Este artículo explora el fascinante avance de incorporar un ordenador completo en una sola fibra textil, que además resiste el lavado en lavadora. Revela cómo investigadores han logrado integrar sensores, memoria, conectividad y batería en fibras inteligentes, y cómo estos hilos podrían unirse para formar prendas capaces de entender nuestros movimientos y estado físico. Nos adentramos en su arquitectura, funcionamiento colaborativo, pruebas reales —incluido el Ártico— y las implicaciones que este hito supone para el futuro de la tecnología vestible.

Un ordenador diminuto y lavable

Investigadores han desarrollado una fibra flexible que contiene todos los componentes de un ordenador: sensores, microcontrolador, memoria, conectividad Bluetooth, comunicación óptica e incluso batería, todo integrado en una única fibra elástica que puede ser pasada por la lavadora sin perder funcionalidad. Esta innovación marca un avance decisivo en los llamados «e-textiles», o tejidos inteligentes, donde la electrónica se funde con la superficie textil sin comprometer su resistencia o comodidad. De hecho, los autores del MIT destacan que esta fibra se puede estirar más de un 60 % sin romperse.

Diseño técnico: del “maki” al “tire térmico”

Uno de los grandes retos de este proyecto era cómo transformar la disposición plana de los circuitos en una geometría cilíndrica compatible con una fibra textil. Para resolverlo, los investigadores idearon lo que llaman diseño tipo “maki”, en referencia al sushi enrollado. El concepto es sencillo: se parte de una lámina flexible con los microchips y circuitos distribuidos en dos dimensiones, y después se enrolla alrededor de un núcleo formando un cilindro. Igual que ocurre al enrollar alga y arroz para hacer un maki de sushi, el resultado es un “rollito electrónico” compacto y flexible.

Tras este paso, la fibra se recubre con hilos textiles tradicionales —lana merina, poliéster, nylon o seda—, lo que permite integrarla en prendas sin perder suavidad ni elasticidad. El proceso de fabricación se basa en la técnica de tire térmico (en inglés thermal drawing process), que consiste en calentar una preforma macroscópica —un modelo de gran tamaño de la fibra— hasta llevar los materiales a un estado viscoso, para después estirarla en un horno y producir fibras continuas mucho más finas, conservando la misma estructura interna. Este método, habitual en la fabricación de fibras ópticas y ahora aplicado a los e-textiles, permite integrar múltiples materiales y funcionalidades en un único hilo.

Gracias a esta técnica, incluso la batería de litio queda sellada en el interior de la fibra, garantizando resistencia y flexibilidad al mismo tiempo.

Una red neural en la ropa

Cada fibra programable puede ejecutar un modelo de aprendizaje automático capaz de reconocer movimientos como sentadillas, planchas o círculos con los brazos, con una precisión independiente de alrededor del 70 %.. Sin embargo, cuando varias fibras se comunican entre sí, el sistema mejora sustancialmente: al contar con el “voto” de fibras en diferentes partes del cuerpo, la precisión alcanza casi el 95 %.. Esto demuestra el potencial de textiles que operan en red, sin cables visibles, para interpretar el estado físico del portador de forma colaborativa.

Pruebas extremas: del laboratorio al Ártico

Esta tecnología no se limita a demostraciones en sala: se probó en condiciones reales durante una misión ártica de un mes (Musk Ox II), donde miembros del Ejército y la Marina de EE. UU. llevaron camisetas interiores de merino equipadas con estas fibras durante un recorrido de 1 000 km en condiciones de hasta –40 °F (≈ –40 °C). Estas prendas proporcionaban datos fisiológicos en tiempo real, con el objetivo de prevenir lesiones por frío extremo y avanzar hacia la idea del “gemelo digital fisiológico”.. Esto subraya cómo el diseño no sólo se limita a la tecnología sino que ya está en marcha su aplicación en entornos hostiles.

Conclusión

Este avance sienta un nuevo paradigma en la tecnología vestible: ropa que no solo se lleva, sino que piensa, monitoriza y colabora con el usuario. Con su resistencia al lavado, su capacidad para formar redes textiles inteligentes y su prueba en condiciones extremas, esta tecnología puede transformar el deporte, la salud, la seguridad y hasta la vida diaria. Aunque todavía está en fase de escalado, el futuro ya está vistiéndose de manera más inteligente.

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