El nuevo sistema de control fronterizo de la Unión Europea, conocido como EES (Entry/Exit System), ha sustituido el tradicional sellado manual de pasaportes por un registro biométrico digital para los ciudadanos de terceros países. Desde su implantación plena el pasado mes de abril, aeropuertos de toda la zona Schengen están reportando esperas de hasta tres horas, vuelos perdidos y una considerable confusión tanto entre viajeros como entre los propios agentes fronterizos. Lo que en teoría debía agilizar y hacer más seguro el paso por frontera se ha convertido, en la práctica, en una de las mayores fuentes de quejas del sector turístico europeo en lo que va de año. Aerolíneas, gestores aeroportuarios y asociaciones del sector aéreo llevan meses advirtiendo de que el ritmo de despliegue no era compatible con los volúmenes de tráfico de temporada alta, y los hechos parecen darles la razón.

Qué es exactamente el EES y por qué se ha implantado

El Entry/Exit System es el mecanismo con el que la Unión Europea registra electrónicamente las entradas, salidas y denegaciones de acceso de los ciudadanos no comunitarios que viajan a la zona Schengen por estancias cortas, de hasta 90 días dentro de un periodo de 180. El sistema arrancó de forma progresiva el 12 de octubre de 2025 y alcanzó su despliegue completo el 10 de abril de 2026, afectando a los 29 países que forman parte del espacio de libre circulación. A diferencia del sello de tinta que durante décadas ha marcado los pasaportes en cada cruce fronterizo, el EES almacena una imagen facial y las huellas dactilares del viajero, vinculadas a sus datos de pasaporte, con el objetivo declarado de dificultar la falsificación de documentos y detectar con mayor precisión a quienes superan el tiempo de estancia permitido. Según recoge un análisis publicado en Thrifty Traveler, el sistema afecta a viajeros de países como Estados Unidos o Reino Unido, que hasta ahora se beneficiaban de un trámite prácticamente automático al cruzar la frontera exterior de Schengen.

Desde el punto de vista técnico, el proceso de enrolamiento biométrico añade varios pasos que antes no existían: captura de una fotografía facial, toma de hasta cuatro huellas dactilares y verificación cruzada contra las bases de datos de la Unión, un procedimiento que, según Airports Council International, ha llegado a incrementar los tiempos de procesamiento en un 70 % en algunos puntos de control. La primera vez que un viajero pasa por el sistema, el registro completo puede alargarse varios minutos por persona, un tiempo que se reduce en visitas posteriores gracias a que los datos biométricos quedan almacenados durante un periodo determinado. El problema es que, durante la fase inicial, prácticamente todos los pasajeros no comunitarios que llegan a un aeropuerto europeo son primeros registros, lo que multiplica el cuello de botella en las horas punta.

Colas de tres horas, vuelos perdidos y gestos técnicos por resolver

El impacto más visible del nuevo sistema son las colas. Según ha recogido la BBC y reproducido medios de viajes, se han documentado esperas de hasta tres horas en aeropuertos de gran tráfico, y en algunos puntos especialmente saturados del sur de Europa las demoras se han acercado a las cinco horas en momentos puntuales. Estos retrasos han tenido consecuencias muy concretas: más de un centenar de pasajeros de un vuelo de EasyJet entre Milán y Mánchester no lograron embarcar tras quedar atrapados en el control de pasaportes, y una situación similar afectó a una treintena de viajeros de un vuelo de Ryanair en la misma ruta. Muchos de esos pasajeros tuvieron que asumir de su bolsillo el coste de reprogramar billetes y buscar alojamiento de última hora.

El despliegue tampoco ha sido uniforme entre países. En España, fallos técnicos en el aeropuerto de Gran Canaria provocaron el bloqueo repetido de las puertas automáticas vinculadas al EES a finales de diciembre y principios de enero, obligando al personal a volver temporalmente al sellado manual de pasaportes. En Portugal, el aeropuerto de Lisboa llegó a suspender el uso del sistema en diciembre de 2025 ante la magnitud de las demoras, y semanas después se desplegaron allí varias decenas de agentes de la Guardia Nacional Republicana como refuerzo. En Francia, las puertas automáticas Parafe, que dependen del reconocimiento facial, seguían sin ser compatibles con pasaportes británicos y estadounidenses meses después del arranque del sistema, según explicó a la publicación The Connexion un responsable de la Unión de Aeropuertos Franceses. Estos episodios ilustran que no se trata únicamente de un problema de volumen de pasajeros, sino también de infraestructura desigual entre terminales y de una integración de software todavía inmadura en varios puntos de la red aeroportuaria europea.

Ante esta situación, ACI Europe, la asociación que agrupa a los principales gestores aeroportuarios del continente, ha reclamado una revisión urgente del calendario de implantación. Su director general, Olivier Jankovec, ha señalado que las molestias para los viajeros ya son significativas incluso con el umbral de registro de ciudadanos de terceros países fijado únicamente en el 10 %, lo que anticipa que la situación podría agravarse a medida que ese porcentaje aumente. La Comisión Europea, por su parte, ha mantenido su calendario pese a las peticiones de aplazamiento formuladas por la Asociación Internacional de Transporte Aéreo, aunque sí ha confirmado que existe la posibilidad de suspender temporalmente los controles biométricos en periodos de máxima afluencia, una medida ya prevista en el marco legal del propio sistema y pensada precisamente para evitar colapsos como los registrados en los últimos meses.

El sistema, protagonista de una transición que se retrasa en cadena

El propio EES es, en última instancia, el elemento central de todo este proceso de modernización fronteriza, y su funcionamiento condiciona directamente el calendario de otras iniciativas relacionadas. La más relevante es ETIAS, la autorización electrónica de viaje que la Unión Europea prevé exigir a los ciudadanos exentos de visado, con un coste aproximado de siete euros para la mayoría de los adultos y una validez de tres años o hasta la caducidad del pasaporte. ETIAS iba a lanzarse originalmente en 2025, después se pospuso a finales de 2026 y, según ha informado un artículo de Forbes, fuentes del sector consideran que abril de 2027 es la fecha más realista de puesta en marcha, precisamente por los problemas técnicos y el despliegue lento que sigue arrastrando el EES. La agencia responsable de coordinar ambos sistemas, eu-LISA, ha reconocido ante el Financial Times que los fallos técnicos detectados hacen inviable cumplir con los plazos inicialmente previstos.

Lo llamativo del caso del EES es que combina una arquitectura tecnológica relativamente sencilla en su concepto —una base de datos centralizada con verificación biométrica en el punto de acceso— con una enorme complejidad operativa derivada de tener que sincronizar miles de puestos fronterizos en 29 países distintos, cada uno con su propio nivel de digitalización previa. La coordinación entre las agencias nacionales de fronteras, la Comisión Europea y los operadores aeroportuarios ha resultado ser, en la práctica, el verdadero cuello de botella del proyecto, más que las propias huellas dactilares o el reconocimiento facial. Con una revisión del calendario prevista para el 6 de septiembre, según recoge un reportaje de IBTimes UK, todo apunta a que la Unión Europea tendrá que introducir ajustes adicionales en el sistema antes de que termine el año, especialmente de cara a la temporada de vacaciones de invierno.

Reflexiones finales

Lo que está ocurriendo con el EES es un recordatorio de que digitalizar un proceso no equivale automáticamente a hacerlo más ágil, al menos no en su fase inicial. La promesa a medio plazo —fronteras más seguras, menos margen para el fraude documental y, eventualmente, pasos fronterizos más rápidos para viajeros recurrentes gracias a los datos ya almacenados— parece razonable sobre el papel. Pero el desfase entre esa promesa y la experiencia real de miles de pasajeros que han perdido vuelos o han hecho cola durante horas plantea una pregunta más de fondo sobre cómo se gestionan este tipo de transiciones a gran escala en infraestructuras críticas. La Unión Europea tiene ahora la oportunidad de corregir el rumbo antes de que el sistema alcance su madurez operativa, pero el margen de maniobra se estrecha a medida que se acerca la temporada alta de otoño e invierno, cuando el volumen de viajeros no comunitarios suele repuntar de forma notable.

16
Suscribirse
Notificación
2 Comments
Oscar
Oscar
2 horas antes

Aquí no existirán esos problemes, con la facilidad para los idiomas que tiene la emerética civís… quiá!

2
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x