Pollen Robotics y Hugging Face han presentado Microduck, un robot bípedo con forma de pato pensado para experimentar con inteligencia artificial física de forma tangible. No es un juguete al uso ni un proyecto de laboratorio inaccesible: es un dispositivo de apenas 25 cm de altura que combina hardware abierto en parte, software de código abierto y un enfoque lúdico para acercar la robótica de piernas a makers, estudiantes y desarrolladores. En nuestro caso, ya habíamos analizado el Reachy Mini, el robot de sobremesa de las mismas compañías, y Microduck se presenta como su hermano con patas, aunque ambos fabricantes insisten en que son productos distintos con propósitos diferentes. Mientras que Reachy Mini se centra en la interacción humano-robot, Microduck pone el foco en el movimiento y la acción física, sin dejar de lado el componente social gracias a su micrófono y altavoz integrados.
Un pato con más sensores que un dron
Microduck pesa menos de 800 gramos y mide 25 cm de alto por 14 cm de ancho, unas dimensiones que lo sitúan cómodamente en la categoría de robot de escritorio. Su cerebro es un SoC Rockchip RK3566, con CPU quad-core Cortex-A55 a hasta 1,8 GHz, GPU Mali-G52 y un NPU de 0,8 TOPS para tareas de inferencia de IA en el propio dispositivo. A eso se suman 1 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento eMMC, cifras modestas si las comparamos con un ordenador de sobremesa, pero suficientes para mover un robot educativo de este tamaño. El apartado de percepción incluye una cámara frontal con indicador luminoso dedicado, dos IMU (una en el cuerpo y otra en la cabeza) y un sensor ToF LiDAR compacto de matriz 8×8, cuyo alcance definitivo todavía no se ha confirmado. La conectividad corre a cargo de Wi-Fi, Bluetooth y NFC con dos antenas, una en la cabeza y otra en el pico articulado.
Movimiento, no solo conversación
A diferencia de Reachy Mini, que apostaba por la interacción social, Microduck pone toda la carne en el asador de la locomoción bípeda. Cuenta con 15 grados de libertad repartidos entre piernas, cuello y cabeza, lo que le permite caminar, girar y realizar gestos con cierta fluidez. Su pico articulado no es solo estético: puede agarrar objetos pequeños, convirtiendo al robot en una plataforma válida para experimentos de manipulación física además de desplazamiento. La batería es una NP-F550 de 2600 mAh, el mismo tipo de acumulador que llevan muchas cámaras de vídeo, y ofrece alrededor de una hora de autonomía en uso activo. El robot se entrega con un mando de videojuegos, la batería y un cable USB, y viene con siete movimientos ya entrenados de fábrica, por lo que se puede empezar a jugar con él sin escribir una sola línea de código.
El corazón software: Rust en el robot, Python para entrenar
El apartado técnico más interesante para makers y desarrolladores es la pila de software. En el propio robot corre un conjunto de procesos escritos en Rust que gestionan un bucle de control a 50 Hz para los quince servomotores, además de la radio, la cámara, el sensor de profundidad y el motor de actualizaciones. Este código está publicado como proyecto de código abierto, tal y como puede comprobarse en el repositorio oficial en GitHub. Para quienes quieran entrenar comportamientos nuevos mediante aprendizaje por refuerzo, existe un repositorio independiente con herramientas de simulación escritas en Python, pensado para iterar modelos antes de subirlos al hardware real. Además, Pollen Robotics ha publicado un simulador de Microduck alojado en Hugging Face Spaces, que permite controlar un pato virtual con el teclado antes de comprar el robot físico, aunque conviene usar Chrome en lugar de Firefox si no se quiere sufrir con la fluidez de la interfaz.
Precio, disponibilidad y matices sobre el «open source»
Uno de los puntos que conviene aclarar es el alcance real de la apertura del proyecto. Aunque el software y el SDK son de código abierto, la compañía no ha publicado los archivos de diseño mecánico ni electrónico, y ha pedido expresamente que, por ahora, no se describa a Microduck como «hardware de código abierto». Es una matización importante para quien busque un robot totalmente replicable en un taller casero: de momento solo la capa de software cumple ese requisito. Las reservas ya están abiertas a través de la web de Pollen Robotics, con un precio de 399 dólares, y el robot solo estará disponible inicialmente en Norteamérica y Europa. Los primeros envíos están previstos antes de Navidad de 2026, así que quien reserve ahora tendrá que armarse de paciencia unos meses.
Microduck como plataforma de aprendizaje
Más allá de la anécdota simpática de un pato robótico, el verdadero interés de Microduck está en su papel como plataforma educativa y de investigación en IA física, un campo que está viviendo un auge notable gracias al abaratamiento de sensores y motores de precisión. Un robot bípedo de bajo coste con sensores de profundidad, IMUs y una API abierta permite a estudiantes y aficionados experimentar con control de equilibrio, planificación de movimientos y aprendizaje por refuerzo sin necesitar el presupuesto de un laboratorio universitario. El hecho de que venga con movimientos preentrenados y un simulador accesible reduce la barrera de entrada, mientras que la posibilidad de programar comportamientos personalizados en Rust y Python lo convierte en una herramienta seria para quienes quieran ir más allá del uso lúdico. Para hacerse una idea del ecosistema en el que se mueve, merece la pena echar un vistazo también a la comparación de sensores ToF de STMicroelectronics, ya que el sensor que monta Microduck podría pertenecer a esa misma familia.
Reflexiones finales
Microduck llega en un momento en el que la robótica humanoide y bípeda de bajo coste empieza a salir de los laboratorios para llegar a mesas de makers y aulas de instituto. No es un producto revolucionario en el sentido de aportar tecnología inédita, pero sí resulta interesante por su enfoque accesible: un precio de 399 dólares, un ecosistema de software abierto y un diseño pensado tanto para jugar como para investigar. La decisión de no llamarlo «hardware abierto» deja claro que todavía queda trabajo por hacer en materia de transparencia total, pero el hecho de que el control en tiempo real y las herramientas de simulación estén disponibles públicamente ya es un paso relevante. Habrá que ver si el ecosistema de la comunidad crece alrededor de este pato tanto como lo hizo alrededor de otros robots educativos anteriores, y si Pollen Robotics termina liberando también los diseños mecánicos más adelante.
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