Es bien sabido que el “aborrecido” plástico está resultando de gran ayuda para luchar contra la pandemia pero no hay que olvidar que en los últimos 10 años hemos producido más plástico que en toda la historia de la humanidad. Y de todo ese material, apenas un 9% se recicla, mientras que el 12% se incinera.

Por otro lado tanto guantes como mascarillas pueden tener un gran impacto medioambiental si no somos conscientes de dónde y cómo nos deshacemos de ellos tras acabar su vida útil. Según este estudio cada mes del pasado 2020 en el mundo se usaban (y desechaban tras un breve uso) unos 129.000 millones de mascarillas desechables y 65.000 millones de guantes.

De la misma manera que la ONU auguró hace pocos años que a mitad de siglo podría haber en nuestros mares más volumen de plásticos que de peces, Laurent Lombar, de la ONG francesa Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio) afirmó recientemente que “pronto correremos el riesgo de tener más mascarillas que medusas en el Mediterráneo“.

Y frente a este gigantesco y complejo problema, se están pensando en diferentes soluciones para atajar el problema. Por supuesto, las primeras demandas de los grupos ecologistas y de personalidaddes científicas fueron las de abogar por el uso de equipos de protección reutilizables.

También se empieza a trabajar ya en el diseño de mascarillas biodegradables, una línea de investigación en la que el CSIC nuestro país se ha mostrado pionero con su propuesta de mascarillas fabricadas con nanofibras reutilizables y biodegradables al estar fabricadas a partir de materiales derivados del maíz.

En cualquier caso personalmente me temo que hemos llegado tarde (de nuevo) y ahora la solución más urgente pasaría por la “recuperación” y aprovechamiento, por ejemplo, tal y como propone la empresa vasca Nantek.

En su proceso que ya tenían ideado para el tratamiento de resíduos plásticos diversos y ahora están optimizando para el manejo de mascarillas, utiliza un reactor trabajando a elevadas temperaturas y a la acción de reactivos para eliminar toda clase de bacterias o patógenos. Posteriormente el material que las compone se degrada de sólido a líquido consiguiendo obtener del orden 0.8-0.9 kilos por cada kilo de mascarillas empleadas.

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