Oura acaba de lanzar su quinta generación de anillo inteligente, pero la empresa finlandesa ya está mirando más allá. Una solicitud de patente publicada esta misma semana por la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (USPTO) revela que la compañía está explorando un sistema capaz de medir la luz ambiental que nos rodea y, a partir de esos datos, controlar de forma automática las luces, las persianas o las cortinas del dormitorio. El objetivo, según el propio documento, es sencillo de enunciar y bastante más complejo de ejecutar: ayudar al usuario a dormir mejor sin que tenga que mover un dedo. La idea conecta con una tendencia que lleva tiempo cociéndose en el sector de los wearables, el de convertir un simple sensor de muñeca o de dedo en el cerebro invisible de la casa inteligente.

Qué dice exactamente la patente

El documento, titulado «Techniques for evaluating ambient light exposure and chronotype via wearable devices» y registrado el pasado 16 de julio, describe un sistema que analizaría cuatro variables de la luz que incide sobre el usuario a lo largo del día: el momento en que se produce la exposición, su intensidad, su duración y su composición espectral, incluyendo la radiación ultravioleta. No se trata de una idea completamente nueva desde el punto de vista técnico -ya existen patentes previas de dispositivos de muñeca centradas en la sincronización del reloj biológico con el ciclo solar mediante fotodetectores, pero sí resulta novedosa la forma en que Oura plantea integrarla dentro de su ecosistema de bienestar.

Según recoge el medio alemán Notebookcheck en su análisis de la documentación publicada por la USPTO, el sistema permitiría que la aplicación de Oura avisara al usuario cuando la habitación estuviera demasiado iluminada como para favorecer un buen inicio del sueño, y que, llegado el caso, ordenara de forma automática a los dispositivos domóticos compatibles que atenuaran las luces o cerraran las persianas. Para quienes no dispongan de bombillas o persianas conectadas, el sistema se limitaría a lanzar recomendaciones dentro de la app, del estilo de «cierra las cortinas» o «reduce el brillo de las pantallas». También se contempla un modo de seguridad doméstica básico: si el sensor detecta que el usuario se ha quedado dormido con la luz encendida, el propio anillo podría dar la orden de apagarla.

Un sensor que ya tienes, o uno que aún falta por llegar

Uno de los detalles más interesantes de la patente, y probablemente el más determinante de cara a su viabilidad comercial, es que no exige necesariamente incorporar un componente nuevo al anillo. El texto explica que los fotodiodos del sensor PPG (fotopletismografía), el mismo que ya se usa para medir la frecuencia cardíaca y la saturación de oxígeno, podrían reutilizarse para captar la luz ambiental cuando no están realizando mediciones fisiológicas. Es una solución elegante desde el punto de vista de la ingeniería, porque evita añadir un sensor dedicado que además podría resultar visible en el exterior del anillo y comprometer su diseño minimalista, uno de los principales argumentos de venta de la marca.

Ahora bien, la propia documentación reconoce también la posibilidad de incorporar un sensor de luz específico, algo que en teoría ofrecería lecturas más precisas, de forma parecida a como los sensores de luz ambiental de los teléfonos ajustan automáticamente el brillo de la pantalla. El problema es que un anillo, al ir ceñido al dedo, tiene mucha menos superficie expuesta que una pantalla o incluso que una pulsera, así que la calidad de los datos capturados por contacto directo con la piel podría ser limitada. No es un asunto menor: la fiabilidad de este tipo de mediciones depende en gran parte de cuánta luz llega realmente al sensor, y un ajuste demasiado ceñido podría filtrar buena parte de esa señal.

Cabe recordar que Oura no sería la primera marca en implementar algo así. RingConn, uno de sus principales competidores, ya incorpora en su modelo Gen 2 una función de seguimiento de luz ambiental que usa precisamente los sensores PPG del anillo, tal y como confirma el propio artículo original de Tech Advisor. Esto sitúa a Oura en la posición, cada vez más habitual en el sector de los wearables, de patentar y perfeccionar una idea que ya circula entre sus rivales, en lugar de inventarla desde cero.

El papel del cronotipo en todo esto

La palabra clave del título de la patente no es solo «luz», sino también «cronotipo», un concepto que Oura lleva ya un tiempo trabajando dentro de su ecosistema. El cronotipo es, básicamente, la tendencia natural de una persona a sentirse más despierta o más somnolienta en determinadas franjas horarias, esa distinción coloquial entre «personas de mañana» y «personas de noche». Según explica la propia Oura en su blog corporativo, la compañía calcula el cronotipo de cada usuario analizando datos de sueño, actividad y temperatura corporal acumulados durante los últimos 90 días, siempre que el anillo se lleve puesto de forma constante tanto de día como de noche.

La exposición a la luz durante el día es, de hecho, uno de los factores que más influye en mantener regulado ese reloj biológico interno. Al incorporar el seguimiento lumínico a la ecuación, Oura podría afinar mucho más sus recomendaciones de «Body Clock» y «Bedtime Guidance», dos funciones que ya existen en la app actual y que orientan al usuario sobre su ventana óptima de sueño. En la práctica, esto significa que el sistema no se limitaría a decir «duerme antes», sino que podría llegar a identificar que la causa de un sueño irregular es, por ejemplo, una sobreexposición a luz artificial durante las últimas horas del día, y actuar en consecuencia sobre el entorno del usuario.

El Oura Ring 5, el producto que sostiene toda esta hoja de ruta

Todo este desarrollo tiene sentido si se entiende en el contexto del producto que Oura tiene hoy en el mercado. El Oura Ring 5, lanzado hace apenas unas semanas, se ha consolidado como uno de los anillos inteligentes de referencia del sector, con un cuerpo notablemente más compacto que el de generaciones anteriores y una batería que, según las pruebas publicadas por Tech Advisor, aguanta varios días de uso continuado entre cargas. El modelo mantiene el enfoque discreto que ha hecho famosa a la marca: nada de pantallas, nada de vibraciones constantes, solo un anillo de titanio que recopila datos biométricos de forma pasiva y los traduce en puntuaciones diarias de sueño, actividad y preparación física (el conocido «Readiness Score»).

Ese enfoque minimalista es precisamente lo que convierte esta futura función de luz ambiental en un encaje casi natural. Si Oura consigue implementarla reutilizando el sensor PPG que ya integra el Ring 5, no haría falta rediseñar el producto ni sacrificar su estética para incorporar esta capacidad; bastaría con una actualización de firmware y de la aplicación. Es, en cierto modo, la filosofía de producto que ha seguido Oura desde sus inicios: exprimir al máximo el hardware ya existente antes de añadir nuevos componentes físicos, algo que también reduce costes de fabricación y minimiza el riesgo de que la batería, ya de por sí limitada en un dispositivo tan pequeño, se resienta aún más.

Del papel a la tienda: el largo camino de una patente

Conviene, eso sí, mantener las expectativas dentro de un margen razonable. Registrar una patente no equivale a confirmar que una función llegará al mercado, y mucho menos que lo hará en la próxima generación del producto. Las grandes tecnológicas registran continuamente ideas que después nunca ven la luz, ya sea porque los resultados en fase de prueba no son suficientemente fiables, porque la relación coste-beneficio no compensa o simplemente porque la estrategia de producto cambia por el camino. El propio Chris Martin, autor del artículo original, lo señala con cautela: nadie sabe todavía si esta tecnología llegará a integrarse en el Oura Ring 6 o si se quedará archivada como tantas otras ideas patentadas.

Aun así, la dirección que apunta esta patente resulta coherente con hacia dónde se mueve todo el ecosistema de wearables de salud: dispositivos cada vez más orientados a actuar sobre el entorno del usuario, y no solo a informarle sobre su propio estado. Que el sueño, la luz y la domótica empiecen a hablar el mismo idioma dentro de un anillo de apenas unos gramos de peso da una idea bastante clara de hacia dónde apunta la próxima década de la tecnología portátil orientada al bienestar.

Reflexiones adicionales

Más allá del componente puramente técnico, esta patente plantea una pregunta interesante sobre el papel que queremos que jueguen nuestros dispositivos de salud: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a delegar decisiones tan cotidianas como apagar una luz o cerrar una persiana en un algoritmo que interpreta nuestros datos biométricos? La comodidad es evidente, pero también lo es la dependencia creciente de un ecosistema conectado que, para funcionar de verdad, necesita que también tengamos bombillas y persianas inteligentes en casa, un requisito que no todo el mundo cumple ni está dispuesto a asumir. Será interesante ver si Oura decide finalmente apostar por esta función y, sobre todo, si logra hacerlo sin sacrificar la autonomía de la batería ni el diseño discreto que ha convertido a su anillo en un referente del sector.

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