Hace años se pusieron de moda las «cucarachas cibernéticas». Gracias a los  microrobots desarrollados en la Universidad de Harvard y capaces de moverse boca abajo y en paredes verticales podrían utilizarse en aplicaciones de inspección industrial donde otros sistemas habían fracasado.

Después, en la misma Universidad fueron capaces de disminuir más su tamaño lanzando el nuevo HAMR-Jr que tan solo mide 2.25 cm de longitud aunque estaba limitado al no disponer de sistema de alimentación propio ni de «suficiente inteligencia» como para ser autónomo.

Ahora los japoneses del instituto Riken han resuelto el problema de su autonomía haciendo uso de electrónica ultradelgada y materiales flexibles.

Aunque inciialmente sería posible construir estaciones de recarga en las cuales estos cíborgs se acoplen para recargar su batería, la necesidad de hacer pausas en su labor, y trayectos hacia y desde la estación de recarga, podría poner en riesgo el buen resultado de misiones en las que el tiempo es un factor importante.

Para integrar con éxito estos dispositivos en un animal tan pequeño como una cucaracha, el equipo de investigación tuvo que desarrollar una mochila especial conectable al cuerpo vivo, una célula solar orgánica ultradelgada y un sistema de afianzamiento que mantiene diversos módulos unidos durante largos periodos de tiempo y que, al mismo tiempo, permite los movimientos naturales de la parte biológica del cuerpo.

Fijaron el módulo de control inalámbrico de las patas y la batería a la parte superior del insecto, una cucaracha de Madagascar.

El conjunto se imprimió en 3D con un polímero elástico y se ajustó perfectamente a la superficie curvada de la cucaracha, lo que permitió que los componentes electrónicos rígidos estuvieran unidos de forma estable al bicho durante más de un mes.

La célula solar del cíborg suministra una potencia de salida de 17,2 milivatios (mW).

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