El Tuya ZG-109TDS es un sensor Zigbee que reúne en una sola pieza el análisis básico del agua y la lectura del ambiente. Su sonda, con un metro de cable, mide sólidos disueltos, conductividad eléctrica, salinidad, gravedad específica y temperatura del agua. El cuerpo principal añade temperatura y humedad del aire. Funciona con dos pilas AAA y, de momento, solo se integra en Home Assistant mediante Zigbee2MQTT. Las pruebas publicadas por SmartHomeScene muestran lecturas coherentes en agua embotellada y del grifo. También muestran desviaciones en agua destilada y una saturación total con agua muy salada. Repasamos qué ofrece, cómo se comporta y en qué casos tiene sentido comprarlo.

Qué es y qué mide

El ZG-109TDS (35 EUR) es un dispositivo de marca blanca del ecosistema Tuya. Se vende con nombres distintos, como Gleco o Excellux, y en Zigbee2MQTT aparece con el fabricante Excellux. Hay tres variantes y conviene no confundirlas. La primera es un simple medidor de temperatura y humedad con sonda térmica. La segunda es una versión de 6 en 1 que añade sólidos disueltos totales (TDS), conductividad eléctrica (EC), salinidad y temperatura del agua. La tercera, la de 7 en 1, suma además la gravedad específica (SG).

Esta última es la que analizó el sitio SmartHomeScene en su revisión en la que comenta que por ahora solo disponible en AliExpress. No hay distribuidores claros en Europa ni en Estados Unidos.

La caja incluye el sensor, la sonda, una pegatina adhesiva, un soporte de goma para acuarios o depósitos y una pieza en T para tuberías de conexión rápida. Esa pieza permite medir el agua en circulación y no solo en un vaso.

Por dentro: un hardware muy sencillo

El cuerpo se abre sin adhesivos. Dentro hay un compartimento para las dos pilas y una única placa, marcada como ZSSF-NTDS-10 V1.1. La sonda va soldada directamente a ella. El análisis califica la soldadura de mejorable, aunque considera el conjunto bien construido.

El cerebro es un Telink TLSR8251, un chip que combina radio Zigbee, radio Bluetooth LE y un pequeño núcleo de procesamiento.Junto a él hay un Sensirion SHTC3, el sensor de temperatura y humedad ambiente. Este componente va separado de la sonda. Por eso el dispositivo ofrece dos temperaturas independientes: la del aire, dentro de la carcasa, y la del agua, en la punta del cable.

Integración con Home Assistant

El sensor solo funciona de serie con Zigbee2MQTT. Quien use ZHA tendrá que crear un adaptador personalizado, lo que en el entorno se conoce como quirk. En las pruebas se emparejó con un coordinador SMLight SLZB-06MG24 y apareció al instante. Completó la entrevista automática sin necesidad de convertidores externos.

El intervalo de muestreo viene fijado en 600 segundos. Se puede ajustar entre 5 y 1200 segundos desde la pestaña de entidades expuestas. Como el cambio se aplica en el firmware, alargar el intervalo reduce el consumo y prolonga la vida de las pilas.

Además de las siete mediciones, Zigbee2MQTT expone el nivel de batería y la calidad del enlace. También ofrece un selector de modo, desajustes de calibración para temperaturas y humedad, y umbrales de aviso altos y bajos. El selector de modo, entre agua dulce y agua marina, hay que cambiarlo a mano. El sensor no detecta por sí solo el tipo de agua.

Los datos técnicos que importan

Las especificaciones son claras. El TDS cubre de 0 a 13 000 ppm con un error de ±2 % del fondo de escala. La conductividad llega a 20 000 µS/cm con la misma tolerancia. La salinidad se mueve entre 0,1 ‰ y 50 ‰. La gravedad específica abarca de 1,000 a 1,050 con un margen de ±0,001.

Un error del 2 % sobre el fondo de escala equivale a unos ±260 ppm en TDS y a unos ±400 µS/cm en conductividad. Es un dato de nuestro cálculo, no del fabricante. Significa que el sensor está pensado para distinguir aguas muy distintas entre sí, no para afinar diferencias de pocas decenas de unidades.

Conviene recordar la relación entre las dos magnitudes. La conductividad es la medida eléctrica directa. El TDS es una estimación calculada a partir de ella. En el agua del grifo medida en la reseña, unos 94 a 97 ppm correspondían a 189 a 194 µS/cm, una proporción cercana a 0,5.

Qué dicen las pruebas

El análisis original usó cuatro vasos de 200 ml con agua destilada, embotellada, del grifo y salada. En la destilada, el sensor marcó entre 10 y 11 ppm de TDS y entre 19 y 21 µS/cm de conductividad. La etiqueta de la botella declaraba menos de 5,3 µS/cm, así que el sensor se quedó unas cuatro veces por encima. La lectura fue baja y repetible, lo bastante útil para saber si un depósito contiene agua casi pura.

La embotellada ofrecía mejores referencias. Su residuo seco declarado era de 53,0 mg/L, equivalente a 53 ppm. El sensor marcó entre 48 y 51 ppm, una coincidencia notable. En conductividad, la etiqueta indicaba unos 80 µS/cm y el sensor leyó entre 97 y 102 µS/cm, alrededor de un 20 % más. Sobre una escala de 20 000 µS/cm, esa diferencia es modesta.

La prueba con agua salada fue la más reveladora. Se disolvieron 5 g de sal en 200 ml de agua destilada, lo que teóricamente da entre 25 y 30 ‰. El sensor llegó a 13 000 ppm de TDS y 20 000 µS/cm de forma inmediata, sin importar el modo elegido. La salinidad alcanzó el máximo de 50 ‰ en unos dos minutos. La gravedad específica empezó en 1,035 y siguió subiendo sin estabilizarse. Solo se obtuvo una lectura plausible tras diluir la mezcla con cerca de un kilo de agua destilada. El sensor se satura con facilidad y, cuando lo hace, avisa de que la disolución es demasiado concentrada para fiarse de él.

Para qué sirve de verdad

Su mejor baza es la medición continua. Gracias a la pieza en T, se puede instalar en línea para vigilar un filtro doméstico, una instalación de ósmosis inversa o la salida de un calentador. Un TDS que sube de forma sostenida delata un filtro agotado o una membrana con fugas. En un jacuzzi, indica cuándo toca cambiar el agua. En hidroponía, la conductividad permite seguir la concentración de nutrientes en el depósito.

El autor de la reseña reconoce que no es experto en acuarismo. Aun así, advierte de que no sustituye a un refractómetro en un acuario marino, donde la salinidad debe mantenerse dentro de un margen estrecho. Las sondas de este tipo también se desvían con el tiempo. El fabricante permite ajustar la temperatura de la sonda en el firmware, algo importante porque alimenta el cálculo de EC, TDS y SG. Para la deriva de las demás magnitudes, la solución propuesta es crear sensores de plantilla con desajuste en Home Assistant.

Reflexiones adicionales

El ZG-109TDS no pretende ser un instrumento de laboratorio y no hace falta que lo sea. Por su precio y su integración local, cumple en seguimiento doméstico, donde importa más la tendencia que el valor absoluto. Un dato estable hoy sirve de referencia para detectar cambios mañana.

También hay límites claros. La falta de distribución oficial en Europa complica la compra y la garantía. La ausencia de soporte nativo en ZHA deja fuera a una parte de los usuarios. Y la calibración de fábrica parece mejorable, sobre todo en conductividad. Con esas reservas, es un buen ejemplo de cómo un chip Zigbee barato y una sonda sencilla pueden convertir el agua de casa en un dato más del panel domótico.

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