Perdonad que por esta vez a uno le salga la vena de «químico» pero tampoco creo que haya muchas personas en el mundo a los que en su boda no le echaron a la salida el clásico arroz… sino «granza de polietileno»!.

Dicho plástico inventado allá por el año 1940 por la empresa inglesa ICI, en el caso de nuestra planta se producia sometiendo al etileno a presiones muy elevadas (1800-2000 atm). utilizando peróxidos como catalizadores.

Aunque la cruzada contra los plásticos ha reducido su consumo en los últimos años… el COVID está sirviendo para relanzar el interés por los mismos por cuanto mucho del material que se emplea tanto en los tests de PCR como en los sistemas de protección personal (EPI) están basados principalmente en plástico.

Si bien para luchar contra el cambio climático está claro que hay que reducir de forma sustancial la «quema» descontrolada de productos tipo carbón y combustibles procedentes del petróleo, está claro que el etileno que se seguirá necesitando para producir polietileno se deberá seguir obteniendo de lo que en su momento se denominaba oro negro.

Por otro lado, son muy esperanzadores los resultados de la investigación que se está llevando a cabo en UCLA sobre la conversiónde CO2 en etileno.

La conversión eficaz de los gases de efecto invernadero en combustibles de valor añadido y materias primas químicas es un paso crítico para mitigar el calentamiento global, a la vez que se evita la extracción de combustibles fósiles cada vez más limitados.

La idea de utilizar el cobre para catalizar esta reacción existe desde hace mucho tiempo, pero la clave es acelerar el ritmo para que sea lo suficientemente rápido para la producción industrial.

Los investigadores de UCLA se han centrado en el diseño de los nanocables de cobre con «peldaños» altamente activos – similares a un conjunto de escaleras dispuestas a escala atómica. Un hallazgo intrigante de este estudio en colaboración es que este patrón de pasos a través de las superficies de los nanocables permaneció estable bajo las condiciones de reacción, contrariamente a la creencia general de que estas características de alta energía se suavizarían. Esta es la clave tanto para la durabilidad del sistema como para la selectividad en la producción de etileno, en lugar de otros productos finales como son el hidrógeno y el metano.

El equipo demostró una tasa de conversión de dióxido de carbono en etileno superior al 70%, mucho más eficiente que los diseños anteriores, que arrojaron al menos un 10% menos en las mismas condiciones. El nuevo sistema funcionó durante 200 horas, con pocos cambios en la eficiencia de la conversión, un gran avance para los catalizadores basados en el cobre. Además, la comprensión integral de la relación estructura-función ilustró una nueva perspectiva para diseñar un catalizador de reducción de CO2 altamente activo y duradero en acción.

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