VIVIFoCAL presenta las S1, unas gafas que cambian su graduación de forma automática según la distancia a la que miras. Funcionan con la misma idea que el autoenfoque de un teléfono móvil: un sensor mide la distancia, un pequeño procesador calcula la potencia óptica necesaria y un motor desplaza las lentes. Todo el proceso dura menos de una décima de segundo. La propuesta se dirige a las personas con presbicia, que hoy recurren a lentes progresivas, a varias gafas o a una lupa. El fabricante promete un montaje de 40 gramos, una batería para una jornada completa y un rango de enfoque que va desde unos 20 centímetros hasta el infinito. Todavía no están a la venta, pero ya se pueden reservar con un depósito reembolsable. Repasamos cómo funcionan, qué cifras ofrecen y qué preguntas quedan abiertas.
Autoenfoque, pero en la cara
La idea de partida es sencilla. Los teléfonos llevan años midiendo la distancia con un sensor de tiempo de vuelo, que lanza un pulso de luz infrarroja y cronometra su rebote. Con ese dato, un actuador mueve una lente hasta que la imagen queda nítida. VIVIFoCAL ha trasladado esa receta a unas gafas. Según la Yanko Design, las S1 miden la distancia al objeto que miras, calculan la potencia que necesitan tus ojos y mueven las lentes en menos de 0,1 segundos.
El sistema no depende de un único sensor. Además del de tiempo de vuelo, hay un acelerómetro que registra la postura de la cabeza. Un tercer sensor de infrarrojos detecta si las gafas están puestas. Gracias a este último, el aparato se apaga solo cuando te las subes a la frente o las dejas sobre la mesa, y la batería dura más. Un microcontrolador recibe las tres señales y ordena al motor la posición exacta de las lentes.
Lentes Alvarez: una idea de 1967 que esperaba un motor
La parte óptica es la más interesante. Las S1 usan lentes Alvarez, formadas por dos elementos de superficie compleja que se complementan. Cuando uno se desliza lateralmente sobre el otro, la potencia del conjunto cambia de forma continua. El principio lo patentó el físico Luis Alvarez en 1967. Durante décadas se quedó en el laboratorio, porque alguien tenía que mover las piezas a mano.
Una patente posterior sobre gafas de enfoque variable describe bien el fundamento. El grosor de cada elemento sigue un perfil cúbico, y el segundo tiene el signo opuesto al del primero. Al superponerlos, la potencia resultante es constante en todo el campo de visión. El mismo texto reconoce que ninguna propuesta de este tipo había logrado una aceptación comercial amplia frente a los bifocales, los trifocales o las progresivas.
Lo que cambia ahora es el tamaño de los componentes. Los sensores, los motores y los microcontroladores caben hoy en una patilla. La parte mecánica que antes hacía el usuario con el dedo la hace un actuador diminuto.
Frente a las progresivas
La presbicia nos afecta a una enorme parte de la población adulta. El artículo original recoge una proyección de 2.100 millones de personas afectadas en 2030. La solución habitual es la lente progresiva, que combina tres graduaciones en una sola pieza: visión cercana abajo, lejana arriba y una zona intermedia entre ambas. Obliga a inclinar la barbilla para encontrar el punto correcto. Muchos usuarios se quejan además del efecto túnel y de la pérdida de nitidez en los bordes.
VIVIFoCAL propone otra cosa. Sus lentes ofrecen la misma potencia óptica en toda la superficie y la ajustan según la distancia. No hay zonas que buscar y la distorsión periférica es menor. El rango de enfoque empieza a unos 20 centímetros. Eso permite leer detalles pequeños con las mismas gafas con las que miras el horizonte.
La empresa las mostró en la feria WonderFest 2026 con una miniatura a escala 1/35, un trabajo de precisión que suele requerir lupas. Un probador que trabaja en un centro de datos contó que podía leer números de serie diminutos mientras caminaba entre los equipos. Eran opiniones recogidas por el fabricante, así que conviene leerlas con cautela.
Peso, batería y ajustes
El montaje pesa 40 gramos y llega a 50 con el cierre magnético frontal. Las patillas son de TR90, un polímero muy usado en monturas ligeras. Las dimensiones son 160,5 × 160 × 43,5 milímetros, dentro de lo habitual en gafas. Incluye bisagras flexibles y tres tamaños de almohadillas nasales para adaptarse a distintas caras.
La batería es de 250 mAh. Según el fabricante, aguanta 8 horas de reenfoque constante y se recarga por USB-C en aproximadamente una hora. Con un uso normal debería durar un día entero. Es una cifra razonable para un aparato de este peso, aunque habrá que comprobarla en condiciones reales.
En cuanto a la calidad óptica, las lentes de policarbonato llevan tratamientos antirreflejos y antihuellas. Transmiten más de un 90 % de la luz y ofrecen un campo de visión superior a 110 grados. La aplicación permite un ajuste fino de ±0,5 dioptrías sobre la corrección automática. Así se compensa el avance lento de la presbicia sin cambiar de gafas. El sistema corrige hasta 3,5 dioptrías, de modo que los casos más avanzados quedan fuera. Un par de lentes con la graduación personal se acopla detrás de los elementos Alvarez. Para exteriores se añaden lentes de sol polarizadas con imanes.
Precio, plazos y dudas
La reserva cuesta 10 dólares y es reembolsable. Fija un precio de lanzamiento desde 289 dólares, que incluye el servicio de lentes graduadas o el paquete de lentes de sol. Hay un año de garantía. Es decir, aún no son un producto que se pueda comprar en una tienda, sino una preventa. Toda la información que manejamos procede del fabricante, y la mejor fuente para seguirla es la página oficial de las S1.
Reflexiones adicionales
La idea es sólida desde el punto de vista técnico. Todas las piezas existen, están maduras y son baratas. Lo difícil es el conjunto: que el enfoque sea rápido, silencioso, fiable durante años y cómodo en la cara. Un motor en una gafa es un componente móvil más que puede fallar, y de momento no hay datos de durabilidad.
Hay otras cuestiones pendientes. Los propios creadores reconocen que otros equipos exploran el enfoque adaptativo con cristales líquidos o con seguimiento ocular, y que los enfoques siguen divergiendo. Falta ver cómo se comporta el sensor con superficies brillantes, con cristales o con varios objetos a distintas distancias. Tampoco sabemos cómo decide el sistema a qué punto miras. Esa decisión es la que separa unas gafas útiles de unas gafas que enfocan donde no toca.
No las hemos probado y no podemos confirmar las cifras del fabricante. Aun así, es un producto que merece seguimiento. Si cumple lo prometido, podría reducir la necesidad de llevar varias gafas encima.
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