El Oura Ring 5 llega al mercado prometiendo ser el anillo inteligente más pequeño y ligero fabricado hasta la fecha, con una reducción de volumen del 40% respecto a su predecesor. La firma finlandesa, con casi seis millones de usuarios en todo el mundo, lleva desde 2015 refinando la idea de meter un ordenador de salud dentro de una joya, y esta quinta generación parece dar un paso claro en comodidad. La periodista Sophie Haslett, editora de 7You, lo ha llevado puesto durante un mes completo, incluido un viaje al Reino Unido, y ha publicado sus impresiones en 7NEWS. A partir de ese testimonio, y contrastándolo con otros análisis más técnicos disponibles en medios internacionales, merece la pena separar lo que es una experiencia de uso genuina de lo que queda como una valoración algo más superficial de lo que cabría esperar en una reseña de un producto de 799 dólares.
Un diseño que sí marca la diferencia
Lo primero que destaca Haslett, y en esto coincide con prácticamente todos los análisis publicados sobre el Ring 5, es el tamaño. Oura ha reducido el ancho a algo más de 6 milímetros, el grosor a 2,23 milímetros y el peso a apenas 2 gramos, cifras que sitúan al anillo muy por debajo de su predecesor, que rondaba los 7,90 milímetros de ancho y hasta 5,2 gramos de peso según la talla. Según la autora, esa diferencia se nota especialmente en el día a día: mientras el Ring 4 solía engancharse en jerséis y chaquetas por su volumen, el Ring 5 pasa desapercibido junto al resto de sus anillos. Es una observación razonable y coherente con lo que reportan otras pruebas independientes, que describen sensaciones muy similares tras semanas de uso continuado, incluso durmiendo con él puesto todas las noches.
Este punto es, de hecho, el que mejor resiste el contraste con fuentes externas. El propio fabricante confirma esa reducción del 40% en volumen en su documentación oficial, y análisis detallados como el publicado en TechCrunch aportan cifras casi idénticas a las que maneja Haslett, lo que da bastante credibilidad a esta parte concreta de la reseña. Aquí sí puede decirse que la experiencia personal de la autora está bien respaldada por los datos técnicos disponibles.
Autonomía, funciones y la parte más «de sensaciones»
En cuanto a batería, Haslett señala una mejora perceptible: de los 5-8 días de autonomía que ofrecía el Ring 4 se pasa a 6-9 días en el Ring 5, gracias a una batería rediseñada y un firmware ajustado. Es un dato concreto y verificable, y coincide con lo que reporta Oura en su propia documentación de producto. Hasta aquí, la reseña se sostiene bien sobre datos objetivos.
El problema aparece cuando la autora entra a valorar la precisión de las funciones de salud. Afirma que el seguimiento del ciclo menstrual le resulta «increíblemente preciso» y que el seguimiento del sueño es «el mejor de cualquier dispositivo que haya probado nunca», pero en ningún momento aporta una cifra, una comparación frente a otro dispositivo de referencia o un método de verificación. Es una opinión legítima como usuaria, pero conviene remarcar que se trata de eso, una opinión, y no de una medición. Aquí es donde nuestra valoración se separa de la suya: análisis más técnicos, como el publicado por DC Rainmaker, sí comparan la frecuencia cardiaca del Ring 5 frente a bandas de pecho durante entrenamientos de intervalos, y detectan desviaciones puntuales de hasta 24 pulsaciones por minuto en momentos de alta intensidad, aunque el comportamiento mejora sensiblemente en carreras a ritmo constante. Ese tipo de matiz, que sería especialmente relevante para cualquier lector que se plantee usar el anillo como herramienta de entrenamiento, no aparece en ningún momento en el texto de Haslett.
El detalle que la propia autora deja caer sin darle demasiada importancia
Hay un párrafo del artículo original que, a nuestro juicio, es el más revelador de todos, aunque la autora lo trata casi de pasada. Haslett reconoce que, al estar entrenando para un maratón, sigue usando su Garmin Forerunner para registrar sus carreras, sus repeticiones por kilómetro y el resto de datos de entrenamiento, y añade que le gustaría que Oura ofreciera ese nivel de seguimiento deportivo en el futuro. Dicho de otro modo: la persona que recomienda el Oura Ring 5 como una compra que «vale la pena» no confía en él para el terreno donde la precisión de los datos más importa. Esa es, probablemente, la conclusión más honesta de todo el artículo, aunque quede enterrada en un solo párrafo dentro del apartado de «contras», cuando en realidad debería haber sido uno de los ejes centrales de la reseña.
El precio, la gran ausencia del análisis
El otro punto donde consideramos que la reseña se queda corta es el modelo de negocio. Haslett menciona el precio del anillo, 799 dólares, y la suscripción obligatoria de 9,99 dólares al mes o 109,99 dólares al año para acceder a las funciones completas, pero lo hace en apenas dos frases dentro del único apartado dedicado a los inconvenientes, antes de cerrar con un veredicto claramente positivo. En la práctica, eso significa que el desembolso real del primer año supera los 900 dólares, una cifra que sí merecería un análisis algo más detenido, sobre todo si se compara con rivales que no exigen suscripción, como Circular o RingConn, que ofrecen funciones de seguimiento de salud similares sin ese coste recurrente. No decimos que la suscripción invalide la recomendación final, pero sí que un lector que se plantee gastar esa cantidad de dinero merece una discusión más profunda que la que recibe aquí.
El producto en sí: qué es realmente el Oura Ring 5
Más allá de la reseña concreta, conviene detenerse en lo que es el producto. El Oura Ring 5 está fabricado en titanio, un material ligero y no alergénico, y está disponible en varias terminaciones de color, entre ellas la dorada que eligió la propia Haslett siguiendo la estética de su modelo anterior. El anillo promete el seguimiento de más de 50 métricas de salud, desde frecuencia cardiaca y temperatura corporal hasta niveles de estrés, ciclo menstrual y calidad del sueño, todo ello procesado a través de un «Readiness Score» diario que va de 0 a 100 y se agrupa en cuatro franjas: Óptimo, Bueno, Aceptable y «Presta atención». Es precisamente esa puntuación la que, según cuenta la autora, condiciona su estado de ánimo cada mañana más de lo que le gustaría admitir, un efecto psicológico que merece mencionarse porque plantea una pregunta interesante sobre cómo estos dispositivos terminan influyendo en la relación de sus usuarios con su propio cuerpo, más allá de los datos que aportan.
Reflexiones adicionales
En conjunto, la reseña de Sophie Haslett en 7NEWS es un buen ejemplo de un formato muy habitual en el periodismo de estilo de vida: cercano, sincero desde la experiencia personal y útil para quien ya forma parte del ecosistema Oura y solo quiere saber si merece la pena actualizar desde el modelo anterior. En eso cumple bien su función, y el propio detalle de que la autora siga confiando en un reloj Garmin para sus entrenamientos serios da una idea bastante fiel de dónde está realmente el techo actual del anillo. Ahora bien, como valoración objetiva de producto —con datos de precisión, comparación frente a la competencia y un análisis serio del coste real de la suscripción— el artículo se queda corto, y ese es precisamente el hueco que intentamos rellenar con este comentario: no tanto contradecir sus conclusiones, que en gran parte compartimos, sino señalar qué partes de esa recomendación están respaldadas por datos y cuáles descansan, sobre todo, en la simpatía que genera un producto bien diseñado.
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