Muchos hogares ya tenemos un altavoz inteligente que responde a preguntas sobre el tiempo o pone música. Mori, de la empresa OKA, parte de una idea contraria. Es un pequeño robot con forma de seta y función de lámpara, pensado para acompañar y no para obedecer. No habla, no tiene pantalla y expresa lo que siente con movimientos, luces y sonidos suaves. Su creador, Hua Wang, trabajó diez años en tecnologías que empujaban a la gente a mirar el móvil y ahora propone lo contrario. Mori reacciona al tacto, a la voz y a la presencia de las personas. También ofrece sesiones de respiración guiada y funciona como altavoz Bluetooth. En este artículo repasamos cómo es, qué hace y qué dice su planteamiento sobre el futuro de los dispositivos domésticos.

Una seta con carácter

El diseño de Mori (649 $)  busca justo lo que muchos robots evitan: pasar desapercibido. Mide alrededor de 30 cm, lo mismo que una lámpara de sobremesa. Su cuerpo recuerda a una seta, con un sombrero luminoso encima de un tallo abultado cubierto de tela. Entre ambas partes se sitúa la cara, con dos ojos iluminados y un botón que hace de nariz y esconde la cámara.

La revista Wallpaper lo describe como una mezcla entre Pixar, Studio Ghibli y el diseño de iluminación italiano. Es una buena imagen. Los servos permiten movimientos suaves. Los ojos se desplazan a un lado y a otro, los párpados parpadean y el robot se esconde bajo su sombrero como un tímido que quiere pasar inadvertido.

La tela exterior lleva un 25 % de lana auténtica y se ofrece en cuatro colores. Además, incorpora sensores táctiles. Según Notebookcheck, el cuerpo está forrado con una mezcla de lana y se configura al principio con una aplicación para el móvil, donde también se fijan los horarios de sueño.

Por qué no habla

La decisión más llamativa es que Mori no usa palabras. Hua Wang cuenta que se preguntó por qué los robots siguen sin formar parte de la vida cotidiana, casi cien años después de la película Metrópolis. Su respuesta tiene dos partes. La primera es que se espera que un robot haga todo lo que hace una persona. La segunda es que, por eso, suele ser grande y mecánico. Él no imaginaba una máquina así dentro de su casa.

OKA, cuyas siglas significan One Kind Artifact, plantea otra cosa. Su nota de prensa de presentación explica que la ausencia de pantalla y de voz es una decisión deliberada. En un mundo lleno de pantallas y de inteligencia artificial conversacional, la compañía cree que la compañía en casa debe resultar sencilla. En lugar de pedir atención al usuario, Mori intenta prestársela.

Esto cambia la relación. Con un asistente de voz, uno da órdenes y espera una respuesta exacta. Con Mori no hay órdenes. Hay gestos, caricias y miradas. Se parece más a una mascota digital, aunque, como apunta la fuente original, queda un escalón por debajo de un gato.

Cómo funciona por dentro

El sistema se apoya en lo que OKA llama motor de inteligencia atenta. Mori usa la cámara y el micrófono para interpretar el entorno. Detecta dónde está la persona, cuánto ruido hay en la habitación y si alguien intenta tocarlo. Con esa información elige cómo reaccionar.

La nota de prensa habla de primitivas de expresión. Son pequeños movimientos y expresiones de los ojos sincronizados con sonidos, que el robot combina y mezcla. Por eso la misma caricia puede provocar una respuesta distinta cada vez. No hay dos reacciones iguales ni dos Mori idénticos.

El robot, además, aprende a reconocer personas y lugares. Según la cobertura de Wired, puede mostrarse más tímido ante un invitado y olvidar a alguien que no ha visto durante un mes. Es una forma de memoria con caducidad, parecida a la humana.

El tratamiento de los datos es otro punto técnico importante. CNET recoge que OKA procesa imágenes y audio en el propio dispositivo, sin enviarlos a la nube. Lo único que conserva es una pequeña cantidad de datos de reconocimiento facial, para distinguir a los conocidos de los extraños, y tampoco se suben a ningún servidor. Para un aparato con cámara y micrófono en el salón, es una decisión sensata.

Qué hace y qué no hace

Mori tiene un uso principal: relajar. Si se apoya una mano sobre su cabeza, se activa un programa de respiración guiada. El robot genera sonidos ambientales y luces que acompañan la sesión. Hay escenarios como bosques o playas, con una animación de luz envolvente. También funciona como lámpara normal y como altavoz Bluetooth.

Lo que no hace es igual de relevante. Según el análisis publicado por Superpower Daily, no controla dispositivos domésticos, no pone canciones de Spotify y no responde preguntas sobre el tiempo. Las conexiones con servicios de música y las órdenes por voz son ideas para más adelante, no funciones de lanzamiento.

El precio sitúa a Mori en un terreno intermedio. La edición de fundador cuesta 649 dólares e incluye dos años de garantía y dos años de suscripción. Es mucho para una lámpara, pero poco si se compara con Sony Aibo, que ronda los 3200 dólares y requiere suscripción para algunas funciones.

Un mercado con antecedentes

Los robots de compañía no son nuevos. La entrada de Wikipedia sobre robots de compañía los clasifica en varias categorías: sociales, de mascota, de asistencia, educativos y terapéuticos. Cita ejemplos como Paro, un robot con forma de foca, o Lovot, una máquina japonesa cuyo único propósito es hacer feliz a su dueño.

Mori encaja en un hueco concreto. No es un robot de cuidados para personas mayores ni un juguete para niños. Es un objeto de diseño que quiere ocupar un lugar discreto en una estantería o una mesilla. Su propuesta recuerda a un Tamagotchi con cuerpo físico, pero con una sensibilidad estética propia.

Reflexiones adicionales

Lo interesante de Mori no es lo que hace, sino lo que se niega a hacer. En un mercado donde cada dispositivo promete resolver más tareas, esta propuesta apuesta por la contención. Es arriesgado. Un producto de más de 600 dólares sin funciones prácticas exige que el usuario valore la compañía por sí misma.

Quedan dudas razonables. No sabemos cuánto durará el interés una vez pasada la novedad. Tampoco está claro qué ocurrirá cuando acabe la suscripción de dos años. Y la promesa de que la personalidad evolucionará dependerá de actualizaciones de software que aún no existen.

Aun así, el planteamiento merece atención. Mori es la primera de cinco piezas que OKA quiere presentar. Si el resto sigue la misma línea, veremos si hay mercado para objetos que acompañan sin pedir nada a cambio.

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