Un equipo de biólogos ha empezado a colocar diminutos transmisores solares en la espalda de mariposas monarca para seguir su recorrido migratorio a lo largo de la costa central de California. El proyecto combina trabajo de campo, telemetría por radio y una aplicación móvil abierta a voluntarios, con el objetivo de entender mejor cómo esta especie, catalogada como en peligro, utiliza sus refugios de invernada. La iniciativa parte de una colaboración entre el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y la consultora ambiental Althouse & Meade, y marca un paso más en la vigilancia tecnológica de insectos migratorios a gran escala.
Una especie que recorre miles de kilómetros cada año
La mariposa monarca (Danaus plexippus) es uno de los insectos migratorios más estudiados del planeta. Su distribución abarca más de 90 países, islas y archipiélagos, siempre allí donde crece el algodoncillo o asclepia, la única planta de la que se alimentan sus orugas. Existen poblaciones migratorias y no migratorias, y la subespecie migratoria (Danaus plexippus plexippus) fue incluida en 2022 en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como especie en peligro de extinción. Cada otoño, millones de ejemplares emprenden un viaje que puede superar los 4800 kilómetros desde el norte de Norteamérica hasta los bosques de oyamel en México o, en el caso de las poblaciones del oeste, hasta arboledas de eucalipto y pino a lo largo del litoral californiano.
Ese desplazamiento masivo depende de condiciones muy concretas de temperatura, humedad y disponibilidad de néctar. Cuando esas condiciones fallan, las colonias de invernada se reducen de forma drástica de un año a otro, algo que los científicos llevan documentando desde hace décadas. Por eso, disponer de datos precisos sobre los movimientos individuales de las mariposas dentro de sus zonas de invernada se ha convertido en una prioridad para quienes diseñan planes de restauración de hábitat.
Cómo se coloca un transmisor en un insecto de dos gramos
En noviembre de 2025, técnicos del Coastal Program del Servicio de Pesca y Vida Silvestre y de Althouse & Meade capturaron y marcaron monarcas en tres localizaciones repartidas entre los condados de San Luis Obispo y Santa Bárbara. El desafío técnico no es menor: se trata de fijar un dispositivo electrónico funcional sobre un insecto que apenas pesa medio gramo sin comprometer su capacidad de vuelo.
El equipo aprovechó una característica fisiológica clave de la especie: al ser un animal de sangre fría, la monarca necesita calor solar directo para alcanzar la temperatura corporal mínima que le permite volar. Las capturas se realizaron por la mañana temprano, con temperaturas ambientales por debajo de los 12,8 grados centígrados, un umbral en el que a las mariposas les resulta mucho más difícil escapar. Una vez capturadas, los ejemplares se guardaban en una nevera portátil que mantenía esa misma temperatura como límite máximo, lo que las mantenía aletargadas y facilitaba la manipulación segura. Antes de colocar el transmisor, el personal registraba el sexo, el peso y el tamaño de cada individuo, para garantizar que solo se marcaban ejemplares con suficiente envergadura alar como para transportar el dispositivo sin que ello afectara a su capacidad de desplazamiento.
El dispositivo protagonista: telemetría de radio solar en miniatura
El componente central del proyecto es un transmisor de telemetría por radio alimentado por energía solar, del tamaño aproximado de una uña, con una antena filiforme que sobresale varios centímetros del cuerpo del insecto. El dispositivo se adhiere al tórax de la mariposa con pegamento de pestañas postizas, un producto lo bastante fuerte para resistir el vuelo pero lo bastante ligero como para no interferir en la aerodinámica del animal. A diferencia de las etiquetas adhesivas tradicionales, que solo permiten conocer el punto de captura y el punto de recuperación final, este sistema emite señales de radio de forma periódica mientras el sol carga su pequeña célula fotovoltaica integrada, lo que permite reconstruir trayectorias de movimiento dentro de una misma arboleda de invernada, no solo entre localizaciones distantes. Los equipos de campo combinan estos datos de posición con estaciones meteorológicas instaladas en los propios refugios, de manera que cada registro de movimiento queda asociado a condiciones de temperatura, viento y humedad del momento exacto en que se produjo. Esa correlación entre clima y comportamiento es, según el propio Servicio de Pesca y Vida Silvestre, la pieza que faltaba para entender por qué las monarcas cambian de percha dentro de una misma arboleda a lo largo del invierno.
Ciencia ciudadana desde el móvil
El proyecto no se limita al trabajo de los técnicos especializados. A través de la aplicación Project Monarch, disponible para teléfonos inteligentes, cualquier persona que se cruce con una mariposa marcada puede fotografiarla, introducir sus datos y contribuir así al mapa colectivo de avistamientos. La aplicación muestra un mapa con la ubicación de todos los ejemplares etiquetados y permite registrar nuevas observaciones en tiempo real, una fórmula que ya ha demostrado su eficacia en otros programas de seguimiento de fauna migratoria, desde aves hasta tortugas marinas. Según explica el propio Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos en su comunicado oficial sobre el proyecto, el objetivo final es aumentar el conocimiento sobre cómo las monarcas utilizan las arboledas de invernada de la costa de California, con el fin de mejorar la gestión y restauración de esos hábitats.
Este enfoque participativo tiene una ventaja práctica evidente: multiplica el número de puntos de observación sin necesidad de ampliar el equipo técnico sobre el terreno. Cada avistamiento adicional, por puntual que sea, añade una coordenada más al mapa de movimientos, y con el tiempo permite detectar patrones de uso del hábitat que serían muy difíciles de captar solo con el trabajo de un equipo reducido de biólogos.
Un ecosistema que depende de una sola planta
Conviene recordar que toda la biología de la monarca gira en torno a una planta concreta. Las hembras solo depositan sus huevos sobre distintas especies de algodoncillo, y las orugas resultantes se alimentan exclusivamente de sus hojas durante todo su desarrollo larvario. La pérdida de estas plantas por el avance agrícola y el uso de herbicidas ha sido señalada de forma reiterada como una de las causas principales del declive de la especie en las últimas décadas, junto con la deforestación de las zonas de invernada en México y la alteración del clima en las rutas migratorias. Diversas fuentes especializadas en biología de la especie, como la organización Monarch Joint Venture, describen con detalle la distribución global de la mariposa monarca y su dependencia estricta del algodoncillo, un dato que ayuda a entender por qué proyectos de restauración de hábitat como el de California se centran tanto en la plantación de esta especie vegetal como en el seguimiento directo de los insectos.
Reflexiones finales
Lo que llama la atención de este proyecto no es solo la miniaturización del dispositivo, sino la forma en que combina distintas escalas de observación: desde el detalle fisiológico de un insecto de sangre fría hasta el patrón meteorológico de toda una región costera, pasando por la participación voluntaria de cualquier persona con un teléfono en el bolsillo. Es un ejemplo bastante claro de cómo la tecnología de seguimiento, cada vez más pequeña y más barata, permite abordar preguntas de conservación que hace apenas una década habrían resultado inabordables con los medios disponibles. Queda por ver si los datos recogidos durante esta primera temporada bastan para orientar cambios concretos en la gestión de las arboledas de invernada, pero el planteamiento —minucioso, barato y abierto a la ciudadanía— parece un modelo razonable para replicar con otras especies migratorias amenazadas.
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