Nos guste o no utilizamos plásticos en casi todos los aspectos de nuestra vida. Estos materiales son baratos de fabricar e increíblemente estables.

El problema viene cuando terminamos de usar algo de plástico: puede persistir en el medio ambiente durante años. Con el tiempo, el plástico se descompone en fragmentos más pequeños, llamados microplásticos, que pueden plantear importantes problemas medioambientales y sanitarios.

Un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de Washington  ha desarrollado nuevos bioplásticos que se degradan en la misma escala de tiempo que, por ejemplo, una cáscara de plátano en un cubo de compostaje doméstico.

Estos bioplásticos se fabrican a partir de células pulverizadas de cianobacterias verdeazuladas, también conocidas como espirulina que, por cierto, no deben confundirse con el suplemento dietético homónimo, hecho a base de cianobacterias del género Arthrospira.

El equipo utilizó calor y presión para dar diversas formas al polvo de espirulina, la misma técnica de procesamiento que se emplea para crear plásticos convencionales. Los bioplásticos del equipo de la UW tienen propiedades mecánicas comparables a los plásticos de un solo uso derivados del petróleo.

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