Una startup de Houston ha encontrado una fuente de litio donde nadie miraba: el agua residual de los pozos petrolíferos de Texas. Element3 filtra esa salmuera y obtiene materia prima para baterías de coches eléctricos. Su planta de Midland ya produce y es la primera instalación nueva de extracción de litio en Estados Unidos desde los años sesenta. El agua sale de la Cuenca Pérmica, que genera unos 4,1 millones de metros cúbicos al día junto al crudo. Hasta ahora se trataba como un problema logístico. La empresa la trata como un recurso. El proyecto aprovecha investigación del Departamento de Energía estadounidense y una red de tuberías que ya existe. Eso reduce costes y evita mover el líquido a otro sitio. Además, el litio extraído puede competir con el que hoy procesa China. Analizamos cómo funciona la tecnología, qué capacidad tiene y qué dudas deja abiertas.
Un residuo que pesa más que el petróleo
La Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, es en la actualidad una de las zonas petrolíferas más productivas del país. Bombea unos seis millones de barriles de crudo al día, unos 950.000 metros cúbicos. Pero el petróleo no sale solo. Con él sube una cantidad de agua mucho mayor, cercana a 26 millones de barriles diarios. Son unos 4,1 millones de metros cúbicos, el consumo diario de agua de toda la ciudad de Nueva York.
Ese líquido tiene mala pinta. Es gris oscuro por los restos de hidrocarburo y huele mal por las bacterias del subsuelo. Pero también es agua marina muy antigua, atrapada durante cientos de millones de años. Su salinidad es unas cinco veces la de los océanos actuales. En esa salmuera hay litio, magnesio y estroncio.
Hood Whitson, fundador y consejero delegado de Element3, vio ahí una oportunidad. La industria petrolera ya había construido una red enorme para mover, tratar y reutilizar esa agua. Gran parte de ella acaba en operaciones de fracturación hidráulica. Si el litio se extrae sin sacar el agua de esa red, nadie tiene que pagar una infraestructura nueva.
Cómo se saca el litio de la salmuera
Element3 se fundó en 2021 y comercializa investigación del Laboratorio Nacional de Oak Ridge. Según PitchBook, ha recaudado algo más de 20 millones de dólares y tiene 15 empleados. Es una empresa pequeña para un reto tan grande.
El método se conoce como extracción directa de litio. Se instala una planta junto a las tuberías existentes. La planta desvía el agua, la filtra y la devuelve a la red. No hay que transportarla ni eliminarla.
El filtrado usa un medio propio de la empresa, basado en materiales absorbentes que atrapan los iones de litio. El resultado inicial es cloruro de litio. Después, la planta lo transforma mediante carbonatación y electrólisis en carbonato de litio en polvo y en hidróxido de litio. Son dos de las materias primas básicas para fabricar baterías.
Este enfoque es muy distinto de la minería tradicional. No hay que excavar roca ni evaporar salmuera durante meses en grandes balsas. Se trabaja sobre un flujo continuo de agua que ya está en movimiento.
La planta de Midland
La instalación de Midland ocupa unos 557 metros cuadrados, el equivalente a 6.000 pies cuadrados. Es pequeña, pero está junto a los campos petrolíferos y abrió en febrero. Es la primera planta nueva de extracción de litio en Estados Unidos desde la década de 1960, según Slashgear.
Su capacidad máxima es de 3.000 toneladas anuales. Es una cifra relevante en el contexto local. La única fuente activa de litio en el país es una mina en Silver Peak, Nevada, que produce unas 5.000 toneladas al año, como recoge BGR. Una planta de 557 metros cuadrados alcanza así el 60 % de la producción de esa mina. Eso dice mucho sobre cómo se ha concentrado el suministro nacional.
Hay que ser prudentes con las cifras. Se trata de capacidad máxima y no de producción real sostenida. Tampoco hay datos públicos sobre la concentración de litio en la salmuera ni sobre el rendimiento del proceso. Con la información disponible, no podemos decir cuántos litros hay que tratar por cada kilo de carbonato.
La dependencia de China
El otro gran argumento del proyecto es geopolítico. La mayor parte del litio se procesa en China. Estados Unidos importó en 2024 más de 16.000 millones de dólares en baterías de iones de litio procedentes de ese país, según recoge Yahoo Finance. Es una dependencia comercial y también estratégica.
Para Estados Unidos, una fuente doméstica de litio reduce esa exposición. Para Europa, el caso es similar. También dependemos de cadenas de suministro lejanas en materiales críticos. Aquí lo hemos visto con otros componentes que analizamos en su día en PcDeMaNo, desde chips hasta imanes. La lección es la misma: quien controla el procesado controla el mercado.
Whitson afirma que el proceso de Element3 emite menos que la mina de Nevada y que muchas plantas extranjeras, como las de Chile. Es una afirmación de la propia empresa y no hay verificación independiente. Además, la comparación deja fuera la extracción de petróleo, que ya ocurre de todos modos. El propio artículo original reconoce que es “un gran asunto” dejar eso de lado.
Un modelo que otros copian
Element3 no está sola. Iofina ha abierto una instalación en el oeste de Texas que produce yodo a partir del mismo tipo de agua. Es una señal de que el sector empieza a ver valor en lo que antes era un coste.
Texas tiene una tradición de apostar por todo tipo de energía. Además del petróleo y el gas, hay mucha eólica, solar y geotermia. En geotermia, por ejemplo, se aprovecha la mano de obra cualificada de la industria petrolera. Whitson defiende esa idea. Su frase es clara: quieren añadir una industria de materiales críticos sobre lo que el oeste de Texas ya ha construido.
Reflexiones adicionales
El proyecto tiene una lógica atractiva. Convierte un residuo en recurso y aprovecha tuberías y trabajadores que ya existen. Pero conviene mirarlo con calma.
Primero, la escala. Tres mil toneladas al año son poco frente a la demanda mundial de litio, que crece con cada fabricante de coches eléctricos. Una planta no cambia el mercado. Hacen falta muchas, y en distintos puntos de la cuenca.
Segundo, la paradoja. Las baterías de los coches eléctricos se alimentarían, en parte, de la industria que esos coches intentan sustituir. Para algunos es ironía. Para otros, una transición pragmática. En cualquier caso, mientras el petróleo siga saliendo de Texas, el agua seguirá saliendo con él.
Tercero, la transparencia. Faltan datos técnicos independientes sobre rendimiento, consumo energético y huella de carbono. Sin ellos, la promesa de menores emisiones queda como una declaración de intenciones.
Aun así, el planteamiento es interesante. Ya ocurre en otros ámbitos: se busca valor en flujos de residuos que hasta ahora nadie medía. Si Element3 consigue repetir su planta en otros puntos, el litio de origen doméstico dejará de ser una idea y pasará a ser una cifra en las estadísticas.
12