Hama Active, la marca de accesorios alemana con casi un siglo de historia, ha decidido que el hueco que dejan Oura, Samsung o Ultrahuman en las tiendas físicas europeas es su oportunidad. El nuevo Ring One llega a 129 euros, sin cuotas de suscripción y con la promesa de aparecer en el mismo lineal donde hoy se compra un altavoz Bluetooth o un cable HDMI. No es un dispositivo que busque ganar en sensores ni en software: apuesta por la distribución y por un precio que reduce el riesgo de probar la categoría por primera vez. La incógnita es si eso basta para conquistar a un comprador que nunca ha oído hablar de un anillo inteligente y que hasta ahora solo ha visto esta tecnología en tiendas online especializadas.

Un mercado que crece pero que sigue siendo minoritario

El segmento de los anillos inteligentes lleva varios trimestres de crecimiento sostenido, aunque en volumen absoluto sigue siendo pequeño si se compara con los relojes inteligentes. Según datos de Grand View Research, el mercado global se valoró en unos 417,5 millones de dólares en 2025 y se espera que alcance los 502,4 millones en 2026, con una tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 22,5% hasta 2033. En unidades, la cifra se queda corta frente a los cientos de millones de smartwatches vendidos cada año: IDC estimó unos 4,3 millones de anillos inteligentes enviados en todo el mundo durante 2025.

El obstáculo no parece ser el interés del consumidor, sino el canal por el que estos productos llegan hasta él. Una encuesta de Omdia realizada en 2025 detectó que un 43% de las personas que no poseen ningún dispositivo vestible no tenían intención de comprar uno, y muchas citaban la incomodidad de llevar un reloj puesto todo el día o durante la noche como motivo principal. Precisamente ese perfil de usuario es el que, en teoría, un anillo debería poder convencer. El problema es que, según el mismo informe de Grand View Research, las ventas online representaron un 63% del mercado en 2025 frente a un 37% del canal físico, y el documento subraya que la tienda tradicional sigue siendo clave para las compras que necesitan una experiencia previa de prueba y comparación. Oura vende sobre todo a través de su web, Ultrahuman opera en exclusiva desde su tienda propia y RingConn sigue el mismo camino. Samsung tiene presencia en tiendas gracias a su red de electrónica de consumo, pero su Galaxy Ring cuesta 399 dólares y forma parte de un ecosistema cerrado. Ninguna de estas marcas coloca su producto al lado de un cargador o un ratón inalámbrico en una tienda de electrónica de barrio; el Ring One de Hama sí aspira a hacerlo.

Qué mide realmente el anillo

El Ring One (129 EUR) utiliza fotopletismografía (PPG), la misma tecnología óptica que emplean prácticamente todos los anillos inteligentes del mercado. El sistema emite luz LED —normalmente combinando verde, rojo e infrarrojo— sobre el tejido del dedo y mide cuánta luz se refleja a medida que la sangre pulsa por los capilares. El dedo ofrece una señal más limpia que la muñeca porque concentra una red capilar más densa y los vasos sanguíneos quedan más cerca de la superficie de la piel. Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista Biomimetics, que analizó 107 estudios clínicos con unos 100.000 participantes, encontró una correlación r² de 0,996 entre la frecuencia cardíaca medida por PPG desde el dedo y el electrocardiograma de referencia en reposo, un dato que puede consultarse en la revisión de Biomimetics sobre sensores PPG en anillos inteligentes.

Conviene aclarar un matiz técnico que se repite en todo el sector: lo que estos dispositivos llaman variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) es, en realidad, variabilidad del pulso, es decir, la variación en el tiempo entre pulsos ópticos de sangre, no el intervalo entre ondas R que mide un electrocardiograma clínico. Esto afecta por igual al Ring One, al Oura Ring 5, al Galaxy Ring de Samsung y al Ultrahuman Ring Pro: ningún anillo del mercado mide hoy HRV en el sentido clínico estricto. Para el seguimiento del bienestar general y de la calidad del sueño, la variabilidad del pulso se considera un indicador válido; para usos clínicos, la diferencia sí importa. Además de frecuencia cardíaca y HRV óptica, el Ring One registra saturación de oxígeno en sangre (SpO2), temperatura corporal, calidad del sueño, pasos y hasta 120 disciplinas deportivas, e incluye un recordatorio de ciclo menstrual. Las notificaciones llegan por vibración, sin necesidad de mirar una pantalla, y todos los datos se sincronizan mediante la aplicación Hama Active, ya disponible en Google Play y utilizada también por la línea de relojes inteligentes de la marca, sin ningún tipo de muro de pago.

El producto en detalle: precio, material y las contrapartidas del acero inoxidable

El Ring One es, en esencia, un ejercicio de ingeniería de costes. Su carcasa es de acero inoxidable, mientras que el Oura Ring 5, el Galaxy Ring de Samsung y el Ultrahuman Ring Pro utilizan titanio. Esa elección de material no es casual: el titanio pesa entre un 40% y un 50% menos que el acero inoxidable a igualdad de volumen, y es precisamente esa diferencia la que permite a las marcas premium ofrecer anillos de apenas 2 a 2,7 gramos, como ocurre con el Oura Ring 5 según cifras recogidas por TechCrunch. Hama no ha publicado el peso exacto de su anillo, pero los modelos de acero inoxidable comparables suelen situarse entre 4 y 8 gramos, prácticamente el doble o el triple. Para un anillo pensado sobre todo para llevarse puesto por la noche —el uso principal de estos dispositivos es el seguimiento del sueño y de la temperatura corporal durante horas de descanso— unos gramos de más no son un detalle menor: la misma revisión de Biomimetics citada antes señala que la adherencia al uso de anillos inteligentes cae del 80% a los tres meses hasta el 43% a los doce meses, y la incomodidad nocturna aparece como la causa más citada de ese abandono. El acero inoxidable también tiende a marcar arañazos con más facilidad que el titanio, que desarrolla una pátina que disimula el desgaste con el tiempo.

El resto de la ficha técnica sitúa al Ring One en un término medio razonable. Cuenta con resistencia al agua de 5 ATM, suficiente para nadar y no solo para ducharse, algo que no todos los rivales de precio bajo ofrecen. La autonomía anunciada es de cuatro días, modesta frente a los seis-nueve días del Oura Ring 5 o los quince días del Ultrahuman Ring Pro, lo que en la práctica se traduce en cargarlo dos veces por semana frente a una vez cada siete o diez días en los modelos premium. Está disponible en tallas estadounidenses de la 7 a la 12, pero Hama no ha mencionado el envío de un kit de tallaje previo a la compra, un accesorio que sí ofrecen Oura, Samsung, Ultrahuman y RingConn para evitar devoluciones por elegir una talla equivocada, algo relevante porque el grosor del dedo varía a lo largo del día según la actividad física o la ingesta de sal.

La verdadera apuesta está en la distribución, no en el hardware

Hama cuenta con 2.500 empleados repartidos en 19 países, filiales en más de una docena de mercados europeos y una red de distribución que coloca sus productos en cadenas de electrónica, grandes almacenes y tiendas especializadas de todo el continente. Esa es la ventaja que el Ring One trae consigo y que ninguna marca nativa digital de anillos inteligentes ha conseguido replicar hasta ahora: saltarse el coste de captación de cliente propio de la venta directa online. Europa y Norteamérica concentran juntas más del 55% de los ingresos globales del mercado de anillos inteligentes, y el comercio electrónico de consumo en Europa está muy fragmentado por país, lo que da a una marca alemana con relaciones comerciales ya establecidas en Francia, España, Países Bajos o Polonia una posición estructural difícil de igualar para una startup que parte de cero.

La comparación más ajustada no es con Oura ni con Samsung, sino con la ola de anillos de gama media sin suscripción —el RingConn que revisamos el pasado año, el propio Ultrahuman en su versión de entrada, o fabricantes asiáticos menos conocidos— que se mueven en la franja de 100 a 200 euros. Lo que Hama aporta frente a esos competidores es presencia física en tienda y el reconocimiento de marca que da llevar más de cien años vendiendo accesorios de electrónica de consumo. La cadena alemana expert.de ya ha listado el producto, aunque la compañía todavía no ha confirmado socios de venta concretos ni una fecha firme de disponibilidad más allá del anuncio del 4 de agosto de 2026.

Reflexiones finales

El Ring One no pretende ganar la partida técnica: no aporta mejoras de sensor, ni una autonomía superior, ni un ecosistema más completo que el de sus rivales. Su apuesta es distinta y, en cierto modo, más pragmática: reducir la barrera de entrada a la categoría hasta el punto en que probar un anillo inteligente por primera vez deje de ser una decisión de riesgo. Una compra única de 129 euros frente a un anillo de 399 euros con cuota mensual cambia por completo el cálculo para alguien que solo quiere saber si esta tecnología le sirve. El verdadero examen no se hará en un laboratorio comparando precisión de sensores, sino en el pasillo de una tienda de electrónica, cuando un comprador que nunca ha buscado un anillo inteligente en internet se tope con uno junto a un cargador o un altavoz y decida, por primera vez, ponérselo.

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