La inteligencia artificial ya no solo sirve para buscar información, resumir documentos o recomendar productos. Poco a poco también está empezando a participar en procesos de compra completos, hasta el punto de ejecutar pagos en nombre de un usuario previamente autorizado. Ese es precisamente el escenario que BBVA y Visa han querido demostrar mediante una transacción real realizada dentro del programa europeo Visa Agentic Ready.

La prueba supone un paso importante para el denominado comercio agéntico, un modelo en el que un asistente basado en IA puede localizar un producto, comparar alternativas, seleccionar la mejor opción y completar el pago respetando las medidas de seguridad y la normativa vigente. Aunque todavía se trata de una tecnología en fase inicial, el experimento confirma que la infraestructura actual de pagos digitales ya puede adaptarse a este tipo de operaciones sin necesidad de rediseñar completamente los sistemas existentes.

La inteligencia artificial da un nuevo paso en el comercio electrónico

Durante los últimos años hemos visto cómo los modelos de inteligencia artificial generativa se han convertido en herramientas habituales para millones de usuarios. Sin embargo, hasta ahora su papel terminaba normalmente cuando ofrecían una recomendación o respondían a una consulta. El siguiente paso consiste en permitir que esos sistemas puedan actuar directamente en representación del usuario cuando éste lo autorice.

Ese es el objetivo del denominado comercio agéntico. En lugar de limitarse a sugerir un portátil, un vuelo o un hotel, un agente de IA puede analizar cientos de opciones disponibles, comparar precios, revisar condiciones de envío y ejecutar la compra automáticamente respetando los límites previamente establecidos por el propietario de la tarjeta.

Este enfoque promete reducir considerablemente el tiempo necesario para realizar determinadas compras repetitivas o búsquedas complejas. También abre la puerta a asistentes personales mucho más sofisticados capaces de gestionar tareas cotidianas prácticamente sin intervención humana.

No obstante, para que este modelo resulte viable es imprescindible garantizar que todas las operaciones mantengan los mismos niveles de seguridad que los pagos digitales actuales. Precisamente ahí es donde entra en juego la iniciativa desarrollada por BBVA y Visa.

BBVA completa una compra iniciada por un agente de IA

El protagonista ha sido el BBVA, que ha logrado completar con éxito una transacción iniciada por un agente de inteligencia artificial utilizando una tarjeta real y la infraestructura habitual de un comercio en funcionamiento. No se trató de una simulación de laboratorio, sino de una operación realizada bajo condiciones reales dentro del programa Visa Agentic Ready.

La demostración permitió comprobar que un agente inteligente puede actuar en nombre del titular de una tarjeta siempre que exista un consentimiento previo y se respeten todas las medidas de control impuestas por la entidad financiera y la legislación europea.

Uno de los aspectos más relevantes es que el pago no necesitó una infraestructura completamente nueva. La operación utilizó los mismos mecanismos tecnológicos presentes en millones de compras digitales realizadas cada día, demostrando que la evolución hacia este tipo de comercio puede apoyarse en plataformas ya desplegadas a gran escala.

La tecnología utilizada detrás de la operación

La prueba se apoyó en Visa Intelligent Commerce, una plataforma diseñada para facilitar que agentes de inteligencia artificial puedan interactuar con los sistemas de pago de forma segura.

Desde el punto de vista técnico, la transacción utilizó tokenización para sustituir el número real de la tarjeta por un identificador criptográfico temporal. Este mecanismo reduce significativamente la exposición de los datos bancarios durante el proceso de compra y constituye uno de los pilares actuales de la seguridad en pagos digitales.

La operación también incorporó monitorización antifraude en tiempo real mediante motores de análisis capaces de evaluar múltiples variables durante apenas unos milisegundos. Entre ellas pueden encontrarse la localización geográfica, el historial de compras, el dispositivo utilizado, el importe de la operación o patrones estadísticos asociados al comportamiento habitual del cliente.

Además, para cumplir los requisitos europeos de Strong Customer Authentication (SCA), se empleó Visa Payment Passkeys, un sistema de autenticación biométrica que sustituye las contraseñas tradicionales por credenciales protegidas mediante estándares FIDO. Esta tecnología permite validar la identidad utilizando biometría del dispositivo sin transmitir datos sensibles durante la autenticación.

Seguridad y control siguen siendo prioritarios

Uno de los principales interrogantes que plantea este tipo de soluciones es hasta qué punto un agente de IA puede tomar decisiones financieras en nombre de un usuario.

La propuesta presentada por Visa y BBVA mantiene al propietario de la tarjeta como responsable final de la autorización. El agente no dispone de libertad absoluta para realizar cualquier compra, sino que actúa dentro de permisos previamente configurados.

En la práctica, el usuario podrá definir límites económicos, categorías autorizadas, comercios permitidos o incluso horarios concretos en los que el asistente tenga capacidad para operar.

Este enfoque resulta especialmente importante porque la normativa europea sobre servicios de pago exige mantener mecanismos sólidos de autenticación y supervisión. El objetivo consiste en que la automatización aumente la comodidad sin reducir el nivel de protección existente.

Desde la perspectiva bancaria también continúa presente la supervisión del emisor, que mantiene capacidad para detectar operaciones sospechosas, bloquear transacciones anómalas o solicitar verificaciones adicionales cuando sea necesario.

Mucho más que un experimento tecnológico

Aunque pueda parecer una demostración puntual, la iniciativa forma parte de un proyecto europeo bastante más amplio.

Más de treinta entidades financieras participan en este programa impulsado por Visa junto con comercios pertenecientes a sectores como el turismo, el comercio minorista o los servicios digitales. El objetivo consiste en validar que el comercio agéntico puede funcionar dentro del ecosistema financiero actual sin alterar las garantías existentes para consumidores y empresas.

Según datos compartidos por Visa, un 62 % de los consumidores españoles ya utiliza herramientas de inteligencia artificial para buscar ideas de regalos, investigar productos o comparar precios antes de comprar. El siguiente paso natural consiste en que esos asistentes puedan completar también la operación cuando el usuario así lo decida.

Qué ventajas podría aportar al consumidor

Si esta tecnología termina consolidándose, la experiencia de compra cambiará de forma considerable..

Un usuario podría pedir simplemente que encuentre el mejor billete de avión para unas fechas determinadas respetando un presupuesto máximo. El agente analizaría cientos de alternativas, filtraría las opciones menos interesantes y completaría automáticamente la reserva.

Algo parecido podría ocurrir con compras recurrentes como material de oficina, productos de alimentación, componentes informáticos o suministros empresariales.

Desde el punto de vista técnico, un agente de IA puede procesar simultáneamente miles de referencias comerciales, comparar especificaciones técnicas estructuradas y evaluar variables como costes logísticos, tiempos estimados de entrega, valoraciones históricas y disponibilidad en inventario utilizando algoritmos de optimización multicriterio imposibles de replicar manualmente en tiempos razonables.

Asimismo, la automatización puede disminuir errores humanos durante procesos repetitivos y reducir el tiempo dedicado a tareas administrativas de escaso valor añadido.

También existen desafíos importantes

Pese a sus ventajas, todavía quedan numerosos aspectos por resolver antes de que este modelo llegue al mercado de forma masiva.

Uno de ellos es la responsabilidad legal cuando una IA realiza una compra equivocada o interpreta incorrectamente las preferencias del usuario.

También será necesario mejorar la transparencia de estos sistemas para que los consumidores comprendan por qué el agente ha seleccionado un determinado producto frente a otro.

Desde el punto de vista técnico, los modelos deberán incorporar mecanismos de trazabilidad que permitan reconstruir las decisiones adoptadas durante cada proceso de compra, facilitando auditorías posteriores y garantizando el cumplimiento de los requisitos regulatorios impuestos por la futura legislación europea sobre inteligencia artificial.

Otro reto importante será impedir ataques dirigidos contra agentes inteligentes capaces de manipular recomendaciones, alterar precios mostrados o intentar provocar compras fraudulentas mediante técnicas de ingeniería social automatizada.

Un cambio que probablemente veremos de forma gradual

Todo apunta a que la llegada del comercio agéntico será progresiva. Las primeras aplicaciones aparecerán probablemente en compras de bajo riesgo o tareas repetitivas donde la automatización aporte ventajas claras.

Con el tiempo podrían incorporarse nuevos niveles de autonomía conforme aumente la confianza de usuarios, bancos, comercios y organismos reguladores.

BBVA considera esta prueba como una forma de estudiar cómo evolucionarán las experiencias de pago durante los próximos años, mientras Visa continúa ampliando un ecosistema en el que participan entidades financieras, empresas tecnológicas y comercios de distintos sectores.

Para quienes siguen la evolución de la banca digital, este anuncio representa una señal clara de hacia dónde se dirige el mercado. Los asistentes inteligentes dejarán de limitarse a responder preguntas para convertirse, poco a poco, en herramientas capaces de gestionar operaciones completas bajo supervisión humana.

Reflexiones finales

La primera transacción iniciada por un agente de inteligencia artificial realizada por BBVA junto con Visa demuestra que la infraestructura financiera actual está preparada para comenzar a integrar nuevas formas de interacción entre usuarios, bancos y comercios. La tecnología todavía debe superar importantes retos relacionados con la confianza, la regulación y la responsabilidad jurídica, pero la dirección parece clara. Durante los próximos años veremos cómo los asistentes inteligentes dejan de ser simples herramientas de consulta para asumir tareas cada vez más complejas, siempre bajo el control del usuario y respaldados por mecanismos de autenticación, cifrado y supervisión bancaria similares a los que ya protegen millones de pagos electrónicos diarios.

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