Si te preguntas cuántas veces hemos oído hablar de los efectos perjudiciales del alcohol, la respuesta es muchas. Pero, ¿y si te dijéramos que ahora, gracias a la genética, podríamos tener una solución en camino? ¡Sigue leyendo y te contamos todo!

Empecemos con lo básico: el alcohol no es tu amigo. La OMS nos lo recuerda con datos que dan escalofríos: 3 millones de muertes al año y, tristemente, la mayoría son hombres. En España, el panorama tampoco es muy alentador, pues casi el 20% de la población bebe más de lo recomendado. Y si pensabas que una copita diaria era inofensiva, un estudio con 600.000 personas te sacará del error: ningún trago es 100% seguro.

La luz al final del túnel: ¡La terapia génica!

Así es, ¡la genética al rescate! Una reciente investigación de la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón ha mostrado que la terapia génica, ya utilizada en otras enfermedades, podría ser la clave contra el alcoholismo. ¿El truco? Restaurar el equilibrio de la dopamina en el cerebro, ese neurotransmisor que nos hace sentir puro placer.

Dime más sobre esta terapia

Bueno, resulta que el alcohol nos traiciona bajando la producción de dopamina en nuestro cerebro, lo que nos hace querer más y más tragos. ¡Pero no todo está perdido! En un experimento, unos científicos lograron reducir el consumo de alcohol en macacos en un impresionante 90% usando terapia génica. ¡Casi nada!

Desafíos a considerar

Obvio, no podemos ignorar que hay retos por delante. Por un lado, este tratamiento no es precisamente barato y, además, requiere cirugía. También existe el temor de que demasiada dopamina pueda causar otros problemas. Pero lo genial es que los investigadores no se detienen y ya están explorando cómo usar la terapia génica contra otras adicciones, ¡como la cocaína! Mediante la modificación de la producción de proteínas que descomponen la cocaína, han logrado reducir su efecto en ratones, protegiéndolos de recaídas severas.

Reflexiones al borde de la copa

Está claro que la batalla contra el alcoholismo no es sencilla. Pero con avances como estos, hay una luz de esperanza. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, estos primeros hallazgos son una bocanada de aire fresco para quienes luchan contra la adicción.

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