Comer cacahuetes a diario podría ayudar al cerebro de las personas mayores. Un equipo del Centro Médico de la Universidad de Maastricht, en los Países Bajos, ha observado un efecto curioso. Tras 16 semanas con unos 60 gramos diarios de cacahuetes sin sal y tostados con piel, varias regiones cerebrales ligadas a la memoria respondieron mejor a la insulina. Esta hormona se conoce sobre todo por regular el azúcar en sangre, pero también ayuda a las neuronas a crecer, sobrevivir y comunicarse. Con la edad, el cerebro suele responder peor a ella, y ese deterioro se ha relacionado con el declive cognitivo. El estudio es pequeño y no cierra el debate. Aun así, ofrece una pista interesante sobre cómo un alimento corriente podría influir en la salud cerebral.

Por qué importa la insulina en el cerebro

Se suele pensar en la insulina como una cuestión de glucosa. En el cerebro hace más cosas. Participa en el crecimiento de las neuronas, en su supervivencia y en la comunicación entre ellas. Esos procesos sostienen la memoria y otras funciones cognitivas.

Con los años, el cerebro puede volverse menos sensible a esta hormona. Los investigadores relacionan esa pérdida de respuesta con el deterioro cognitivo asociado a la edad. También la vinculan con procesos propios del alzhéimer. Por eso, mejorar la señalización de la insulina en zonas concretas resulta tan atractivo para la investigación.

Peter Joris, autor sénior del trabajo, lo resume así: la respuesta regional a la insulina podría contribuir a los beneficios cognitivos que se atribuyen a este tipo de cacahuetes. Es una hipótesis razonable, pero todavía hace falta confirmarla con estudios más amplios.

Un ensayo con 31 voluntarios

El trabajo salió del instituto NUTRIM de la universidad neerlandesa y se publicó en la revista Food & Function. Puedes consultar el resumen del estudio en Food & Function. Participaron 31 adultos sanos de entre 60 y 75 años.

El diseño fue un ensayo aleatorizado y controlado de tipo cruzado. Cada voluntario pasó por las dos condiciones. Durante 16 semanas tomó 60 gramos diarios de cacahuetes, unas dos raciones. Durante otras 16 semanas evitó por completo este alimento. Después cambió de condición. Así, cada persona sirvió de comparación para sí misma.

Los investigadores entregaron paquetes premedidos de cacahuetes tostados con piel. Los participantes podían comerlos por la mañana o por la tarde. Tenían libertad para tomar toda la ración de una vez, repartirla o añadirla a las comidas. Lo que se mantuvo fijo fue la cantidad diaria.

Cómo se midió el efecto

La parte técnica merece atención. El equipo combinó una intervención dietética larga con imagen cerebral avanzada. Usó resonancia magnética con marcado de espín arterial, conocida como ASL-MRI. Esta técnica mide el flujo sanguíneo en distintas zonas del cerebro sin inyectar contraste.

Para valorar la sensibilidad a la insulina, los investigadores administraron esta hormona por vía nasal. Después registraron los cambios en el flujo sanguíneo cerebral regional. Si una zona responde bien, ese flujo se modifica de forma medible.

El grupo también realizó resonancias abdominales para cuantificar la grasa acumulada en el hígado, el llamado contenido de lípidos intrahepáticos. Evaluó las capacidades cognitivas con la batería CANTAB, un conjunto estandarizado de pruebas informatizadas. En total, cada participante pasó por mediciones de flujo, de metabolismo y de cognición.

El resultado principal apareció en un grupo de regiones del hemisferio derecho. Incluía partes de la circunvolución lingual, el hipocampo, la circunvolución parahipocampal y la circunvolución cingulada posterior. Todas intervienen en procesos de memoria. Tras las 16 semanas con cacahuetes, estas zonas respondieron mejor a la insulina.

El antecedente de 2025

Este estudio se apoya en un trabajo previo del mismo equipo. Aquel ensayo, que puedes leer en Clinical Nutrition, también duró 16 semanas. Los voluntarios que comieron cacahuetes aumentaron su flujo sanguíneo cerebral global un 3,6 %. Su rendimiento en memoria verbal mejoró un 5,8 %.

El flujo sanguíneo cerebral indica cuánta sangre circula por el cerebro. Esa sangre aporta oxígeno y nutrientes a las neuronas. También sirve como indicador de la salud de los vasos cerebrales. Un aumento del 3,6 % no suena espectacular, pero se mantuvo tras meses de intervención.

Ambos trabajos encajan. El primero apunta a una mejor función vascular y a algo más de memoria. El segundo propone un mecanismo posible, relacionado con la respuesta a la insulina en regiones concretas.

Los cacahuetes, protagonistas

Conviene fijarse en el producto concreto. No se estudiaron los frutos secos en general. Se usaron cacahuetes sin sal y tostados con piel. Ese detalle importa. La sal añadida cambia el perfil del alimento, y la piel aporta compuestos que el cacahuete pelado no tiene.

Los investigadores creen que no hay un único responsable. Piensan que varios componentes actúan a la vez. Entre ellos citan las grasas insaturadas, la fibra, las vitaminas, los minerales y los fitoquímicos bioactivos. El cacahuete también es una buena fuente de proteína vegetal.

Destaca la L-arginina. Este aminoácido es precursor del óxido nítrico, una molécula que ayuda a dilatar los vasos sanguíneos. Se ha relacionado con el aprendizaje y la memoria. Encaja con el aumento de flujo cerebral observado en 2025, aunque el estudio no demuestra que sea la causa.

Para quienes siguen la información nutricional, hay un dato práctico. Sesenta gramos de cacahuetes son una cantidad moderada, pero aportan calorías. Quien los añada a su dieta debería hacerlo a cambio de otros alimentos, no encima de todo lo demás.

Lo que aún no sabemos

Hay límites claros. La muestra es de solo 31 personas. Eran adultos sanos, así que no sabemos si ocurriría lo mismo en personas con deterioro cognitivo o diabetes. El seguimiento duró 16 semanas por condición, un plazo corto para hablar de prevención de enfermedades neurodegenerativas.

También hay que tener en cuenta la financiación. La Peanut Institute Foundation pagó el estudio. Según los autores, la fundación no participó en el diseño, la ejecución, el análisis ni la redacción del manuscrito. Es una declaración útil, pero conviene leerla con cautela, como en cualquier investigación con apoyo del sector. Puedes ver el contexto completo en la nota de ScienceDaily.

Reflexiones finales

Este trabajo no demuestra que los cacahuetes prevengan el alzhéimer. Tampoco permite recomendar una dosis para toda la población. Lo que muestra es más modesto. En personas mayores sanas, un consumo diario y controlado se asoció con una mejor respuesta cerebral a la insulina en zonas relacionadas con la memoria.

Lo interesante es el enfoque. Se combina una dieta real, con un alimento cotidiano, con técnicas de imagen que miden cambios funcionales. Es el tipo de investigación que ayuda a pasar de las correlaciones a los mecanismos.

Para quien quiera cuidar su dieta, el mensaje es prudente. Los cacahuetes sin sal y con piel pueden tener cabida en una alimentación equilibrada. No sustituyen a otros hábitos que protegen al cerebro, como el ejercicio, el sueño o el control de la tensión arterial. El siguiente paso serán ensayos más grandes y más largos, con grupos de edad y de salud más variados.

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