Los cascos gaming premium ya no son solo un capricho de coleccionista: se han convertido en una categoría con entidad propia dentro del mercado de periféricos. Asus ROG ha decidido meterse de lleno en esta guerra con el Kithara, un modelo con cable desarrollado junto a la firma de alta fidelidad HiFiMan que promete un sonido de referencia a cambio de un precio y un tamaño nada discretos. Tras varias semanas de uso en distintas plataformas, la conclusión es que el Kithara cumple de sobra en lo sonoro, pero exige paciencia con los cables, los adaptadores y su volumen físico, que no es precisamente compacto. En este artículo repasamos qué aporta este headset frente a la competencia, cómo se comporta en el día a día y si merece la pena desembolsar cerca de 300 dólares por él.
Un mercado que se ha vuelto de lujo
El segmento de auriculares para videojuegos lleva un par de años escalando en precio y prestaciones. Sony presentó su Inzone H9 II apostando por cancelación activa de ruido y sonido hi-fi por 350 dólares, mientras que SteelSeries fue todavía más lejos con el Arctis Nova Elite, que ronda los 600 dólares y añade una base capaz de mezclar varias fuentes de audio a la vez. En ese contexto, el Asus ROG Kithara, con un precio de 299 dólares, aparece como una opción intermedia, aunque sigue siendo una cifra considerable para unos cascos de juego. La clave de su propuesta está en los transductores: monta drivers planos magnéticos de 100 milímetros fabricados por HiFiMan, una tecnología habitual en auriculares audiófilos de gama alta y poco frecuente en el mundo del gaming, donde suelen predominar los drivers dinámicos convencionales de menor tamaño. Ese salto técnico se nota especialmente en la separación de frecuencias y en la naturalidad del sonido, algo que normalmente cuesta encontrar en un dispositivo pensado sobre todo para partidas competitivas.
Cómo suena realmente en las partidas
Las pruebas con distintos títulos confirman que el salto de calidad no es solo teórico. En Fortnite, los disparos suenan con un nivel de detalle inusual y los pasos u otros sonidos ambientales transmiten una sensación de espacialidad muy marcada, algo fundamental tanto para la inmersión como para la jugabilidad competitiva, donde saber de dónde viene un sonido puede marcar la diferencia. En Cyberpunk 2077, jugado en Xbox Series S, la música y los diálogos se desplazan de forma coherente según la orientación del personaje, generando un efecto de sonido envolvente convincente pese a tratarse de un dispositivo estéreo. Incluso en un juego con menos exigencias espaciales como Super Smash Bros. Ultimate en Nintendo Switch, la claridad general del sonido se mantiene por encima de la media del segmento. En cuanto al volumen, al 80% en portátil, consola o híbrida resulta más que suficiente para un uso normal, aunque quienes jueguen en un PC de sobremesa con varios ventiladores generando ruido de fondo podrían echar en falta algo más de potencia y plantearse emparejar el headset con un DAC externo.
El diseño abierto, la gran apuesta sonora
Otro de los elementos diferenciales del Kithara es su diseño de cámara abierta: la parte exterior de las orejeras no está completamente sellada, sino que cuenta con una rejilla metálica y una fina capa de espuma que separan el oído del exterior. Esta configuración, muy habitual en la alta fidelidad pero rara en el gaming, mejora la ventilación y reduce esa sensación desagradable de escuchar la propia voz reverberando dentro de la cabeza. También permite percibir sonidos del entorno, como que alguien te esté hablando, sin necesidad de quitarte los cascos. La contrapartida evidente es que el diseño abierto hace imposible cualquier tipo de cancelación activa de ruido, así que quienes busquen aislamiento total del entorno deberían mirar hacia otro lado.
El producto en detalle: construcción, micrófono y opciones de conexión
Centrándonos en el propio Kithara como producto, su acabado transmite una sensación de calidad acorde al precio: estructura de aluminio, acentos metálicos en la zona de la rejilla y dos juegos de almohadillas intercambiables, unas de piel sintética con tejido —orientadas a priorizar la fidelidad sonora— y otras de velour, más suaves al tacto. El micrófono, de tipo MEMS con brazo abatible, utiliza tecnología de beamforming para aislar la voz del usuario y filtrar el ruido ambiental, lo que en pruebas prácticas se tradujo en valoraciones de hasta 9 sobre 10 en claridad por parte de otros jugadores durante partidas online. En cuanto a la conectividad, el paquete incluye dos cables distintos —uno con micrófono integrado y otro trenzado sin él—, además de un dongle USB-C, un conector balanceado de 4,4 milímetros, un adaptador de un cuarto de pulgada típico de interfaces de audio profesionales y un adaptador de 3,5 milímetros estándar. Esta variedad permite conectarlo prácticamente a cualquier dispositivo, desde una PS5 o una Switch hasta un portátil gaming o un equipo de sobremesa, aunque con matices importantes: en Xbox Series S y Series X no es compatible de forma nativa con el micrófono, ya que ninguna de las dos consolas dispone de puerto USB-C, y en el caso de la Switch, usar el dongle implica renunciar a cargar la consola mientras se juega.
El tamaño, el otro gran obstáculo
Si el precio es la primera barrera de entrada, el tamaño es la segunda. El Kithara es, sencillamente, enorme. Con un peso de 420 gramos y una diadema que, incluso ajustada a su posición más pequeña, deja un hueco notable sobre la cabeza, no es precisamente un accesorio discreto. Aun así, la sensación de uso prolongado es sorprendentemente cómoda gracias al acolchado de las almohadillas y a una distribución de peso bien pensada. El problema es más estético que funcional: no es un headset pensado para quien valore la discreción o el uso en espacios compartidos, sino para quien prioriza el rendimiento sonoro por encima de cualquier otra consideración.
Comparativa con la competencia y contexto de mercado
Puesto en perspectiva frente a otros modelos de gama alta, el Kithara resulta más asequible que el Inzone H9 II de Sony o el Arctis Nova Elite de SteelSeries, aunque ninguno de los tres puede considerarse una compra impulsiva. Cada fabricante ha optado por una estrategia distinta para justificar el sobrecoste: Sony apuesta por la cancelación de ruido combinada con sonido hi-fi, tal y como recoge la propia review de Gizmodo sobre el Inzone H9 II. SteelSeries, por su parte, añade una base de audio capaz de mezclar varias fuentes simultáneamente, como se detalla en el análisis del Arctis Nova Elite.. Asus ROG, en cambio, ha preferido centrarse exclusivamente en la calidad del driver y en la colaboración con una marca especializada en audio de referencia como HiFiMan, cuya gama de auriculares planares puede consultarse en su web oficial.. Esta decisión de diseño explica tanto sus virtudes como sus limitaciones: un sonido excepcional a costa de renunciar a comodidades como la conexión inalámbrica o la cancelación de ruido, que sí ofrecen sus rivales directos.
Reflexiones finales
El Asus ROG Kithara deja claro que la calidad de sonido y la comodidad de uso no siempre van de la mano. Es un producto que recompensa a quien esté dispuesto a lidiar con cables, adaptadores y un tamaño considerable a cambio de una experiencia auditiva que roza el terreno audiófilo, algo poco habitual en el gaming. Para jugadores que priorizan la practicidad, el catálogo inalámbrico de la competencia seguirá siendo más atractivo, pero para quienes busquen exprimir al máximo el apartado sonoro de sus partidas, el Kithara representa una de las propuestas más sólidas del año dentro de esta franja de precio.
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