La invasión de microplásticos se ha rastreado hasta los núcleos de hielo en el Ártico. No es sorpresa, entonces, que lleguen a los animales que utilizamos para comer, a las frutas y a las verduras. Según un estudio reciente, 136 mil toneladas de microplásticos se expulsan del océano cada año. Gran parte de ellas terminan en el aire que respiramos y en el agua potable que consumimos.

Sin importar qué tan pequeños sean, los residuos plásticos son dañinos para el ambiente. Son un desafío porque, muchas veces, son 150 más pequeños que un cabello humano. Por esta razón, es muy fácil que se integren a la cadena alimentaria, y se convierten en una amenaza para los procesos metabólicos de los seres vivos —y nosotros, los seres humanos, no estamos exentos de ello.

La conexión entre nanoplásticos y enfermedades neurológicas

Una investigación liderada por la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke ha revelado que los nanoplasticos afectan a la Alpha-Synucleina, una proteína específica en el cerebro, desencadenando cambios vinculados a enfermedades como el Parkinson y otras formas de demencia. Esto añade una capa adicional de preocupación, ya que más de 10 millones de personas en todo el mundo viven con Parkinson. ¡Los números son impactantes y nos hacen reflexionar sobre cómo nuestro entorno influye en nuestra salud cerebral!

Nanoplásticos: Más que una amenaza medio-ambiental

Al explorar los hallazgos de este estudio, nos sumergimos en el mundo invisible de los nanoplasticos. Descubrimos que estos diminutos fragmentos plásticos, que se generan a partir de la degradación de los plásticos en el medio ambiente, pueden acumularse en nuestro organismo. ¡En promedio, consumimos alrededor de 5 gramos de microplásticos y nanoplasticos por semana!  ¿Cómo afectan estas partículas al cerebro y a nuestra salud general? La respuesta es clave para comprender y abordar este problema creciente.

Protegiendo nuestro cerebro del plástico

El Dr. Andrew West, líder del estudio, nos insta a considerar seriamente la monitorización de la contaminación plástica y a desarrollar tecnologías para evitar que estos agentes nocivos lleguen a nuestra comida y agua. Este llamado a la acción nos recuerda que, al comprender la naturaleza molecular específica de los nanoplasticos, podemos tomar medidas para proteger nuestra salud cerebral y prevenir enfermedades neurodegenerativas. ¡Es momento de pasar de la preocupación a la acción!

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