La escena de la moda digital lleva tiempo saturada de filtros de IA y contenido genérico pensado para el scroll rápido, así que cuando algo logra detener el dedo sobre la pantalla, merece atención. Eso es exactamente lo que ha conseguido Monamobile, un estudio berlinés fundado por Mona Gutheil y Maximilian Benz, con sus últimos experimentos de moda vestible: unos tacones de aguja con pantallas LED integradas capaces de mostrar texto en movimiento, seguidos poco después de unos pendientes de aro con la misma tecnología. Ambas piezas se volvieron virales en Instagram este mismo mes, y el fenómeno ha servido para recordar que la moda tecnológica no tiene por qué quedarse en el terreno de los gadgets deportivos o los relojes inteligentes. En este artículo repasamos quiénes son sus creadores, cómo han construido estas piezas y por qué su forma de entender la tecnología vestible resulta tan distinta a la que domina el mercado.
De la escuela de moda a la viralidad en Instagram
Gutheil y Benz se conocieron durante unas prácticas de posgrado que ambos prefieren no detallar, tras haber salido de sus respectivas escuelas de diseño en 2023. Gutheil se formó en la Universidad de las Artes de Berlín (UdK), donde se especializó en la vertiente más conceptual del diseño, mientras que Benz estudió en la Akademie Mode & Design de Berlín y aporta el conocimiento técnico necesario para que esas ideas conceptuales acaben funcionando de verdad. Esa combinación de perfiles explica bastante bien el tipo de piezas que salen del estudio: objetos que parten de un gadget de consumo reconocible y lo llevan a un terreno completamente distinto, jugando con la tensión entre función y disfunción, como ha explicado la propia Gutheil.
Antes de los tacones con pantalla, el dúo ya se había hecho notar con propuestas igual de provocadoras, como un cinturón de castidad para móvil, una colaboración con Samsung que incorporaba un palo selfie retráctil en el tacón, o unos zapatos sin talón que proyectan un foco de luz con el nombre de la marca. Monamobile no trabaja por temporadas ni colecciones al uso: en su lugar, se han impuesto un calendario propio de una pieza nueva al mes, lo que se traduce en doce diseños transestacionales al año, un ritmo de producción bastante inusual dentro de un sector acostumbrado a los lanzamientos masivos de las fashion weeks.
Cómo se construyen los tacones y los pendientes con pantalla
El proceso detrás de las Screen Heels y los Screen Earrings es donde el artículo se pone realmente técnico. Según ha detallado Gutheil, el equipo conectó pantallas LED flexibles y las programó para poder mostrar cualquier palabra, con distintos efectos de animación, controlada directamente desde el móvil. Después envolvieron esas pantallas en cuero perforado, alineando cada perforación con la matriz de LEDs de manera que cada punto de luz individual quedara visible a través del material. Solo para el prototipo, el equipo perforó a mano más de 1.200 agujeros, un trabajo manual tan intensivo que ya han decidido que la versión final se cortará con láser en lugar de repetir el proceso artesanal. El mayor reto de ingeniería, según la diseñadora, ha sido integrar el cableado de forma que la pieza siga siendo funcional sin dejar de ser ponible, un problema habitual en la electrónica textil cuando se intenta miniaturizar componentes rígidos dentro de superficies flexibles.
Las Screen Heels en concreto son un modelo de salón blanco de unos quince centímetros de tacón, con una tira de LEDs integrada que recorre el zapato mostrando texto desplazable, un formato que después se trasladó a un par de pendientes de aro con el mismo sistema electrónico. Este tipo de aproximación conecta con una corriente más amplia de diseño que combina artesanía tradicional y microelectrónica, algo que ya se venía explorando en la escena berlinesa con proyectos como los zapatos con GPS integrado en el tacón y pequeñas luces LED en las perforaciones tipo brogue, presentados en su día como parte de la agenda de innovación de la propia Berlin Fashion Week.
El producto que ha desatado la conversación: las Screen Heels
Si hay una pieza que resume el momento de Monamobile, esa es la propia Screen Heels. No se trata de un producto terminado y listo para la venta, sino de un prototipo pensado como prueba de concepto, algo que la propia marca ha dejado claro al hablar de él como un primer paso antes de una versión de producción más depurada. Lo interesante no es solo la parte visual, sino la manera en que convierte el zapato en una superficie de comunicación programable: el usuario puede cambiar el mensaje que aparece en la pantalla desde su propio teléfono, convirtiendo el calzado en algo parecido a un cartel digital portátil. Esto lo aleja bastante del wearable tradicional centrado en sensores de salud o notificaciones, y lo acerca más a la idea de la moda como medio expresivo en tiempo real, algo que también ha empezado a explorarse desde otros ángulos del sector, como las uñas con microchips NFC pensadas para almacenar información personal o realizar pagos sin contacto.
Gutheil ha sido bastante honesta sobre el fenómeno viral: reconoce que Instagram puede dar a marcas pequeñas una visibilidad que de otra forma sería imposible conseguir, pero también insiste en que la viralidad es pasajera, mientras que un producto bien pensado dura mucho más. Esa distinción parece guiar buena parte de la filosofía del estudio, que prioriza la coherencia conceptual de cada pieza por encima de perseguir el siguiente momento viral. De hecho, antes de este episodio con las pantallas LED, Monamobile ya había trabajado con marcas más establecidas del sector del calzado, como demuestra su colaboración con Scholl presentada durante la edición de enero de la Berlin Fashion Week, donde el estudio desarrolló una colección cápsula de calzado personalizable que buscaba equilibrar la viabilidad técnica con el atractivo comercial, según la cobertura de Keyi Magazine sobre esa colaboración.
Una marca que trabaja con la provocación como herramienta
Más allá de la electrónica, Monamobile tiene un historial de generar debate a través de piezas que juegan con la incomodidad. Uno de los ejemplos más claros es el llamado Barkin Bag, un bolso concebido como un pequeño experimento social que reproducía visualmente la idea de convertir a un perro en un accesorio de lujo. La pieza generó una reacción notable porque gran parte del público empatizó de inmediato con la imagen del perro, pero pasó por alto que el propio bolso estaba fabricado con piel de otro animal, una contradicción que era precisamente el punto de partida del proyecto. Una vez que el revuelo se calmó, quedó un objeto funcional, acolchado por dentro y abierto donde resulta necesario, pensado para el día a día compartido entre una persona y su mascota.
Ese tipo de trabajo conceptual explica por qué Gutheil describe la práctica del estudio con tres palabras muy concretas: movilidad, multifuncionalidad y modularidad. Son piezas que no buscan ser prácticas en el sentido convencional, sino que utilizan objetos de consumo reconocibles como punto de partida para cuestionar su propio propósito. La inspiración, según explica la diseñadora, viene precisamente de esos gadgets cotidianos que prometen una función y acaban quedando obsoletos tras apenas unos usos, un fenómeno bastante habitual en el sector de la electrónica de consumo y que aquí se recontextualiza como material de diseño.
Reflexión final
Lo que hace interesante el caso de Monamobile no es solo el resultado estético de sus piezas, sino el hecho de que estén demostrando que la moda tecnológica puede tener un discurso propio, alejado del enfoque puramente funcional que domina el mercado de wearables orientado a la salud y el fitness. Mientras gran parte de la industria sigue compitiendo por sensores más precisos y baterías más duraderas, este estudio berlinés apuesta por convertir la electrónica en un lenguaje expresivo, casi performático, sin renunciar por ello al rigor técnico que exige integrar pantallas LED flexibles en materiales tan poco dóciles como el cuero perforado. Habrá que ver si el salto de prototipo viral a producto comercializable llega a materializarse, pero de momento Monamobile ha conseguido algo que pocas marcas logran en un panorama saturado de contenido: que la gente se pare a mirar.
24