Sobre la importancia de medir la calidad del aire

La calidad del aire que respiramos, tanto en interiores como en exteriores, es un factor determinante para nuestra salud y bienestar. Estudios de organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que la contaminación del aire está relacionada con millones de muertes prematuras cada año y con un aumento significativo de enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas. Medir el aire que nos rodea es el primer paso para entenderlo y, posteriormente, poder controlarlo de una forma más eficaz.

En este contexto, los monitores de calidad del aire se han convertido en herramientas cada vez más relevantes para hogares, oficinas, escuelas y espacios públicos. En revisiones anteriores en PcDeMaNo analizamos dispositivos como el AirGradient ONE, un monitor de aire interior open‑source con pantalla y certificaciones que permite visualizar CO₂, partículas (PM₂.₅), compuestos volátiles, NOx y otros parámetros ambientales. También probamos el AirGradient Open Air, su versión para exteriores, que lleva esa misma filosofía de código abierto al seguimiento ambiental más amplio.  Además, exploramos el Air‑1 de Apollo, un sensor compacto diseñado especialmente para integración con plataformas como Home Assistant a través de firmware ESPHome, ideal para usuarios que priorizan la automatización y la personalización en sistemas domóticos.

El monitoreo de aire no solo ayuda a entender cuándo la ventilación es insuficiente o cuándo determinadas actividades elevan concentraciones de contaminantes, sino que también puede activar acciones automáticas —como encender un purificador o abrir ventanas— cuando se superan umbrales críticos. Por ejemplo, niveles elevados de CO₂ (> 1000 ppm) se asocian con menor concentración y mayor fatiga, mientras que partículas finas PM₂.₅ pueden penetrar profundamente en los pulmones y están vinculadas a enfermedades crónicas. Otros contaminantes clave incluyen ozono (O₃), compuestos orgánicos volátiles (VOC) y óxidos de nitrógeno (NOx), cada uno con efectos adversos bien documentados sobre la salud.

La pandemia de COVID‑19 ha reforzado la importancia de una correcta ventilación y control de la calidad del aire interior. La propagación del virus por aerosoles demuestra que un ambiente con mala ventilación y niveles elevados de CO₂ puede aumentar el riesgo de transmisión de enfermedades respiratorias. Por ello, dispositivos que midan en tiempo real la concentración de CO₂ y partículas en suspensión no solo ayudan a proteger nuestra salud frente a contaminantes tradicionales, sino también frente a virus transmitidos por el aire.

Hasta ahora, los dispositivos convencionales que hemos revisado han sido estacionarios, situados en un lugar fijo del hogar u oficina. Sin embargo, contar con un monitor como Air Lab, que puede usarse tanto de forma móvil como conectado a Internet (por ejemplo, enviando datos a sistemas como Home Assistant), amplía mucho las posibilidades de medición: permite registrar la calidad del aire en diferentes espacios y contextos, llevando el control ambiental más allá de un único punto estático.

En esta revisión veremos cómo se comporta Air Lab frente a las necesidades reales de monitorización de la calidad del aire que todos compartimos, qué parámetros mide, cómo funciona su conectividad y qué ventajas aporta respecto a otros dispositivos ya analizados.

 

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