Picotronix es un instrumento de medida modular para aficionados. Reúne en un solo equipo un osciloscopio, un analizador lógico y un frecuencímetro. Lo desarrolla Thort Werx, una empresa de Sídney. Por dentro lleva dos placas Raspberry Pi Pico 2. Una procesa las señales. La otra se ocupa de la pantalla y de la conexión inalámbrica. El módulo principal admite tres módulos de ampliación, llamados picoPods. Con ellos se añaden convertidores más rápidos, análisis lógico para varias familias de tensión o un generador de ondas. El proyecto busca financiación en Kickstarter con una meta de 10 000 dólares australianos. El módulo base parte de unos 134 dólares estadounidenses. Repasamos qué ofrece, cómo funciona y qué dudas deja abiertas.

Un instrumento hecho con dos Pico 2

La mayoría de los instrumentos para aficionados se apoyan en un solo microcontrolador. Picotronix usa dos. Una Raspberry Pi Pico 2 hace de procesador de señal. Una Pico 2 W gestiona la pantalla y el Wi-Fi. La separación tiene sentido. La captura de señales no compite con la interfaz ni con la red.

Ambas placas llevan el RP2350. Según la ficha oficial del RP2350, el chip incorpora dos núcleos a 150 MHz y 520 KB de SRAM. También integra tres bloques PIO con 12 máquinas de estado en total. Estas máquinas de estado son programables. Capturan y generan señales con una temporización exacta, sin cargar a los núcleos principales. Gracias a ellas, un equipo tan barato alcanza los 150 MHz de muestreo en la parte lógica.

El módulo principal en detalle

El módulo principal funciona como un osciloscopio de almacenamiento digital de dos canales. Incluye también un analizador lógico de 8 canales y un frecuencímetro. El analizador se amplía hasta 14 canales con un picoPod y muestrea hasta 150 MHz. La pantalla es un panel LCD en color de 320 × 240 píxeles fabricado por Pimoroni.

La entrada analógica acepta 3 Vpp o 16,6 Vpp con una impedancia de 1 MΩ. Además, ofrece entradas BNC adicionales para señales de corriente alterna y continua. La captura usa el convertidor analógico-digital de 12 bits del RP2350. Las bases de tiempo van de 5 ms a 10 µs por división.

Aquí conviene hacer una cuenta. Ese convertidor trabaja, según las especificaciones del chip, a un máximo de 500 000 muestras por segundo. Eso supone una muestra cada 2 µs. En la base de 10 µs por división caerían unas cinco muestras por división. Es suficiente para ver la forma general de una señal lenta. Para señales rápidas hacen falta los picoPods con convertidores externos.

El módulo tiene tres puertos de expansión. Dos son analógicos, de 10 pines. El tercero es multifunción, de 26 pines. También hay una entrada auxiliar que sirve de sonda lógica o de voltímetro. Esa entrada funciona incluso sin ninguna de las dos Pico.

La alimentación es flexible. Se puede usar USB, una fuente de 9 a 12 V o cuatro pilas AAA. Esto último facilita las mediciones en campo, lejos del banco de trabajo.

picoPods: crecer por piezas

La parte más interesante del sistema son los módulos de ampliación. El fabricante prepara varios. Los de entrada analógica de un solo extremo ofrecen ventanas de 500 mV, 1 V, 2 V y 5 V. Esas ventanas se desplazan dentro de un rango de ±5 V. Una entrada BNC con atenuación x10 llega hasta ±50 V.

Hay además módulos diferenciales. Uno mide 2 Vpp. Otro admite una tensión en modo común de ±25 V y cambia entre rangos x1 y x10 por software. La medida diferencial es útil para circuitos que no comparten masa con el instrumento.

El módulo Wave-05 añade un generador de ondas. Usa un convertidor digital-analógico R2R de 12 bits. Genera señales de entre 10 mVpp y 3,3 Vpp, con un desplazamiento programable de ±5 V. Incluye también dos referencias de tensión de precisión.

El analizador de estados lógicos de 12 bits muestrea a 150 millones de muestras por segundo. Se divide en tres puertos de 4 bits. Cada puerto puede trabajar con una familia lógica distinta de 1,8, 2,5, 3,3 o 5 V. Eso resulta práctico cuando se depura una placa que mezcla niveles.

El módulo MSO-12 combina un convertidor de 8 bits a 100 millones de muestras por segundo con 8 entradas lógicas. Suma un convertidor serie de 12 bits y cuatro canales. Este último detecta además la tensión de cada familia lógica.

Por último, el módulo ADC-100 lleva dos convertidores de 100 millones de muestras por segundo. Con una RP2350 a 150 MHz de serie captura hasta 75 millones de muestras por segundo en un canal. En los dos canales a la vez baja a 50 millones. También hay un módulo didáctico, Electronix Lab, que se conecta por cable a los tres puertos. Permite configurar lógica, generar una señal real y verla en la pantalla.

Programación y código abierto

El equipo se programa en MicroPython. Los scripts tienen acceso directo a las máquinas de estado PIO, lo que permite exprimir el rendimiento. También habrá un emulador para PC. Con él se podrán desarrollar los scripts sin tener el aparato delante.

La documentación es el punto débil por ahora. No hay manual de usuario. Los detalles técnicos están repartidos en las entradas del blog de Picotronix y en varios vídeos. El más destacado dura 21 minutos y compara el equipo con un Tektronix TBS 2000.

El fabricante afirma que todo es abierto. Sin embargo, no queda claro qué partes se publicarán. No se menciona ninguna liberación del hardware ni del firmware. La campaña sí indica que parte del código será de código abierto y que la comunidad podrá ampliar las funciones. Habrá que ver hasta dónde llega esa promesa.

Precio, plazos y condiciones

El proyecto se financia en Kickstarter. La meta son 10 000 dólares australianos, unos 7000 dólares estadounidenses. La recompensa del módulo principal cuesta 134 dólares estadounidenses. Incluye la unidad completa y un juego de cables. Los picoPods se pagan aparte. También hay paquetes con módulos concretos.

El envío cuesta entre 20 y 40 dólares australianos dentro de Australia. Al resto del mundo suma entre 21 y 42 dólares estadounidenses. Las entregas empezarían en marzo de 2027. Desde España habrá que añadir el IVA y posibles gastos de aduana, ya que el envío sale de fuera de la Unión Europea.

Reflexiones adicionales

Picotronix tiene una idea sólida. Aprovecha lo que la RP2350 hace bien y lo complementa con módulos baratos. Para quien quiera aprender electrónica, o depurar buses lógicos de baja velocidad, puede ser una herramienta muy útil. El módulo didáctico apunta en esa dirección.

También conviene ser prudente. Una campaña de mecenazgo siempre implica riesgo de retrasos. La falta de manual y las dudas sobre la apertura del código restan confianza por ahora. Y el rendimiento analógico del módulo base es modesto. No sustituye a un osciloscopio de laboratorio.

Un último apunte de seguridad. La entrada x10 llega a ±50 V. Eso no la hace apta para medir la red eléctrica. Para tensiones peligrosas hacen falta instrumentos con aislamiento y homologación.

Si el proyecto cumple lo prometido, será un buen complemento para el banco de trabajo de cualquier aficionado a la electrónica y a los proyectos con microcontroladores. Seguiremos su evolución.

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