AudioQuest recupera una idea que lleva desde 2012 sobre la mesa: un convertidor digital-analógico con amplificador para auriculares del tamaño de un pendrive. El nuevo DragonFly Copper conserva la carcasa de su predecesor, el Cobalt, pero cambia el chip, mejora los componentes y promete el doble de potencia de salida que cualquier DragonFly anterior. Cuesta 229 libras o 250 dólares, menos que el Cobalt cuando salió al mercado. Se conecta por USB-A, incluye un adaptador a USB-C y funciona sin controladores en casi cualquier equipo. Tiene un límite claro: solo reproduce de forma nativa hasta 24 bits y 96 kHz. En este artículo repasamos qué aporta, cómo suena y a quién le conviene.
Un DAC que cabe en cualquier bolsillo
El DragonFly Copper (249 EUR) mide 12 x 19 x 57 mm y pesa 25 g. Por fuera es idéntico al Cobalt. Solo cambia el acabado cobrizo, que se llena de huellas con facilidad. Es un defecto menor en un aparato pensado para vivir enchufado al portátil.
En un extremo hay un conector USB-A. En el otro, una salida jack de 3,5 mm para auriculares con cable. No tiene botones, ni rueda de volumen, ni menús. El volumen se gestiona desde el sistema operativo. El único elemento visible es el logotipo de la libélula, que cambia de color según la frecuencia de muestreo. Se ve verde a 44,1 kHz, azul a 48 kHz, amarillo a 88,2 kHz y azul claro a 96 kHz. En reposo se ilumina en rojo.
La caja incluye el adaptador DragonTail, de USB-A a USB-C. Con él, el Copper se conecta también a móviles y a portátiles que solo tienen USB-C. Su mayor virtud es esa sencillez. Cualquier persona, sepa de audio o no, puede usarlo en diez segundos.
Qué cambia por dentro
La novedad principal es un chip ESS Sabre de 32 bits que integra la conversión y la amplificación. AudioQuest asegura que entrega el doble de potencia de salida que cualquier DragonFly anterior. A la vez, el consumo baja alrededor de un 25 %. Ese dato importa, porque el aparato se alimenta del propio puerto USB. Un puerto USB 2.0 solo suministra 5 V y 500 mA, es decir, un máximo de 2,5 W. En un móvil, además, cada vatio sale de la batería.
El fabricante también promete menos ruido y menos distorsión que en modelos previos. La carcasa chapada en cobre no es solo un adorno. Está diseñada para disipar mejor el ruido de radiofrecuencia. Según la reseña de AudioQuest DragonFly Copper publicada por What Hi-Fi?, la marca ha empleado también mejores componentes y materiales para mejorar el rendimiento. El resultado es un aparato más eficiente sin cambiar de tamaño.
El límite de 24 bits y 96 kHz
Aquí está el punto más discutido. El Copper acepta archivos de 24 bits y 192 kHz, pero los reduce a 96 kHz antes de convertirlos. Para entender por qué, conviene repasar qué es la audio de alta resolución y cómo se organiza. Un flujo estéreo a 24 bits y 96 kHz mueve 4,6 Mbit/s de datos de audio. Es 3,3 veces más que un CD, que ronda los 1,41 Mbit/s. A 192 kHz la cifra sube a 9,2 Mbit/s, muy cerca del techo de 12 Mbit/s del USB 1.1.
AudioQuest se apoya en la clase de audio USB 1, la más básica del estándar. Su ventaja es la compatibilidad. Funciona sin instalar controladores en Windows, macOS, Linux, iOS y Android, sea el equipo nuevo o antiguo. Para el fabricante, esa garantía pesaba más que un número más alto en la ficha.
Hay una segunda razón, técnica también. Según la marca, al subir la frecuencia de muestreo aumenta el ruido. En un dispositivo tan pequeño no se pueden separar las secciones digital y analógica ni blindarlas como en un DAC de sobremesa. AudioQuest prefirió renunciar a la cifra antes que aceptar una pérdida de calidad. Quien tenga una biblioteca llena de archivos DSD o de 192 kHz nativos deberá buscar otra opción. Para el resto, el streaming en calidad CD y buena parte de las descargas en alta resolución encajan sin problemas.
Cómo suena
Los probadores lo conectaron a un portátil Lenovo con Windows y a un MacBook Pro con el reproductor Audirvana. Usaron archivos FLAC de alta resolución, WAV extraídos de CD, algunos MP3 y listas de Tidal. Los auriculares fueron los Beyerdynamic 990 Pro X, los Grado SR325x, los Shure SRH1540 y los Sennheiser HD 600.
La mejora frente a enchufar los auriculares directamente al portátil es inmediata. Cada tema gana potencia y dinamismo. Los instrumentos ocupan un escenario más amplio y mejor definido. Aparecen capas de detalle y textura que antes se perdían. Los graves llegan tensos y con pegada, sin perder el ritmo. Las voces suenan con más cuerpo.
Frente a los DragonFly anteriores, el Copper suena más limpio y con menos ruido de fondo. Ese fondo más oscuro deja oír matices y pasa mejor de los pasajes suaves a los fuertes. Tampoco maquilla las grabaciones malas. Un disco estridente sigue sonando estridente, pero sin volverse duro. Comparado con el Cobalt, el Copper es más nítido y puntual, con un bajo más apretado. El Cobalt suena algo más lleno y más difuso.
Con un iPhone 16 o un Samsung Galaxy S24 el resultado también es bueno. Sin embargo, al depender de la energía del móvil, suena menos potente y menos sutil que con un portátil. Los auriculares conviene elegirlos con cuidado. El Copper mueve incluso modelos de gama alta y deja notar el carácter de cada uno. La publicación le da un 5 sobre 5 en sonido, un 5 en construcción y un 3 en prestaciones, por el techo de 96 kHz.
Frente a la competencia
El precio de 229 libras o 250 dólares es inferior al del Cobalt en 2019, que costaba 269 libras o 300 dólares. Con los años, el Cobalt llegó a rondar las 179 libras o 200 dólares antes de retirarse. Por debajo hay alternativas muy competentes, como el iFi Go Link Max, a 79 libras o 79 dólares, y el iFi hip-dac 3, a 199 libras o 199 dólares.
Por encima está el Chord Mojo 2, con un precio de 395 libras o 650 dólares. Su análisis en What Hi-Fi? lo presenta como la opción a la que recurrir si el presupuesto lo permite. Es un equipo mayor, con batería propia. El Copper juega en otra liga. No lleva batería ni botones, y su propuesta es no estorbar. Se queda enchufado y se olvida.
Reflexiones adicionales
El DragonFly Copper demuestra que un buen DAC no necesita ser grande ni complicado. Su fórmula es sencilla: un chip mejor, menos consumo y una compatibilidad casi universal. Resuelve un problema real, porque las salidas de auriculares de muchos portátiles siguen siendo mediocres.
El límite de 96 kHz es una decisión de diseño, no un descuido. Puede molestar a quien colecciona archivos de resolución extrema. Aun así, la mayoría de los usuarios de escritorio no notará esa carencia. Lo que sí notará es la mejora de sonido con unos auriculares con cable.
También conviene mantener la cabeza fría. Los datos de potencia y consumo proceden del fabricante y de las pruebas de la publicación británica. Antes de comprarlo, lo prudente es comprobar que sus auriculares se llevan bien con un equipo alimentado por USB. Con unos auriculares de baja impedancia el Copper debería lucirse. Con modelos muy exigentes, un DAC de sobremesa seguirá teniendo sentido.
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