Un equipo alemán ha medido si un orgasmo puede despejar la nariz tan bien como un descongestionante en espray. La respuesta, con matices, es que sí, durante un rato. En la prueba participaron 18 parejas. Los voluntarios registraron su respiración antes de la relación, justo después del orgasmo y a los 30 minutos, a la hora y a las tres horas. Al día siguiente repitieron las mediciones con xilometazolina, un fármaco de venta libre. El flujo de aire mejoró de forma similar durante la primera hora, aunque el espray mantuvo su efecto más tiempo. El beneficio solo apareció en quienes partían con una obstrucción marcada. Es un estudio pequeño y con limitaciones evidentes, pero ofrece cifras concretas y una explicación fisiológica plausible. Repasamos cómo se hizo, qué resultados dio y hasta dónde conviene tomárselo en serio.
Un remedio inesperado para la nariz
Se sabe desde hace tiempo que el ejercicio físico moderado alivia de forma temporal la congestión nasal. Actividades sencillas, como unas flexiones, aumentan el calibre de las vías nasales y reducen la inflamación de la mucosa. Los autores se preguntaron si otra forma de esfuerzo físico, con un componente emocional añadido, podía producir un efecto parecido.
La idea tiene un antecedente histórico curioso. En 1897, el otorrino Wilhelm Fliess, amigo de Sigmund Freud, propuso una relación entre la nariz y los órganos genitales. La medicina moderna desmintió sus teorías. Aun así, el trabajo actual sugiere que sí existe cierta conexión fisiológica entre la actividad sexual y el flujo de aire nasal, aunque por motivos muy distintos de los que imaginaba Fliess.
Conviene aclarar la cronología. El New York Post presenta el hallazgo como una novedad de octubre de 2026. Sin embargo, el estudio original de Bulut y sus colaboradores se publicó online en enero de 2021 en la revista Ear, Nose & Throat Journal. Su ficha en PubMed lo recoge como publicación electrónica del 4 de enero de 2021. La edición impresa llegó en 2023. Ese mismo año 2021, el equipo recibió un premio Ig Nobel de Medicina.
Cómo se diseñó la prueba
El planteamiento es sencillo y tiene un punto fuerte. Cada persona actúa como su propio control. Un día se mide el efecto del orgasmo y al siguiente el del descongestionante, de modo que se comparan resultados de los mismos individuos. Así se reduce la variabilidad entre personas.
Según el artículo del New York Post los participantes valoraron su respiración en casa con una escala de 10 puntos. También midieron el flujo de aire con un rinomanómetro portátil, un aparato que registra cuánto aire pasa por la nariz. Las lecturas se tomaron justo antes de la relación, inmediatamente después del orgasmo y a los 30 minutos, a la hora y a las tres horas.
Había una condición estricta. Los datos solo se aceptaban si ambos miembros de la pareja alcanzaban el orgasmo. Esto reduce la cantidad de mediciones válidas, aunque garantiza que la intervención se hubiera producido de verdad.
La crónica de Business Insider añade un dato sobre los voluntarios. Eran 36 personas en total, todas profesionales sanitarias, sin antecedentes de problemas nasales. Y señala que era el primer estudio sobre el efecto de la actividad sexual en la respiración nasal.
Los números: 214 frente a 235 mL/s
Los resultados permiten comparar con precisión. Según el New York Post, justo después del orgasmo el flujo de aire medio aumentó 214 mL/s. A los 30 minutos subió hasta 249 mL/s, y luego descendió poco a poco hasta los valores iniciales.
El espray de xilometazolina mejoró el flujo unos 235 mL/s de forma inmediata y 287 mL/s a la media hora. Su efecto se mantuvo hasta las tres horas. Con esas cifras, el orgasmo alcanzó el 91 % de la mejora del fármaco al instante y el 87 % a los 30 minutos.
El resumen publicado en PubMed confirma el patrón con la escala visual analógica. La mejora fue de 3,6 puntos tras la relación y de 3,2 con el espray, ambas con significación estadística. Durante 60 minutos, las dos intervenciones resultaron equivalentes. A las tres horas, la respiración había vuelto al nivel de partida tras el orgasmo, mientras seguía mejorada con el descongestionante.
El grado de congestión inicial marcó el resultado. Solo mejoraron quienes tenían obstrucción nasal, con una puntuación superior a 30 en el cuestionario NOSE, que evalúa los síntomas de obstrucción. Las personas con congestión leve apenas notaron cambios. Es lógico. Si la nariz ya respira bien, hay poco margen de mejora.
Por qué podría funcionar
La xilometazolina es un descongestionante que actúa sobre receptores adrenérgicos de los vasos sanguíneos de la mucosa nasal. Al contraerlos, disminuye el volumen de sangre en esos tejidos, la mucosa se deshincha y el aire circula con más facilidad.
El orgasmo activa de forma transitoria el sistema nervioso simpático, el mismo sistema que interviene en la respuesta al ejercicio. Esa activación podría producir una vasoconstricción parecida en la nariz. Es la hipótesis más razonable. El investigador principal, Olcay Bulut, apunta a que la combinación de excitación y esfuerzo físico contribuye a abrir las vías respiratorias.
Hay un dato adicional que encaja. La mejora del flujo nasal con el ejercicio depende de la intensidad más que de la duración. Eso sugiere que lo importante es llegar al clímax, y no el tiempo que dure la sesión. No obstante, el estudio no midió el mecanismo directamente. Se limitó a registrar el resultado, así que la explicación sigue siendo una hipótesis.
Las limitaciones que conviene recordar
Los propios autores reconocen varias. La primera es la dependencia de los datos aportados por los participantes. Las parejas registraron en casa tanto su valoración como sus mediciones, y el equipo no pudo comprobar que siguieran las instrucciones al pie de la letra. Bulut ha admitido además que algunas personas podían tener dificultades para concentrarse en el aparato justo después del orgasmo.
La segunda es el alcance. La prueba se hizo con congestión cotidiana. No se evaluó en resfriados intensos ni en infecciones graves de los senos paranasales.
La tercera es la ausencia de cegamiento. Nadie ignora si está teniendo una relación sexual o usando un espray. Y el orden fue siempre el mismo, con el fármaco al día siguiente.
Los autores proponen varias líneas futuras. Una es añadir grupos de comparación con masturbación y con relaciones sin orgasmo, para separar el efecto del clímax del de la actividad física. Otra es estudiar la influencia de distintas posturas. Si la actividad en solitario funcionara de forma similar, podría ser una alternativa natural a los descongestionantes, aunque eso todavía no se ha comprobado.
Reflexiones adicionales
Este trabajo ilustra cómo una pregunta curiosa puede producir datos útiles. Las cifras de flujo de aire son concretas, la comparación con un fármaco conocido es sensata y las conclusiones de los autores son prudentes.
Lo más honesto es verlo como un hallazgo interesante y no como una recomendación médica. El espray sigue siendo más potente y duradero, y es la opción adecuada cuando la congestión es intensa. Conviene recordar, además, que estos sprays no deben usarse más de unos pocos días seguidos, porque pueden provocar congestión de rebote.
Si la obstrucción persiste, aparece fiebre o hay dolor facial, lo recomendable es acudir a un profesional sanitario. Mientras tanto, el estudio queda como una buena muestra de que el cuerpo guarda mecanismos de alivio que todavía no hemos medido bien. Y sirve de recordatorio de que un titular de 2026 puede estar contando una investigación de 2021.
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