedos en lugar de pulsaciones sobre teclas. Todavía es un prototipo funcional, pero la idea resulta interesante. El módulo se coloca junto al bolsillo o la cadera, y permite componer una respuesta corta sin dar muestras de que se está escribiendo. A cambio, exige aprender un alfabeto nuevo. Repasamos cómo funciona, qué compromisos plantea, qué dice la investigación sobre este tipo de entrada de texto y qué le falta por resolver antes de convertirse en un producto real.

El problema de las gafas inteligentes

Las gafas con pantalla integrada prometen consultar mensajes sin sacar el teléfono. Pero responder sigue siendo incómodo. El dictado por voz funciona, aunque resulta intrusivo en una sala de espera, en un tren o en una reunión. Hablar a las gafas también deja a la vista de todos lo que se está contestando.

La alternativa tradicional es un teclado físico, y no encaja con la movilidad. Un teclado plegable necesita una mesa, y uno con teclas ocupa demasiado para llevarlo pegado al cuerpo. A eso se suma la velocidad. Una conversación hablada ronda las 150 palabras por minuto, mientras que escribir con los pulgares en un móvil queda muy por debajo. Cualquier sistema silencioso parte con desventaja y debe compensarla con discreción.

Ahí encaja TypAir. Busca un punto intermedio entre hablar y teclear: una superficie pequeña, siempre a mano, que permita introducir texto con la mano en su posición natural de reposo.

YouTube player

TypAir: un teclado sin teclas

El dispositivo de MindRove tiene un cuerpo compacto de forma casi cuadrada. Una correa con sujeción magnética permite fijarlo a la ropa, a un bolsillo o a otra correa. Esa colocación es el centro del diseño. Llevado cerca de la cadera, deja la mano cerca de donde reposa sin esfuerzo, y no obliga a levantar el brazo ni a mirar.

No hay teclas con letras. El aparato traduce un conjunto predefinido de gestos de los dedos en caracteres. Según Yanko Design la guía del fabricante asigna la letra A a un toque en la esquina inferior izquierda, y otras letras usan movimientos distintos. La reducción de tamaño tiene precio: hay que memorizar la correspondencia entre gestos y letras.

MindRove prevé además gestos personalizables para letras, símbolos, atajos y comandos. Es una posibilidad útil. Quien repita siempre la misma orden podría reservar un único movimiento para ella, y dejar el alfabeto estándar para los mensajes ocasionales. La dificultad está en que cada gesto debe ser fácil de recordar semanas después.

Hay también un componente estético. El módulo y la correa pueden combinarse en distintos colores. El negro sobre negro pasa desapercibido, y las combinaciones vivas se notan más. Es un detalle razonable, porque una prenda con un aparato pegado se convierte en parte del conjunto, y mucha gente acepta la función pero rechaza el objeto.

Aprender un alfabeto nuevo

El mayor obstáculo de TypAir es el aprendizaje. Existe bastante investigación sobre teclados de una mano con combinaciones de pulsaciones, conocidos como teclados de acordes. El más estudiado es el Twiddler, un teclado de 12 botones que se maneja con una sola mano.

Un resumen del trabajo del Georgia Institute of Technology aporta cifras concretas. Diez principiantes alcanzaron más de 26 palabras por minuto tras 400 minutos de práctica. Cinco de ellos siguieron y llegaron a una media de 47 palabras por minuto después de unas 25 horas. Una persona alcanzó 67 palabras por minuto, la misma velocidad que el último autor, usuario del aparato durante diez años.

Esas cifras son alentadoras, aunque no se pueden trasladar sin más. Las pruebas se hicieron con un teclado de botones físicos, y TypAir funciona de otra manera. El artículo no aclara qué tecnología detecta los gestos. Aun así, el patrón general es útil. Aprender un sistema de este tipo lleva horas, no minutos, pero la velocidad mejora de forma constante. Además, el estudio indica que la falta de realimentación visual no perjudica a los usuarios expertos, algo clave para quien quiere escribir sin mirar.

Para un usuario que solo envíe mensajes breves de vez en cuando, ese esfuerzo quizá no compense. Para alguien que escriba mucho con gafas o con un visor, podría merecer la pena.

Compatibilidad y autonomía

Los límites más prosaicos aparecen en la ficha técnica. Según la página del proyecto de MindRove el aparato admite por ahora Android y Windows. El soporte para iOS y macOS está en desarrollo. La aplicación asociada también cuenta.

La conexión es Bluetooth y el dispositivo se presenta como un teclado. Esto implica que las gafas o el visor deben admitir entrada de teclado por Bluetooth. Si no lo hacen, TypAir no sirve de nada. Es un requisito que conviene comprobar antes de entusiasmarse.

La autonomía declarada supera las seis horas por carga. Para una jornada laboral de ocho horas, eso cubre el 75 % del tiempo como máximo. Significa una batería más que cargar cada día, junto a las gafas, el móvil y los auriculares. Y la cifra del fabricante no garantiza que aguante el uso real, que depende de la frecuencia de escritura y de la conexión.

Un prototipo todavía por pulir

MindRove reconoce que el diseño vestible, el reconocimiento de gestos y la preparación para fabricar siguen en desarrollo. Son detalles decisivos. Un sistema de gestos solo es útil si acierta casi siempre. Si cada frase obliga a corregir varios errores, la ventaja de la discreción desaparece.

También falta resolver la ergonomía. Hay que encontrar una posición cómoda a la que volver sin mirar, con la ropa que realmente se lleva. No es lo mismo una chaqueta con bolsillos grandes que una camiseta o un abrigo grueso. El imán de sujeción debe aguantar el movimiento sin soltarse ni arrugar la tela.

Reflexiones adicionales

TypAir ilustra bien un problema general de los dispositivos vestibles. Cada nuevo accesorio resuelve una incomodidad y añade otra: otra batería, otra aplicación, otra cosa que recordar. Para que valga la pena, el beneficio debe ser claro y la curva de aprendizaje razonable.

El proyecto tiene sentido sobre todo si las gafas inteligentes se popularizan. Hoy son un nicho, y un teclado para ellas lo es todavía más. Pero si esas gafas llegan a un público amplio, la entrada de texto discreta será una necesidad real.

Por ahora conviene mirarlo como una idea prometedora y no como un producto. No hay precio, ni fecha, ni datos de precisión. Cuando haya unidades de prueba, lo importante será medir cuántas palabras por minuto se alcanzan tras unas horas de práctica y cuántos errores se cometen. Esa medida dirá más que cualquier demostración en vídeo.

30
Suscribirse
Notificación
0 Comments
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x