Los relojes inteligentes se han convertido en un accesorio tan habitual como el propio teléfono móvil, y muchos conductores los llevan puestos sin pensar que su muñeca puede convertirse en el origen de una sanción. En Reino Unido, la asociación de automovilistas RAC ha puesto sobre la mesa un dato que no admite discusión: usar un smartwatch al volante puede equipararse legalmente al uso de un móvil sujeto con la mano, con las mismas consecuencias económicas y penales. La normativa británica, endurecida en 2022 para los teléfonos, se está aplicando ahora con el mismo criterio a cualquier dispositivo capaz de enviar o recibir datos, y eso incluye de lleno a los relojes conectados. El resultado es que un simple vistazo a una notificación, un comando de voz o un toque en la pantalla puede derivar en puntos en el carnet, una multa considerable e incluso la pérdida de la licencia si el conductor es novel.
Cuántos conductores británicos llevan reloj inteligente al volante
Según los datos difundidos por la RAC, hasta un 40 por ciento de los conductores del Reino Unido posee ya un smartwatch, una cifra que se dispara hasta el 73 por ciento entre los conductores más jóvenes. Ese salto generacional explica por qué la asociación ha decidido lanzar la advertencia ahora: el parque de relojes conectados en circulación no deja de crecer y, con él, la tentación de consultarlos mientras se conduce. La propia RAC matiza que mirar la hora en el reloj no constituye, por sí mismo, una infracción. El problema surge cuando el dispositivo se utiliza de forma activa, ya sea mediante comandos de voz, mediante el tacto en la pantalla táctil o para leer mensajes y notificaciones, usos que la organización considera distracciones equiparables a las que genera un teléfono móvil sujeto con la mano.
La base legal de esta equiparación está en la Road Vehicles (Construction and Use) Regulations 1986, modificada en marzo de 2022 para ampliar la definición de «uso de un dispositivo de mano» a prácticamente cualquier interacción física con un aparato capaz de transmitir información, tenga o no la conectividad activada. Esa reforma, que en su día se pensó sobre todo para teléfonos, tabletas y sistemas de navegación, se redactó de forma lo bastante amplia como para incluir también los relojes inteligentes, según recoge un análisis detallado sobre las leyes de tráfico británicas en pegasuscouriers.co.uk. En la práctica, esto significa que la ley no distingue entre la pantalla de un móvil y la de un reloj: lo relevante es si el dispositivo se sostiene o se manipula mientras el vehículo está en movimiento o incluso detenido en un semáforo con el motor encendido.
Las cifras de la multa y los puntos en el carnet
Si un agente considera que el conductor estaba utilizando el smartwatch como si fuera un dispositivo de mano, la sanción es idéntica a la que corresponde por usar un móvil: un mínimo de seis puntos en el carnet y una multa fija de 200 libras, en torno a 235 euros al cambio actual. Esa cifra puede reducirse si se determina que, en realidad, el conductor no estaba manejando el reloj sino que circulaba sin el control adecuado del vehículo, una distinción legal sutil pero con consecuencias económicas directas. Para los conductores que llevan menos de dos años con el carnet, la cosa se pone todavía más seria, porque en Reino Unido basta con acumular seis puntos en ese periodo para perder la licencia de forma automática y tener que volver a examinarse. Los conductores con más experiencia disponen de más margen, pero tampoco mucho: la normativa establece que doce puntos acumulados en un periodo de tres años activan una inhabilitación obligatoria, así que dos infracciones de este tipo bastarían para dejar a cualquiera sin carnet.
Si el caso llega a los tribunales, ya sea porque el conductor decide impugnar la sanción o porque las circunstancias son especialmente graves, la multa puede escalar hasta las 1.000 libras para turismos y hasta las 2.500 libras en el caso de camiones y autobuses, según recoge la propia RAC en su guía sobre normativa de telefonía al volante.. La infracción queda además registrada en el historial del conductor mediante el código de penalización CU80, una anotación que permanece visible durante cuatro años y que debe declararse a las aseguradoras durante cinco, lo que en la práctica encarece la póliza del seguro del coche durante un periodo considerablemente más largo que el de la propia sanción.
Cuando el reloj provoca un accidente, las consecuencias se disparan
El escenario cambia por completo si el uso del smartwatch acaba provocando un accidente, ya sea con daños materiales en otro vehículo o, peor todavía, lesiones a otra persona. En ese supuesto, la RAC advierte de que el conductor puede enfrentarse a cargos por conducción temeraria, es decir, no ejercer el cuidado debido al volante, o directamente por conducción peligrosa, cuando se demuestra que el nivel de conducción estuvo muy por debajo del estándar exigible. Ambos delitos llevan aparejadas penas mucho más duras que la simple multa fija, incluyendo la posibilidad de inhabilitación total para conducir y, en los casos más graves, penas de cárcel. El propio Departamento de Transporte británico documentó, en el periodo previo a la reforma de 2022, que la distracción por uso de móvil al volante había dejado decenas de fallecidos y varios centenares de heridos graves y leves en un solo año en Gran Bretaña, un dato que ilustra por qué el regulador ha optado por una interpretación tan amplia de qué cuenta como dispositivo de mano.
La recomendación de la RAC es tan sencilla como tajante: si el reloj distrae, no se debe usar, y lo aconsejable es activar el modo «no molestar» antes de arrancar el coche. La organización recuerda también que la reforma de 2022 sobre los teléfonos móviles se introdujo precisamente para que la policía pudiera perseguir con más facilidad este tipo de incidentes, pero reconoce que la legislación sigue yendo un paso por detrás de los avances tecnológicos, algo que ya se analizaba en un reciente artículo sobre la evolución de la tecnología aplicada al transporte. Mientras los fabricantes siguen añadiendo funciones a los relojes inteligentes, desde pagos sin contacto hasta control de música o respuesta a mensajes, la normativa de tráfico se ve obligada a interpretar de forma extensiva textos legales que en origen no contemplaban este tipo de dispositivo.
El smartwatch como producto y su papel en la conducción
Más allá del debate legal, conviene detenerse en el propio producto que ha motivado la advertencia. El smartwatch ha dejado de ser un simple accesorio para convertirse en una extensión funcional del teléfono móvil: permite recibir notificaciones, controlar la reproducción de música, realizar pagos sin contacto, monitorizar constantes vitales durante el ejercicio y, en los modelos más recientes, incluso responder mensajes mediante dictado por voz. Esa multiplicación de funciones es precisamente lo que lo convierte en un problema para la seguridad vial, porque cualquiera de esas prestaciones puede activarse con un simple gesto de muñeca, sin necesidad de sacar el teléfono del bolsillo. A diferencia de un móvil montado en un soporte, que exige normalmente una acción deliberada para interactuar con él, el reloj está siempre «puesto», visible y accesible, lo que reduce la barrera psicológica que separa una consulta rápida de una distracción real. Los fabricantes han añadido funciones de conducción específicas en algunos modelos, como la desactivación automática de notificaciones al detectar movimiento en coche, pero esas soluciones dependen de que el usuario las configure de antemano, algo que buena parte de los propietarios simplemente no hace.
Reflexiones finales
El caso británico pone de manifiesto un fenómeno que probablemente se repetirá en otros países a medida que los wearables ganen terreno: la legislación de tráfico, pensada originalmente para el teléfono móvil, tiene que estirarse para cubrir dispositivos que ni siquiera existían cuando se redactó. La propia normativa del Reino Unido sobre el uso de teléfonos y dispositivos similares al volante detalla con precisión qué se considera sostener y usar un aparato mientras se conduce. Mientras no exista una regulación específica para los relojes inteligentes, la interpretación extensiva de las normas actuales seguirá siendo la herramienta principal de la policía británica, y los conductores harían bien en tratar su smartwatch con la misma cautela que ya aplican, o deberían aplicar, a su teléfono móvil cuando se ponen al volante.
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