Hay muchas formas de almacenar energía, pero todas tienen sus inconvenientes: Las baterías pueden cargarse, pero su capacidad es limitada. El hidrógeno puede producirse con electricidad, pero es difícil almacenarlo durante mucho tiempo…

Sin embargo la Universidad de Viena ha diseñado una nueva tecnología totalmente diferente a los convencionales ya que se basa en la conversión de energía térmica en energía química y viceversa.

El calor provoca una reacción química: por ejemplo, el ácido bórico calentado en un reactor a temperaturas comprendidas entre 70°C y 200°C se convierte en óxido bórico liberándose agua en el proceso. La suspensión aceitosa de óxido bórico puede almacenarse en tanques. Si se añade agua a esta suspensión, la reacción química se produce a la inversa y el calor almacenado se libera de nuevo.

Además del ácido bórico, también pueden utilizarse otros productos químicos como las sales hidratadas, por ejemplo. El ácido bórico y las sales hidratadas reúnen varias ventajas: son baratas y fáciles de conseguir, relativamente inocuas y estables durante muchos ciclos, y pueden almacenarse durante cualquier tiempo. La tecnología del reactor puede ampliarse a escala industrial. El aceite utilizado permite una transferencia de calor óptima al tiempo que protege el reactor durante la reacción y los sólidos durante el almacenamiento.

Todavía no es posible precisar la eficacia global exacta del proceso, ya que depende en gran medida de cómo se acople el almacenamiento a otras tecnologías. La gran ventaja es la posibilidad de almacenar a largo plazo cantidades de energía que, de otro modo, simplemente se perderían, y su uso orientado a la demanda.

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