En los últimos años el mundo de la robótica ha experimentado una tendencia hacia el diseño de sistemas robóticos inspirados en la naturaleza.

Muchos de los intentos de imitar el movimiento de los animales buscan realizar desplazamientos más rápidos, ágiles y eficientes. Es el caso de investigadores de la universidad coreana de Konkuk que han estudiado el vuelo de los escarabajos para diseñar alas más eficientes y resistentes a impactos.

Por otro lado, investigadores del Reino Unido han diseñado un dispositivo flexible basado en los calamares. Dicho robot bucea disminuyendo considerablemente el gasto energético con respecto a submarinos más tradicionales tal y como os habíamos comentado aquí hace unos días.

Estos ejemplos llevados al extremo dan como resultado el siguiente experimento. En este caso no se ha diseñado un mecanismo similar al de la planta carnívora si no que se ha empleado el propio ser vivo como garra del brazo robótico. Se ha descubierto que estimulando eléctricamente la planta se consigue controlar su movimiento, lo que permite sostener elementos de tamaño inferior a medio milímetro.

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Es evidente que todos estos avances irán incorporándose paulatinamente al sector de la robótica industrial. Un claro ejemplo de esto es el robot SPOT de Boston Dynamics, el cual permite realizar inspecciones de entornos industriales peligrosos o de difícil acceso.

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