El Una Watch es un reloj deportivo con GPS que apuesta por algo poco habitual. Se puede abrir con un destornillador, cambiar sus piezas y actualizar su firmware abierto. Lo ha creado una pequeña empresa escocesa y cuesta 199 EUR. Su batería dura hasta diez días en uso diario y unas 20 horas con el GPS activo. No quiere competir en funciones con los grandes del sector. Prefiere ofrecer un reloj sencillo, duradero y reparable por el propio usuario. En este artículo repasamos cómo está construido, qué ofrece, dónde flojea y por qué su idea importa más allá del propio aparato.

Un reloj pensado para abrirse

La mayoría de los relojes inteligentes son cajas selladas. Si falla la batería o se rompe la pantalla, lo habitual es cambiar de reloj. El Una Watch (199 EUR) parte de la idea contraria. La caja se abre quitando cuatro tornillos y dentro hay módulos sujetos con tornillos, no con adhesivo.

La empresa la fundó Lewis Allison, que antes fue director técnico de Shot Scope, marca de relojes para golf. Tiene su base en Edimburgo. Según Notebookcheck, la modularidad no está en correas intercambiables. Está en el acceso directo a las entrañas del reloj.

Los módulos no son tantos como cabría pensar. El módulo principal, llamado Una core, reúne el procesador y el sistema de vibración. Otro, el Una link 2, agrupa el chip de posicionamiento por satélite y el acelerómetro. Es una división práctica, porque agrupa lo que suele fallar o quedarse anticuado.

Qué ofrece por dentro

La ficha técnica es sobria. La pantalla es una MIP de 1,2 pulgadas, unos 30 mm de diagonal, con 240 x 240 píxeles. Son 57 600 píxeles en total. Esta tecnología consume muy poco y se ve bien a pleno sol. Además, el reloj monta 4 GB de memoria eMMC y una batería de 280 mAh.

La caja mide 40,25 mm de diámetro y 14,4 mm de grosor. Es algo más gruesa que un Garmin comparable. El propio Wrist Watch Review lo reconoce, pero lo ve razonable en un reloj deportivo.

Incluye GPS de doble frecuencia, altímetro, acelerómetro y sensor de pulso. También mide la saturación de oxígeno en sangre. Se empareja con una aplicación para iOS y Android que sincroniza actividades, actualiza el firmware y permite personalizar pantallas. También se integra con Strava.

Los números que importan

Hay varios datos técnicos que ayudan a poner el reloj en perspectiva.

Con una batería de 280 mAh y 20 horas de autonomía con GPS, el consumo medio ronda los 14 mA. Es una cifra baja, pero esperable en una pantalla MIP y un procesador modesto.

En modo diario, diez días son 240 horas. Eso deja un consumo medio de poco más de 1 mA. Son cifras del fabricante, así que habrá que medirlas en uso real.

El GPS de doble frecuencia recibe señales en dos bandas, por ejemplo L1 y L5. Eso permite corregir mejor los errores causados por la ionosfera y los reflejos entre edificios. En ciudad y en bosque denso suele notarse.

La memoria de 4 GB deja espacio de sobra para actividades, mapas sencillos y aplicaciones de terceros.

El sistema operativo es FreeRTOS, un núcleo en tiempo real muy ligero. Gasta muy poca memoria y poca energía, y por eso es habitual en microcontroladores.

Reparar en lugar de tirar

Aquí está el argumento principal. En su análisis, Engadget cambió la pantalla en 3 minutos y 8 segundos con un destornillador Torx T3. Es un tiempo muy corto para una reparación de este tipo. En otros relojes del mercado, esa misma avería suele implicar enviar el aparato o pagar una reparación cara.

Las piezas también tienen precios razonables. Se cita una batería de repuesto por unos 40 dólares, el 16 % del precio del reloj. Cambiarla cada pocos años sale más barato que comprar otro reloj. Y evita que acabe en la basura un dispositivo entero que funcionaría bien con una pieza nueva.

La cobertura del diario The Scotsman recoge que el fundador admite una consecuencia. Un reloj reparable cuesta más de diseñar y puede reducir las ventas futuras por sustitución. Es una postura poco común en el sector.

Abierto de verdad

El Una Watch no solo se abre por fuera. También lo está por dentro. Los esquemas del hardware están publicados en GitHub y el firmware es abierto. Hay un kit de desarrollo de software y otro de hardware para quien quiera crear sus propios módulos o aplicaciones.

La comunidad ya ha respondido. Hay aplicaciones propias y hasta una versión jugable de Doom. Es un chiste técnico clásico, pero demuestra que el reloj admite código de terceros sin trabas.

Un reloj con 4 GB, pantalla de 240 x 240 y software abierto se parece más a una placa de desarrollo con correa que a un producto cerrado. Quien tenga experiencia con proyectos de microcontroladores, como los que se hacen con ESP32 o con otras placas de código abierto, lo entenderá enseguida.

Lo que todavía no resuelve

Conviene ser realistas. Un usuario del foro Singletrack World lo describió como un rastreador deportivo sin muchos extras. Lo comparó con un Kindle frente a un iPad. Falta lo que ya es normal en otros relojes, como pagos, asistente de voz o una tienda de aplicaciones grande.

La resistencia al agua también es limitada. Según el fabricante, no está pensado para nadar, ni en piscina ni en el mar. Para triatlón o natación en aguas abiertas, no sirve.

Además, es una empresa joven en un mercado dominado por gigantes. Prometer años de repuestos exige que la empresa siga viva. La confianza en el fabricante pesa tanto como la ficha técnica.

Queda un detalle de márketing. Algunas comparativas de la campaña de financiación han sido criticadas por presentar ventajas que no lo son tanto. Es habitual en este tipo de proyectos, pero merece cautela. En cualquier caso, la reseña de Geeky Gadgets coincide en que el reloj prioriza la reparabilidad y la sostenibilidad sobre la acumulación de funciones.

Reflexiones adicionales

El Una Watch no será el reloj más completo, pero plantea una pregunta incómoda. ¿Por qué cambiamos de reloj cada tres o cuatro años si casi siempre falla una sola pieza? La respuesta tiene más que ver con el diseño y el negocio que con la técnica.

Funciona bien como idea y como experimento. Muestra que un reloj puede ser reparable sin ser feo, caro ni lento. También demuestra que hay un público dispuesto a pagar por controlar su propio dispositivo, como ya ocurre con Fairphone o con los portátiles modulares de Framework.

Habrá que ver cómo responde con el tiempo. Importan la calidad del GPS, la autonomía real, la disponibilidad de repuestos y las actualizaciones. Si cumple, abre un camino interesante para los relojes deportivos. Y si no, al menos habrá recordado que arreglar un aparato puede ser tan sencillo como quitar cuatro tornillos.

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