La Agencia de Salud Pública de Barcelona ha puesto en marcha el primer estudio urbano a gran escala de Europa para frenar al mosquito tigre con una bacteria. La estrategia consiste en liberar cada semana unos 80.000 machos de esta especie en dos zonas de la ciudad. Los machos no pican, así que no suponen molestia para los vecinos. Llevan en su interior la bacteria Wolbachia, que provoca que los huevos de las hembras silvestres con las que se aparean no lleguen a eclosionar. Con el tiempo, la población local debería reducirse sin recurrir a insecticidas. Parte del trabajo se hace en el laboratorio, con una selección de machos apoyada en inteligencia artificial. El proyecto llega en un momento delicado, con el mosquito tigre ya establecido en buena parte del continente y con casos de virus transmitidos por mosquitos en aumento. Conviene entender cómo funciona la técnica y qué se puede esperar de ella.
Qué se ha soltado exactamente en Barcelona
En algunos medios internacionales se ha hablado de mosquitos infectados por un parásito. La descripción más precisa es otra. Se trata de machos de Aedes albopictus, el mosquito tigre asiático, que llevan la bacteria Wolbachia. Es un microorganismo que vive dentro de las células de muchos insectos y se transmite de madres a crías. Según el programa World Mosquito Program la bacteria existe de forma natural en cerca del 50 % de las especies de insectos y es segura para las personas y el medio ambiente.
La prueba piloto se concentra en dos puntos de la ciudad. El primero es el Parque de la Ciutadella, con epicentro en el Zoo. El segundo es la plaza de Les Corts. En cada semana de actividad de la especie se liberan alrededor de 80.000 machos. La empresa Debug, aliada con Rentokil Initial, informa de que durante el verano se soltaron más de 1,5 millones de ejemplares. Si se divide esa cifra entre la tasa semanal, resultan unas 19 semanas seguidas de liberaciones.
Los huevos con los que se inicia la cría proceden de Miami. En el laboratorio se introduce la bacteria en ellos y, cuando los insectos llegan a adultos, se separan los machos con herramientas que incorporan inteligencia artificial. Es un paso crítico. Si se colara una hembra con Wolbachia en una suelta, podría cambiar la dinámica de la población silvestre y estropear el diseño del experimento.
Cómo actúa la bacteria
Muchos medios hablan de mosquitos esterilizados, pero el mecanismo no es el de la esterilización por radiación. Los machos con Wolbachia se llaman «machos incompatibles». Cuando se aparean con una hembra silvestre que no lleva la misma cepa, los huevos son inviables. Es el fenómeno de la incompatibilidad citoplasmática. Una revisión publicada en International Journal of Infectious Diseases sobre las intervenciones con Wolbachia contra el dengue la explica así: los huevos puestos por una hembra no infectada que se ha cruzado con un macho infectado no prosperan. La técnica no exige ningún tratamiento físico ni químico previo a la suelta, y eso simplifica la producción a escala industrial.
El resultado esperable es una caída progresiva de las poblaciones locales. La hembra silvestre sigue poniendo huevos, pero una proporción creciente no se desarrolla. Como solo las hembras necesitan sangre para madurar sus huevos, la suelta de machos tampoco incrementa las picaduras. Eso permite aplicar el método en parques urbanos con visitantes, como el entorno del Zoo.
Hay una diferencia de enfoque con otros programas. En ciudades como las de Colombia o Indonesia, la estrategia consiste en soltar machos y hembras con Wolbachia para que la bacteria se instale en la población. En ese caso lo que se reduce es la capacidad del mosquito para transmitir dengue. En Barcelona el objetivo es otro: suprimir la población. Por eso la suelta es solo de machos y debe repetirse cada semana. Si se interrumpe, los mosquitos silvestres recuperan terreno.
Por qué ahora y por qué en Barcelona
El mosquito tigre llegó a España en 2004, cuando se detectó por primera vez en Sant Cugat del Vallès, en el área metropolitana de Barcelona. Desde entonces se ha extendido por buena parte del litoral mediterráneo. La situación europea es más amplia. El Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) advertía en agosto de que Aedes albopictus está ya establecido en 16 países europeos, el doble que hace 12 años. El mismo organismo contabilizaba 429 casos de infección autóctona por virus del Nilo Occidental en nueve países a mediados de agosto de 2026. Ese virus lo transmite otro mosquito, del género Culex, pero ilustra la presión creciente sobre los servicios de salud pública.
El mosquito tigre es capaz de transmitir dengue, chikungunya y Zika. Para que haya transmisión local debe picar antes a una persona infectada, normalmente llegada de viaje. Por eso reducir su número es una forma de bajar el riesgo antes de que aparezca un brote. Hay también un problema práctico. Esta especie cría en pequeños recipientes de agua, como platos de macetas, desagües o bidones. Eso dificulta el control con fumigaciones y obliga a repetir tratamientos con productos químicos, a los que además algunas poblaciones de mosquitos han desarrollado resistencia.
Barcelona reúne varias ventajas para el ensayo. Tiene una población de mosquito tigre bien estudiada, un servicio municipal de control de plagas con experiencia y zonas verdes acotadas donde medir el efecto. El responsable del servicio de plagas de la agencia, Tomàs Montalvo, ha subrayado que la técnica es segura porque los machos ni pican ni transmiten enfermedades.
Reflexiones adicionales
La principal limitación del método es la escala. Soltar 80.000 machos por semana en dos zonas concretas es una prueba piloto. Un mosquito tigre puede reproducirse en cualquier recipiente con agua, y una ciudad entera tiene millones de ellos. Para saber si la supresión es sostenible habrá que ver cuánto se reduce la población en las zonas de intervención, cuánto tarda en recuperarse al parar las sueltas y qué coste supone mantener el programa. Un dato de referencia lo aporta Singapur, donde su programa con Wolbachia ha reducido las poblaciones de mosquitos entre un 80 % y un 90 % en las zonas de actuación y ha bajado más de un 70 % el riesgo de dengue. Pero las condiciones allí son muy distintas, y los propios responsables europeos reconocen que no se puede trasladar el modelo sin más.
Tampoco conviene esperar de esta técnica una solución única. La propia agencia insiste en que las sueltas son solo una de las medidas de control. La eliminación de pequeños depósitos de agua en espacios públicos y privados sigue siendo imprescindible, y depende en buena parte de la colaboración de los vecinos. Un patio con un cubo olvidado puede producir cientos de mosquitos en pocas semanas.
Otro punto es la comunicación. Titulares como «mosquitos infectados» pueden generar alarma, y conviene distinguir entre una bacteria inofensiva para las personas y un patógeno. Las evaluaciones de riesgo publicadas sobre la liberación de mosquitos con Wolbachia en otros países han concluido que el riesgo para el ser humano y el entorno es despreciable. Aun así, explicar bien qué se suelta y por qué es parte del éxito de un proyecto que se hace en parques abiertos al público.
Barcelona es, en cualquier caso, un buen banco de pruebas. Si los resultados confirman una reducción clara del mosquito tigre, otras ciudades mediterráneas con el mismo problema tendrán un modelo para copiar.
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