Apple lleva años dejando caer indirectas sobre un dispositivo sin pantalla, pero ahora la cosa empieza a tomar forma real. Según ha trascendido, la compañía de Cupertino está desarrollando internamente un prototipo de pulsera de fitness pensada para competir directamente con el Whoop 5.0 y el recién estrenado Fitbit Air de Google. Lo llamativo del asunto no es solo la existencia del prototipo, sino el momento en que llega: justo cuando el propio Apple Watch está incorporando funciones de inteligencia artificial que muchos usuarios ven con recelo. Analizamos qué se sabe hasta ahora, por qué tiene sentido dentro de la estrategia de Apple y qué papel podría jugar un accesorio deliberadamente «tonto» en un catálogo cada vez más inteligente.

Un proyecto que aún está lejos de ser un producto

Conviene rebajar expectativas desde el principio. La fase actual se describe internamente como una «investigación tecnológica», una etiqueta que en la jerga de Apple suele significar que el proyecto podría no ver la luz nunca, o hacerlo pasados varios años. Si finalmente cuaja, no llegaría a tiendas antes de 2028. El diseño que se maneja ahora mismo consiste en una banda de tela con un módulo de sensores para monitorización de salud, sin pantalla para aplicaciones, notificaciones ni control de música, es decir, la misma filosofía «screenless» que ha convertido a Whoop en un fenómeno entre deportistas de élite. Pese a la incertidumbre, el proyecto cuenta con respaldo de peso dentro de la compañía: Eddy Cue, vicepresidente sénior de Servicios y Salud, y Tim Cook, ahora presidente ejecutivo tras el relevo de John Ternus como CEO, están empujando la idea con fuerza.

Por qué ahora tiene sentido para Apple

El contexto de mercado ayuda a entender la jugada. El sector de los wearables de fitness rondaba los 52.000 millones de dólares en 2025 y las proyecciones apuntan a superar los 170.000 millones para 2032, un crecimiento que se explica en buena parte por la integración progresiva de estos dispositivos en la sanidad preventiva, tal y como recoge el análisis de Goodmans sobre Whoop y el mercado de wearables de salud. Whoop, que no vende el hardware sino una suscripción mensual que incluye el dispositivo, alcanzó una valoración de 10.100 millones de dólares tras una ronda Series G de 575 millones cerrada en marzo de 2026, con inversores tan variopintos como la Clínica Mayo, la Autoridad de Inversiones de Catar, Cristiano Ronaldo o LeBron James. Google tampoco se ha quedado quieto: lanzó su Fitbit Air a 99 dólares, apoyado en Gemini como asistente de salud personal, y Garmin ha registrado ya una marca comercial, Cirqa, que apunta en la misma dirección screenless. Apple llega tarde a esta pelea concreta, pero con la ventaja de un ecosistema de salud ya maduro detrás.

El Apple Watch Series 12 y el Ultra 4 marcan el terreno

El producto que de verdad está redefiniendo lo que se espera de un reloj de Apple ahora mismo no es este hipotético dispositivo sin pantalla, sino la pareja Apple Watch Series 12 y Ultra 4. Sus sensores rediseñados ya igualan buena parte de las prestaciones que hasta ahora eran terreno exclusivo de los screenless, con funciones como la puntuación de Readiness y la nueva Health Age dentro de la app Salud rediseñada, ambas impulsadas, según se ha filtrado, por la insistencia del propio Eddy Cue en incorporar ideas de la competencia. A eso se suma Audio Intelligence, un conjunto de funciones basadas en inteligencia artificial que incluye Live Rewind, capaz de retroceder 15 segundos en una conversación reciente que el reloj ha estado escuchando, y Siri Recap, que resume las charlas mantenidas a lo largo del día. Son funciones potentes desde el punto de vista técnico, pero que dependen de que el dispositivo esté captando audio del entorno de forma más o menos continua, algo que a más de un usuario le va a chirriar por razones evidentes de privacidad.

El argumento de vender un dispositivo que no escucha

Aquí es donde el prototipo sin pantalla empieza a cobrar sentido estratégico más allá de competir en precio. Apple mantiene un sistema de protección de datos de salud razonablemente sólido, documentado en su propio soporte técnico sobre privacidad en Apple Watch, pero Audio Intelligence introduce una capa de sensibilidad nueva que recuerda, inevitablemente, a la polémica que rodea a las gafas inteligentes de Meta. Un reloj que graba y resume conversaciones no es lo mismo, en percepción pública, que uno que solo mide pulsaciones y horas de sueño. Si Apple decide finalmente lanzar su competidor de Whoop sin ninguna de estas funciones de escucha ambiental, tendría en sus manos un argumento comercial tan potente como el del propio precio: un wearable de salud que se limita a hacer lo que promete, sin micrófonos activos de fondo. Para el segmento de usuarios que ya desconfía de la IA integrada en todas partes, ese podría ser precisamente el gancho que les haga cambiar de muñeca.

Reflexiones finales

Lo interesante de esta historia no es tanto el hardware en sí, todavía en fase muy temprana y con final abierto, sino lo que revela sobre la estrategia de Apple a medio plazo: en lugar de forzar la inteligencia artificial en todos sus productos por igual, la compañía parece dispuesta a segmentar su oferta según el apetito de cada usuario por estas funciones. Tiene su lógica; no todo el mundo quiere un reloj que escuche, y el mercado screenless ya ha demostrado con Whoop y Fitbit Air que hay hueco de sobra para dispositivos centrados en datos duros y nada más. Habrá que ver si Apple es capaz de ejecutar esta idea con la misma disciplina de diseño que aplicó al Apple Watch original, o si el proyecto se queda, como tantos otros «technology investigations», en un cajón.

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