Amazfit se ha ganado un hueco importante en el mercado de los relojes deportivos jugando la carta del precio ajustado frente a marcas como Garmin, Coros o Apple. La firma, propiedad de la compañía china Zepp Health (antes conocida como Huami), ofrece pantallas AMOLED, baterías longevas y GPS de doble banda en algunos modelos por bastante menos dinero que sus rivales. El problema aparece cuando se analiza de cerca su gama pensada específicamente para corredores, la línea Cheetah, que sobre el papel promete plantar cara a los Forerunner de Garmin pero que, según una prueba reciente y detallada, se queda a medio camino cuando se somete a un entrenamiento serio de maratón.

Una marca que no tiene nada que ver con Amazon

Conviene aclarar primero algo que suele generar confusión: Amazfit no guarda ninguna relación con Amazon, más allá de la coincidencia fonética. Es una marca de Zepp Health que se ha posicionado como alternativa económica dentro del sector wearable, y que ha ido incorporando funciones que hasta hace poco solo se veían en relojes bastante más caros. Tras probar durante un tiempo el Amazfit Balance 3, con un precio de 369,99 dólares, y el Cheetah 2 Pro, que se vende por 449,99 dólares, la periodista de tecnología Meredith Dietz se encuentra ahora testando el Cheetah 2 Ultra, el modelo más avanzado de la marca en materia de running, que llega a los 599,99 dólares. La conclusión provisional tras esa batería de pruebas es bastante clara: para el entrenamiento híbrido, combinando fuerza y resistencia, Amazfit funciona muy bien, algo que queda reforzado por su acuerdo oficial de patrocinio con Hyrox. El problema surge en el terreno específico del running competitivo.

La línea Cheetah, la gran apuesta que no termina de cuajar

La familia Cheetah es la respuesta directa de Amazfit a los Forerunner de Garmin y a los modelos de running de Coros, y en el papel la ficha técnica resulta muy atractiva: GPS de doble banda, métricas de potencia de carrera, mapas offline y un entrenador basado en inteligencia artificial capaz de generar planes de entrenamiento orientados a una carrera concreta, todo ello por aproximadamente la mitad de lo que cuesta un Forerunner con prestaciones comparables. El matiz importante es que unas especificaciones potentes sobre el papel no siempre se traducen en un reloj diseñado por y para gente que corre de verdad. Un detalle que ilustra bien este desajuste es que las zonas de frecuencia cardiaca del Cheetah siguen etiquetándose con el término «quema de grasa», un lenguaje típico de pulsera genérica de fitness que ningún corredor serio quiere ver en un reloj pensado para entrenar por zonas de rendimiento, algo que ni Garmin ni Coros incluyen en sus dispositivos orientados a competición.

Amazfit vende el Cheetah 2 Pro no solo como un reloj «diseñado para corredores», sino directamente como una herramienta de entrenamiento para maratón, un terreno en el que la competencia ya está muy bien servida y donde las exigencias son altas. Ahí es donde el reloj empieza a mostrar sus costuras: durante las pruebas, la estimación del umbral de lactato se desvió casi 40 segundos por milla respecto al valor real, un margen de error considerable si se está ajustando un plan de entrenamiento en torno a ese dato. A eso se suma que el seguimiento de distancia por GPS resultó ligeramente menos preciso que el ofrecido por el Garmin Forerunner 970, la referencia premium de la marca rival. Y hay un tercer detalle que, aunque parezca menor, resulta muy molesto en la práctica: nada más terminar una carrera, la pantalla de resumen del entrenamiento desaparece casi de inmediato, obligando a rebuscar entre varios menús para consultar de nuevo los datos, cuando lo que cualquier corredor quiere justo al parar es ver sus parciales y su ritmo de un vistazo, no navegar por el historial de entrenamientos.

El Cheetah 2 Pro, bajo la lupa

Si hay un modelo que concentra el grueso del análisis, ese es el Cheetah 2 Pro, con un precio de 449,90 eur y que Amazfit posiciona explícitamente como reloj de referencia para maratonianos. Es precisamente en ese contexto de exigencia donde las carencias detectadas pesan más: un error de casi 40 segundos por milla en la estimación del umbral de lactato puede llevar a un corredor a entrenar en una zona equivocada durante semanas, y una distancia de GPS algo menos fiable que la de un Forerunner 970 puede traducirse en splits que no cuadran del todo con el ritmo real sobre el asfalto. A esto se añade una experiencia de usuario que, en los pequeños detalles del posentrenamiento, se aleja de lo que ofrecen los relojes construidos pensando exclusivamente en corredores de competición. No se trata de un fallo aislado, sino de varios pequeños inconvenientes que, sumados, dibujan la sensación de un reloj hecho por y para el mercado general del fitness, y no por gente que vive el running como disciplina de precisión.

Alternativas si el objetivo es el maratón

Para quien entrena en serio de cara a una maratón y busca métricas avanzadas fiables, el análisis original apunta directamente hacia el ecosistema de Garmin. El Forerunner 570, disponible en dos tamaños de caja (42 y 47 milímetros) con bisel de aluminio y hasta 18 horas de autonomía en modo GPS resulta prácticamente equiparable en coste al Cheetah 2 Pro y ofrece métricas avanzadas más consistentes junto con acceso a un ecosistema de entrenamiento bastante más profundo. Un peldaño por encima, el Garmin Forerunner 970, disponible por 749,99 dólares, añade todavía más herramientas y cuenta con un historial más largo entre atletas de competición, incorporando de fábrica funciones como la linterna LED integrada y métricas de rendimiento desarrolladas junto a fisiólogos deportivos, tal y como detalla el propio comunicado de lanzamiento de Garmin. Conviene recordar, de todos modos, que muchos de los maratonianos de élite del mundo siguen entrenando y compitiendo con relojes de running bastante más económicos que cualquiera de los modelos mencionados aquí, lo que relativiza hasta qué punto el precio y las prestaciones más punteras determinan realmente el rendimiento final.

No todo Amazfit es la línea Cheetah

Sería injusto extender esta conclusión a toda la marca. El propio análisis deja claro que buena parte del catálogo de Amazfit sigue siendo una opción muy sólida, y que el problema se concentra específicamente en la línea Cheetah. Para quien no está persiguiendo una marca personal en maratón sino que busca un reloj con buen aspecto, precio contenido y un seguimiento de salud fiable en el día a día, la recomendación se dirige hacia la línea Balance, que cumple sobradamente sin necesidad de asumir el desembolso ni las exigencias de un reloj de competición. La reflexión final que se desprende de todo esto es bastante práctica: si no se está entrenando en serio para competir, tampoco tiene demasiado sentido gastarse más de 400 dólares en un reloj de running, independientemente de la marca que sea.

Reflexiones adicionales

Lo que deja este análisis es una idea que se repite con frecuencia en el mundo del hardware deportivo: una ficha técnica impresionante no garantiza una experiencia pensada realmente para el usuario final. Amazfit ha demostrado que sabe fabricar relojes atractivos, con sensores decentes y una autonomía notable, pero cuando se trata de un terreno tan especializado como el entrenamiento de maratón, los pequeños detalles de software y de precisión de los datos siguen marcando la diferencia respecto a marcas con más años de experiencia específica en running. La pregunta que debería hacerse cualquier comprador no es tanto qué reloj tiene mejores números en la caja, sino qué tipo de corredor es realmente y qué nivel de exigencia necesita de su equipo.

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