Cuando suena un altavoz Bluetooth junto a la piscina y te sumerges, la música desaparece. El agua refleja casi todo el sonido que le llega desde el aire. Debajo solo queda un zumbido sordo y el ruido de la depuradora. La empresa hongkonesa Duramobi propone resolver esto de forma poco habitual. En lugar de apuntar la música al agua, la emite desde dentro. Su Pool Audio System W150 es un altavoz subacuático portátil. Se cuelga del borde con una pértiga telescópica y vibra en el agua mediante un transductor de aluminio cepillado. No requiere obras ni cableado. Incluye un mando de voz para entrenadores, batería para más de 12 horas y capacidad para 1000 canciones. Se financia en Kickstarter. Analizamos cómo funciona, qué ofrece y a quién puede interesar.
Por qué el sonido no entra en el agua
El problema es física básica. Según la entrada de Wikipedia sobre acústica submarina el sonido viaja en el agua unas 4,4 veces más rápido que en el aire. La densidad del agua es unas 820 veces mayor. La relación entre las impedancias acústicas de ambos medios ronda las 3600 veces.
Esa diferencia tiene una consecuencia práctica. La superficie del agua se comporta como un reflector casi perfecto para frecuencias por debajo de 1 kHz. Un altavoz convencional situado en la cubierta pierde casi toda su energía antes de llegar a los bañistas. Subir el volumen no ayuda, porque el obstáculo es la superficie y no la potencia del altavoz.
La solución lógica es colocar la fuente dentro del medio. Eso es lo que hace el W150. Su transductor es un disco sellado que hace vibrar el agua directamente. Las ondas se propagan por el volumen de la piscina y llegan al oído sin pasar por la barrera de la superficie. El cráneo transmite buena parte de esas vibraciones al oído interno. Por eso la música parece venir de todas partes a la vez.
El W150, el producto principal
El conjunto tiene dos partes. Arriba queda un cuerpo negro de forma triangular con asa, pantalla digital, botones y una tira de luz vertical. Abajo cuelga el transductor. Entre ambos hay una pértiga telescópica que se extiende de 340 a 900 mm. Con ese rango, el transductor queda sumergido tanto si la piscina está llena como si el nivel ha bajado unos centímetros.
Los mandos permanecen fuera del agua. Se pueden usar con las manos mojadas y sin sumergirse. El fabricante asegura que una sola unidad cubre unos 6 por 6 metros, es decir, unos 36 metros cuadrados. Eso equivale a un spa grande o a una zona amplia de una piscina doméstica.
Para piscinas mayores, la guía de instalación recomienda dos unidades en una piscina de 12 por 6 metros. En una de tipo resort de unos 25 por 21 metros, sugiere entre cuatro y seis. Las unidades se sincronizan para reproducir la misma canción a la vez.
Resistencia, batería y conectividad
La carcasa es de material compuesto y está sellada. Cuenta con certificación IP68, que cubre inmersión hasta 1,5 metros. Duramobi también indica resistencia al cloro, a la sal y a la corrosión. El peso total es de unos 2,24 kg, algo asumible para llevarlo de un lado a otro.
La batería dura más de 12 horas, según el fabricante, aunque el tiempo real depende del volumen y del modo elegido. La carga es magnética y no necesita tapa de puerto. Una carga completa lleva unos 90 minutos.
El altavoz guarda hasta 1000 canciones en memoria interna, de modo que el teléfono puede quedarse lejos de las salpicaduras. Si se prefiere reproducir en streaming, admite Bluetooth 5.3 con Android, iOS y Windows. Además, ofrece cuatro modos de ecualización: Home, Spa, Train y Resort. Cada uno ajusta la respuesta según el entorno y el tipo de uso.
Entrenadores, escuelas y hoteles
El accesorio más interesante es el Live Voice Remote. Es un mando de mano que permite al entrenador hablar directamente al agua. Resuelve un problema clásico de la natación. Las indicaciones gritadas desde el borde no llegan a quien tiene la cabeza sumergida.
El mando también controla reproducción, pausa, volumen y ecualización. El entrenador no necesita volver al altavoz durante la sesión. Puede combinar una lista de reproducción con un ritmo marcado y avisos hablados. Todos los nadadores reciben el mismo mensaje a la vez, sin auriculares ni señales con las manos.
Los casos de uso son variados. Entrenamiento de natación, natación sincronizada, aquagym, escuelas, hoteles, resorts y piscinas particulares. La natación sincronizada es el ejemplo más claro, porque mantener el ritmo común bajo el agua es parte esencial de la disciplina.
La idea no es nueva en el terreno artístico. El compositor francés Michel Redolfi ofreció conciertos subacuáticos a principios de los años ochenta. El público escuchaba flotando en piscinas y calas con los oídos sumergidos. El W150 lleva ese concepto a un uso cotidiano y comercial.
Instalación sin obras
La puesta en marcha requiere pocos pasos. Se ajusta la pértiga, se enlaza el teléfono por Bluetooth o se elige una canción de la biblioteca interna, se selecciona el modo de ecualización y se baja el transductor al agua. No hay que taladrar ni instalar piezas fijas.
Esto resulta útil para inquilinos, gestores de hoteles y clubes que comparten piscina. Se monta antes de la sesión y se retira al terminar. Mientras los nadadores se secan, la unidad se recarga de forma magnética.
Precio y disponibilidad
El proyecto está en Kickstarter. El precio de oferta es de 229 dólares, frente a los 399 del precio previsto, lo que supone un 43 % de descuento. Según la página, quedaban 287 de 300 unidades con esa tarifa en el momento de la publicación. Como en cualquier campaña de micromecenazgo, conviene recordar que el producto aún está pendiente de entrega y que los plazos pueden variar.
La información original procede de un artículo de Yanko Design, donde se detallan sus características.
Reflexiones adicionales
El W150 ataca un problema real con una solución sensata. Hasta ahora, la música en la piscina dependía de altavoces flotantes que seguían emitiendo al aire. Aquí la fuente trabaja en el medio correcto. Eso explica la promesa de sonido uniforme en toda la zona de baño.
Quedan dudas razonables. Duramobi no ofrece, en la información disponible, datos de respuesta en frecuencia ni de nivel de presión sonora bajo el agua. Sin esas cifras es difícil valorar la calidad de graves y agudos. La cobertura de 36 metros cuadrados dependerá además de la forma de la piscina, del material de las paredes y de la profundidad.
También hay una cuestión de uso. Escuchar música sumergido durante horas puede resultar incómodo para algunas personas. Un entrenador que habla al agua debe cuidar el volumen. El control de nivel y los modos de ecualización serán clave en la práctica.
Aun así, la propuesta tiene sentido para escuelas de natación, equipos de sincronizada y alojamientos con piscina. Para el uso doméstico es un capricho, pero con una justificación técnica clara. Habrá que ver las primeras pruebas independientes para saber si el rendimiento acompaña a las especificaciones.
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