El VZMORE AX9 Max es un mini PC de aluminio plateado que cabe en cualquier escritorio y presume de algo poco habitual en este tamaño: ejecuta modelos de lenguaje de decenas de miles de millones de parámetros sin tarjeta gráfica dedicada. Monta un Ryzen AI 9 HX 470, 32 GB de RAM y un SSD de 1 TB, todo ello refrigerado por una cámara de vapor. Según el análisis que ha publicado Yanko Design, mantiene el rendimiento en cargas largas, mueve juegos a 1080p con soltura y ofrece conectividad generosa. Tiene dos puntos débiles claros. El ventilador se oye cuando la máquina trabaja a fondo y todos los puertos USB-C están en la parte trasera. Con un precio de 1.499 dólares, se sitúa en la gama alta de los equipos compactos. Repasamos su diseño, su refrigeración, su comportamiento con la inteligencia artificial local y las razones por las que puede encajar en un puesto de trabajo creativo.
Un diseño sobrio con un guiño al motor
La carcasa es de aluminio, con esquinas redondeadas y base cuadrada. Recuerda al Mac mini, aunque aquí la caja es algo más alta y robusta. Mide unos 13,5 x 13,2 x 5,8 cm y pesa alrededor de 780 g. Se traslada de una mesa a otra sin esfuerzo.
La única licencia estética es un emblema en forma de escudo en la tapa superior. Parece sacado de un coche de gama alta. El resto del equipo es discreto, con una base oscura y rejillas de ventilación que no pretenden ser decoración. Encaja igual en un despacho que junto a una pantalla del salón.
Incluye soporte VESA y tornillos, de modo que puede quedar oculto tras un monitor compatible. Eso sí, la fuente de alimentación sigue siendo externa y necesita su sitio. Conviene además dejar espacio libre alrededor. La entrada de aire está en la base y la salida en la parte posterior, así que no es un equipo para esconder sobre un tejido ni en un rincón cerrado.
Conectividad y ergonomía
El frontal reúne cuatro puertos USB-A, una toma para auriculares y el botón de encendido. En un lateral hay un lector de tarjetas SD, útil para quien vuelca fotografías con frecuencia. La parte trasera aloja dos puertos USB4 de 40 Gbps y dos conexiones Ethernet de 2,5 GbE.
Dos redes de 2,5 GbE permiten, por ejemplo, separar el tráfico de un NAS del tráfico general. Es un detalle que agradece quien monta un pequeño taller doméstico. El inconveniente es que los USB-C quedan atrás. Cada vez que se conecta un disco portátil toca estirar el brazo, y un puerto USB-C frontal habría resuelto el problema.
Cámara de vapor: cómo se refrigera
El procesador Ryzen AI 9 HX 470 ofrece 12 núcleos, 24 hilos y una frecuencia máxima de 5,2 GHz. La gráfica integrada Radeon 890M cuenta con 16 unidades de cálculo. La memoria es DDR5 y el almacenamiento usa PCIe 4.0. Es mucho hardware para una caja tan pequeña, y todo depende de cómo se evacue el calor.
Aquí entra la cámara de vapor. Es una lámina sellada con un fluido en su interior. El fluido se evapora junto a la zona caliente, viaja por la cámara y se condensa en las áreas frías. Es una variante plana del tubo de calor, un principio que resume bien la entrada sobre heat pipes de Wikipedia. Reparte el calor concentrado del procesador por toda la superficie del disipador. A partir de ahí, las aletas y el ventilador lo expulsan.
En las pruebas con tareas pesadas prolongadas no se observó una caída sostenida del rendimiento. El ventilador se oye con claridad, aunque no resulta excesivamente ruidoso. Es una compensación razonable. Para sesiones largas, un rendimiento estable pesa más que un silencio absoluto.
El fabricante ofrece además tres perfiles de potencia, de 45 W, 54 W y 65 W. Quien prefiera un equipo más callado puede elegir el perfil bajo en las tareas ligeras. El de 65 W queda reservado para cuando de verdad hace falta.
IA local sin tarjeta gráfica dedicada
Este es el punto más interesante del equipo. Hasta 24 GB de la memoria del sistema pueden asignarse a la parte gráfica. Con esa configuración, un modelo Qwen de 27.000 millones de parámetros con cuantización Q4 generó unos 16 tokens por segundo en las pruebas de Yanko Design.
La cuantización guarda los pesos del modelo con menor precisión para reducir la memoria necesaria. Como cálculo orientativo nuestro, 27.000 millones de parámetros a 4 bits son unos 13,5 GB solo en pesos, sin contar el contexto. Eso explica por qué el reparto de memoria es tan relevante.
Un modelo menor, de 9.000 millones de parámetros, llegó a unos 22 tokens por segundo en Q4. En ese caso se activó la predicción multitoken, se asignaron 16 GB a la gráfica y se configuró una ventana de contexto de 32.000 tokens. Son resultados de una configuración concreta, no una garantía general.
Hay que recordar que la memoria asignada a la gráfica sale del mismo bloque que usa el resto del sistema. Cuanta más reservemos para el modelo, menos quedará para el navegador, el editor de vídeo o cualquier otra aplicación. Para quien quiera probar modelos en local, el proyecto llama.cpp es un buen punto de partida.
Pantallas, juegos y precio
En las pruebas con monitores de 5K y 6K, la conexión USB-C con DisplayPort funcionó sin problemas. Con HDMI, las mismas pantallas parpadearon y la imagen llegó a desaparecer. Los autores no determinaron la causa, así que no puede hablarse de un fallo general del HDMI. Con los monitores probados, el USB-C fue la opción fiable.
En juegos, Fortnite se movió en torno a 80 fotogramas por segundo a 1080p. A 1440p la experiencia siguió siendo muy jugable. A 4K, en cambio, la tasa cayó en ocasiones a una sola cifra. El juego es un extra agradable, siempre con resoluciones sensatas.
La configuración analizada cuesta 1.499 dólares. Es un precio propio de un mini PC premium, y solo compensa si se aprovechan a la vez la refrigeración, la IA local, la conectividad y el tamaño. Para una oficina convencional resulta excesivo. Para quien necesita un equipo compacto de IA y creación de contenido, tiene sentido.
La memoria SO-DIMM es sustituible y hay dos ranuras M.2 internas, una de 2280 y otra de 2230, por lo que cada unidad debe ser del formato adecuado. La garantía limitada es de tres años para las compras en la web oficial. Que se pueda ampliar no significa que todas las piezas sean igual de reparables.
Reflexiones adicionales
Lo más llamativo del AX9 Max es la distancia entre su aspecto y lo que puede hacer. Por fuera es una caja plateada más. Por dentro ejecuta modelos de lenguaje de tamaño considerable sin necesidad de una gráfica independiente. Ese enfoque encaja con una tendencia clara: mover parte de la inteligencia artificial del servicio en la nube al equipo propio, con mayor control sobre los datos.
También conviene mantener los pies en el suelo. Los resultados citados proceden de una única configuración. Los 16 tokens por segundo del modelo grande son suficientes para conversar, pero no para tareas muy exigentes. Y el rendimiento gráfico integrado impone límites en la edición de vídeo avanzada y en las escenas 3D pesadas.
Quien trabaje con NAS, domótica o proyectos de bricolaje electrónico puede ver aquí un servidor doméstico compacto con doble red de 2,5 GbE. No es lo que pretende ser el equipo, pero es una lectura razonable de sus capacidades.
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