Nanit y Owlet se disputan un mercado que ya no vende solo cámaras, sino tranquilidad por suscripción. Un vistazo a cómo ambas marcas han convertido la ansiedad de los padres primerizos en un modelo de negocio recurrente, con litigios publicitarios, sensores médicos y facturas que se disparan con los años.
Durante la última década, el monitor de bebés ha pasado de ser un simple walkie-talkie con cámara a convertirse en un pequeño centro de datos instalado sobre la cuna. Lo que antes se limitaba a escuchar llantos a través de la pared ahora incluye visión por ordenador, sensores de pulsioximetría y paneles de analítica del sueño accesibles desde el móvil. Dos marcas estadounidenses, Nanit y Owlet, se han convertido en el epicentro de esta transformación, y su rivalidad —tanto técnica como comercial— explica bastante bien hacia dónde va el sector del cuidado infantil conectado.
Dos enfoques, una misma promesa
Conviene aclarar primero quién es quién, porque ninguna de las dos es una empresa puramente neoyorquina, aunque ambas suelan asociarse a esa escena tecnológica. Nanit se fundó en 2014 y tiene su sede en Nueva York, pero vende y opera en todo Estados Unidos y en varios mercados internacionales. Owlet, en cambio, nació en 2013 en Utah y cotiza en la bolsa de Nueva York bajo el símbolo OWLT, aunque su sede operativa sigue estando en Lehi, cerca de Salt Lake City, muy lejos de la Costa Este. Es decir, se trata de dos compañías de ámbito nacional estadounidense, con presencia digital global, que compiten por el mismo nicho desde dos enfoques tecnológicos distintos.
Nanit apostó desde el principio por la cámara cenital y el análisis de vídeo. Su sistema no toca al bebé en ningún momento: una cámara instalada en la pared o sobre un soporte lee un patrón impreso en una prenda específica, la llamada Breathing Wear, y a partir del movimiento visible del pecho infiere la respiración. Owlet, en cambio, se decantó por el contacto directo. Su Dream Sock envuelve el pie del bebé con un sensor de pulsioximetría, la misma tecnología que se emplea en los hospitales para medir la saturación de oxígeno en sangre, y ofrece de forma continua la frecuencia cardíaca y el nivel de SpO2. Esta diferencia de planteamiento no es menor: mientras Nanit trabaja con datos inferidos a partir de movimiento, Owlet obtiene una lectura fisiológica directa, algo que ha llevado a que su sensor cuente con autorización de la FDA como dispositivo médico, un matiz que ambas compañías explotan en su publicidad.
El resultado es un mercado donde la elección entre una u otra marca depende menos del precio que de qué tipo de tranquilidad busca cada familia. Los análisis independientes suelen coincidir en que, para el seguimiento pasivo del sueño y una imagen de vídeo superior, Nanit tiende a imponerse, mientras que para quienes priorizan una monitorización directa de las constantes vitales, especialmente en casos de bebés prematuros o antecedentes de apnea, el sensor portátil de Owlet resulta más tranquilizador.
Cuando la suscripción es el verdadero producto
Aquí es donde el negocio se vuelve interesante. La cámara de Nanit, con un precio de partida de 299 dólares, funciona de manera gratuita como monitor básico: vídeo en alta definición, notificaciones de sonido y movimiento, audio bidireccional, temperatura, humedad y luz nocturna no requieren pago adicional. Pero el análisis de sueño, el historial de vídeo y las funciones de memoria quedan reservados a Nanit Insights, una suscripción anual que ronda los 100 dólares y que convierte un dispositivo de compra única en un gasto recurrente. Owlet, por su parte, presume de no exigir suscripción alguna: todas las funciones del Dream Duo, valorado en 399 dólares, están incluidas de fábrica. Sumando dos años de uso, esa diferencia se traduce en un coste aproximado de 499 dólares para Nanit frente a los 399 dólares fijos de Owlet, un contraste que varios analistas del sector han bautizado como la trampa de la suscripción en la industria del cuidado infantil, tal y como recoge en detalle este análisis comparativo de monitores inteligentes.
Esta tensión entre hardware asequible y software de pago recurrente no es exclusiva del sector infantil, pero adquiere un matiz particular cuando el cliente es un progenitor exhausto a las tres de la madrugada, dispuesto a pagar casi cualquier cifra con tal de reducir la incertidumbre. Ninguno de los dos sistemas, además, es compatible con estándares domóticos abiertos como Matter, Thread o HomeKit, lo que obliga a los usuarios a permanecer atrapados dentro de la aplicación propietaria de cada fabricante, sin posibilidad de integrar el monitor en un ecosistema de casa inteligente más amplio.
El producto que marca el pulso del mercado: el Nanit Pro
Si hay un dispositivo que resume el momento actual del sector, ese es el Nanit Pro. Se trata de una cámara con sensor de 1080p, montable en pared o sobre un soporte plegable, que combina visión nocturna, sensores ambientales de temperatura y humedad, audio bidireccional y la posibilidad de dividir la pantalla entre dos cámaras simultáneas para familias con más de un hijo. Su punto diferencial sigue siendo la Breathing Wear: un peto o saco de dormir con un patrón impreso que la cámara interpreta mediante visión por ordenador para detectar el movimiento respiratorio sin necesidad de colocar ningún sensor sobre la piel del bebé. Nanit ha construido en torno a este dispositivo un catálogo creciente de prendas específicas por edad, lo que obliga a las familias a seguir comprando accesorios conforme el niño crece si quieren mantener el seguimiento de la respiración activo. La marca reforzó además su posicionamiento en noviembre de 2025 con una alianza con una organización de salud pediátrica para integrar sus datos de seguimiento con servicios de salud infantil, una jugada que busca alejar al producto de la etiqueta de simple gadget de consumo y acercarlo a la de herramienta clínica complementaria.
Ese intento de posicionarse como referente absoluto del sector no ha estado exento de fricciones legales. A comienzos de 2026, la División Nacional de Publicidad de BBB National Programs recomendó a UdiSense, la empresa matriz de Nanit, que dejara de emplear en redes sociales expresiones como monitor de bebés número uno, tras una denuncia presentada por Owlet. El caso, resuelto por la vía rápida conocida como Fast-Track SWIFT, ilustra hasta qué punto la batalla entre ambas marcas se libra tanto en el terreno técnico como en el publicitario, con reclamaciones cruzadas sobre quién ostenta realmente el liderazgo del segmento, según recoge la cobertura del caso publicada por BBB National Programs.
Un mercado que sigue creciendo pese a la fragmentación
Los datos del sector confirman que este pulso comercial no es casual. El mercado global de monitores de bebés inteligentes atraviesa una fase de expansión sostenida, impulsada por una demanda creciente de dispositivos multifuncionales que combinan streaming de vídeo, comunicación bidireccional y compatibilidad con el hogar conectado. Owlet lanzó en octubre de 2025 una nueva línea de monitores que incorpora análisis de sueño y respiración, ampliando su catálogo más allá del sensor de vitales que le dio fama inicial. Esta diversificación de producto responde a una lógica clara: cuantas más funciones dependan de la nube y del análisis de datos, más fácil resulta justificar ingresos recurrentes, ya sea vía suscripción directa o mediante la venta continuada de accesorios compatibles.
No conviene perder de vista tampoco el contexto corporativo de Owlet, que cotiza en la bolsa de Nueva York bajo el símbolo OWLT y que ha vivido movimientos relevantes en su cúpula directiva a lo largo de 2026, incluida la salida de su anterior consejero delegado. Estos cambios en la gestión de una compañía que se define como pionera de la monitorización infantil inteligente añaden otra capa de incertidumbre a un mercado que, pese a su madurez tecnológica, sigue buscando un modelo de negocio estable, tal y como reflejan los propios comunicados corporativos de la empresa, disponibles en la sección de relaciones con inversores de Owlet.
Reflexiones finales
Lo que emerge de todo esto es una industria que ha aprendido a vender algo más que hardware: vende la promesa de reducir el miedo asociado a la crianza, y ha descubierto que ese miedo es un motor comercial extraordinariamente eficaz. La pregunta que muchos padres se plantean ya no es solo qué dispositivo mide mejor la respiración o el oxígeno en sangre, sino cuánto están dispuestos a pagar, mes tras mes, por la sensación de control sobre algo tan imprevisible como el sueño de un recién nacido. Nanit y Owlet han optado por caminos técnicos distintos, pero ambos convergen en la misma conclusión estratégica: cuantos más datos generan sus sensores, más fácil resulta convertir esa información en un servicio del que resulta complicado prescindir una vez se ha empezado a depender de él.
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