Los mosquitos ya no son solo una molestia de verano. El aumento de las temperaturas, los cambios en las lluvias y los viajes internacionales están moviendo los límites de las zonas donde pueden vivir. Con ellos se desplazan enfermedades como el dengue. Una empresa emergente de Pensilvania, Mosqitter, propone un enfoque distinto al de los insecticidas. Sus dispositivos atraen y capturan hembras sin usar productos químicos. Ahora la compañía quiere que esas trampas hagan algo más: identificar la especie capturada, contar poblaciones y avisar antes de que crezca el riesgo sanitario. Para ello combina visión artificial, expertos en entomología y datos ambientales. La empresa presentó el proyecto en la competición Startup Battlefield de TechCrunch, en San Francisco. En este artículo repasamos cómo funcionan sus trampas, cómo usa la inteligencia artificial, qué es su sistema Febris y qué cifras maneja. También valoramos las dudas razonables que plantea una red de vigilancia de insectos y si el modelo de negocio resulta creíble.

Un problema que crece

Los datos sanitarios explican por qué interesa este campo. Según la ficha de la Organización Mundial de la Salud sobre el dengue,  los casos notificados en el mundo pasaron de 6,5 millones en 2023 a un récord de 14,6 millones en 2024. Es más del doble en solo un año.

Ese salto se debe a varios factores a la vez. El clima más cálido favorece la cría de mosquitos y amplía su temporada. Los viajes llevan insectos y virus de una región a otra. Y buena parte del control sigue dependiendo de productos químicos, con efectos discutibles sobre el entorno.

Mosqitter parte de esa idea. Matar mosquitos sirve de poco si no sabes cuántos hay, de qué especie son y hacia dónde se mueven. La información llega tarde y a menudo es incompleta.

Cómo atrapa la trampa a una hembra

El diseño se basa en la biología del insecto. Solo las hembras pican, porque necesitan sangre antes de poner huevos. Cada ciclo dura unas tres semanas y suelen depositar entre 100 y 200 huevos cada vez. Capturar a una hembra antes de la puesta evita, en teoría, que la población crezca.

Para atraerla, el aparato imita las señales humanas. Emite calor parecido al de la piel, un olor que recuerda al sudor y luz. El modelo más completo añade dióxido de carbono para simular la respiración. No usa insecticida, y esa es su principal baza frente a otras soluciones.

La empresa nació en Ucrania, donde empezó su investigación en 2019. Inició la actividad comercial en 2021. Hoy cuenta con unos 30 empleados y más de 5.000 dispositivos repartidos por cinco continentes. En 2022, cuando TechCrunch habló de ella por primera vez, eran poco más de 250. Eso significa multiplicar la red por unas veinte en cuatro años.

Los productos: Grand, Mini y Febris

Mosqitter ofrece dos aparatos. El Grand es el modelo profesional, pensado para espacios amplios y zonas públicas, y cuesta 1999 dólares. El Mini está dirigido a espacios residenciales pequeños y puede servir también como equipo portátil de seguimiento. Cuesta 199 dólares y se vende directamente a particulares en Estados Unidos, tanto en su web como en Amazon.

La novedad llegará el mes que viene con Febris, un sistema de monitorización que añade una capa de datos sobre las poblaciones de mosquitos. Va dirigido a clientes institucionales: gobiernos, agencias de salud pública y de control de plagas, aeropuertos, ayuntamientos y universidades.

Un matiz importante. Febris no diagnostica enfermedades. Su responsable, Anastasiia Romanova, lo dice con claridad: el sistema no puede afirmar que un mosquito concreto transmita dengue. Solo indica que una especie está presente y que, por tanto, aumenta el riesgo potencial de las enfermedades que esa especie puede transmitir.

La inteligencia artificial por dentro

La parte técnica merece atención. Cada captura se analiza con un sistema de visión artificial que estudia rasgos biológicos del insecto para distinguir especies. El proceso tiene tres pasos de verificación.

Primero, una red neuronal procesa la imagen y propone una especie. Segundo, el resultado se compara con conjuntos de datos externos. Tercero, entomólogos humanos validan el hallazgo. Después, el sistema calcula una puntuación de confianza según el grado de coincidencia entre esas tres evaluaciones. Romanova lo explica como tres jueces que estudian un caso y emiten un veredicto.

Este diseño tiene ventajas. Reduce el riesgo de que un error de la red pase sin control y permite medir cuánta fe merece cada identificación. Además, la validación humana ayuda a mejorar el modelo con el tiempo.

A esa información se suman datos de tiempo atmosférico, viento y humedad. La idea es que, con más datos acumulados, el sistema pueda prever cambios en las poblaciones y riesgos para la salud. De momento es un objetivo, no una función demostrada.

El negocio y sus números

La empresa busca socios comerciales en todo el mundo, sobre todo distribuidores con acceso a gobiernos y comercios. Ha montado producción y ventas locales en Brasil, un país con una carga muy alta de dengue. También considera mercados clave Estados Unidos, Grecia, India, Ucrania y Nigeria, con estrategias distintas en cada uno. En Grecia, por ejemplo, trabaja con una compañía veterana de control de plagas.

Hay un ejemplo llamativo en el Reino Unido. Mosqitter colabora con la Agencia de Seguridad Sanitaria británica para instalar Febris en lugares como los aeropuertos de Heathrow y Gatwick. Tiene lógica, porque los viajeros pueden traer mosquitos y enfermedades de otras regiones.

En cifras, la compañía prevé superar el millón de dólares de ingresos en 2026. El dinero procede de la venta de equipos, y Febris añadiría ingresos recurrentes por monitorización, paneles y análisis. Según la empresa, el negocio de datos podría superar los 3,5 millones el año próximo, a partir de los contratos a los que opta. Son proyecciones, no ingresos confirmados.

Para financiarse, prepara una ronda de 5 millones de dólares en dos fases: primero 1 millón y luego 4 millones, ligados a hitos de Febris. Hasta ahora ha recaudado 1,9 millones.

Reflexiones adicionales

La propuesta tiene sentido. La vigilancia de mosquitos suele ser lenta y cara, con trampas revisadas a mano y muestras enviadas a laboratorios. Automatizar la identificación puede acelerar mucho la respuesta de las autoridades.

Aun así, conviene mantener cierta prudencia. Una red de 5.000 dispositivos es útil, pero está lejos de cubrir un país entero. La calidad de las predicciones dependerá de cuántos datos recoja y de dónde. Además, las cifras de ingresos futuros son estimaciones de la propia empresa, y el negocio institucional depende de contratos públicos, que son lentos.

También cabe preguntarse por la fiabilidad de la identificación. La puntuación de confianza es un buen paso, pero habrá que ver resultados publicados con tasas de acierto por especie. Sin ese dato, es difícil comparar el sistema con otros métodos.

Por último, el enfoque es sensato desde el punto de vista ambiental. Capturar sin química evita parte de los daños de los insecticidas. Si la parte de datos cumple lo prometido, podría ser una herramienta útil para la salud pública. Falta comprobarlo con el tiempo y con resultados medibles.l

551
Suscribirse
Notificación
0 Comments
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x