Samsung sigue mandando en el terreno de los móviles plegables, pero cada nueva generación deja la sensación de que podría dar mucho más de sí. La serie Galaxy Z Fold8 trae mejoras reales en carga y batería, pero también recorta prestaciones que ya existían en el modelo anterior, como el teleobjetivo. Un usuario que lleva años con un Fold7 explica por qué, esta vez, prefiere esperar a la próxima generación antes de gastarse otra vez una cifra cercana a los 2.000 dólares. El resumen: hardware más rápido, cámara peor repartida y una lista de deberes pendientes que incluye compatibilidad con el S Pen y mayor resistencia al polvo. A continuación repasamos qué ha cambiado de verdad en el Fold8, qué se ha quedado por el camino y qué tendría que ofrecer Samsung el año que viene para justificar el salto.

Carga y batería, la mejora más tangible

De todos los cambios introducidos en esta generación, el que más se nota en el día a día es la carga. La carga por cable pasa de 25 W a 45 W en el Fold8, y de 15 W a 20 W en la carga inalámbrica. Ese salto no es solo cuestión de velocidad; llega acompañado de un cambio de química en la batería. Samsung ha confirmado, aunque no lo destacó en su presentación ni en las fichas técnicas oficiales, que el Fold8 y el Fold8 Ultra usan por primera vez baterías de silicio-carbono, tal y como recoge 9to5Google. La batería crece de 4.400 mAh en el Fold7 a 4.800 mAh en el Fold8, y hasta 5.000 mAh en el Fold8 Ultra, pese a que este último es más fino que su predecesor. La tecnología Si/C sustituye el grafito del ánodo por silicio, capaz de almacenar más iones de litio por unidad de peso, lo que permite meter más capacidad en el mismo hueco o mantener la capacidad reduciendo grosor. Es exactamente lo que necesita un plegable, donde cada milímetro cuenta.

Aun así, las cifras de Samsung se quedan cortas frente a la competencia. Rivales como el Honor Magic V6 o el Motorola Razr Fold ya superan los 6.000 mAh gracias a fórmulas de silicio más agresivas. Samsung explica ese enfoque conservador apuntando a tres prioridades: rendimiento, durabilidad y seguridad, según detalla SamMobile. Tiene sentido no arriesgar en una tecnología todavía joven, pero deja la sensación de que la compañía va un paso por detrás en autonomía pura, aunque compense parte de esa diferencia con optimización de software.

La cámara, un paso atrás que pesa

Si la batería es el capítulo positivo, la cámara es justo lo contrario. El Fold8 reduce el número de sensores traseros de tres a dos, eliminando por completo el teleobjetivo que sí llevaba el Fold7. La cámara principal se mantiene en 200 MP con apertura f/1.7, pero el Fold8 pierde el teleobjetivo de 10 MP y zoom óptico 3x que sí llevaba el Fold7. El sensor ultra gran angular se queda en 12 MP, sin cambios respecto a la generación anterior. Para quien usa el móvil como cámara principal, esto es un recorte difícil de justificar, sobre todo tratándose de un dispositivo de gama muy alta.

Lo llamativo es que este recorte llega justo cuando Samsung ha introducido una variante más ancha del Fold, pensada para competir mejor como tableta de bolsillo. La idea de tener dos formatos, uno ancho y otro con proporciones más clásicas bajo el nombre Ultra, es interesante sobre el papel. El problema aparece cuando el usuario tiene que elegir entre formato y cámara completa, porque ahora mismo no puede tener las dos cosas en el mismo modelo. Repartir mejor las cámaras entre ambas variantes parece uno de los deberes más urgentes para la próxima generación.

El Fold8, protagonista con luces y sombras

Centrándonos en el modelo que da nombre a la gama, el Galaxy Z Fold8 llega con procesador de 3 nanómetros, pantalla LTPO y gestión adaptativa de batería que analiza los hábitos de uso para hibernar procesos en segundo plano. Es un dispositivo pensado para durar todo el día pese a su chasis ligero, y en ese sentido cumple mejor que generaciones anteriores. El diseño más ancho, heredado de la evolución de la bisagra, mejora la experiencia al ver vídeo y leer libros digitales, dos usos habituales entre quienes llevan un plegable como móvil principal. Sin embargo, ese mismo cambio de proporciones obliga a sacrificios en otras áreas, como ya se ha visto con la cámara.

El resultado es un móvil que mejora sensiblemente frente al Fold7 en carga y en autonomía teórica, pero que no ofrece una razón de peso para cambiar de generación si ya se posee el modelo anterior. Para quien viene de un móvil convencional, el salto sigue siendo atractivo. Para quien ya vive en el ecosistema plegable de Samsung, la sensación es de actualización incremental más que de mejora sustancial, algo que HowToGeek justifica como motivo suficiente para quedarse con su Fold7 al menos una generación más.

Lo que falta: S Pen, resistencia y equilibrio de cámaras

Más allá de la cámara, hay otras dos peticiones recurrentes entre los usuarios de plegables. La primera es la compatibilidad con el S Pen sin necesidad de una funda adicional, algo que Samsung prometió explorar hace tiempo y que sigue sin llegar de forma nativa. La segunda es la certificación de resistencia al polvo, un punto débil histórico de los plegables por la cantidad de piezas móviles que incluye la bisagra. Samsung ya trabajó en esa dirección hace generaciones, pero todavía no ha cerrado el capítulo con una certificación IP completa que cubra polvo además de agua.

A esto se suma la petición de mayor paridad entre el modelo ancho y el Ultra, para que la elección dependa solo del tamaño preferido y no obligue a renunciar a cámara o funciones. Son peticiones razonables, ninguna especialmente compleja desde el punto de vista de ingeniería, pero que Samsung sigue posponiendo generación tras generación.

Reflexiones finales

Los plegables de Samsung siguen siendo los más pulidos del mercado en aspectos como software y ecosistema, pero el margen de mejora en hardware sigue siendo amplio. La adopción de baterías de silicio-carbono es una buena noticia a medio plazo, aunque Samsung la haya aplicado con mano conservadora comparado con marcas chinas. El recorte de cámara en el Fold8, en cambio, es difícil de defender en un producto que ronda los 2.000 dólares. Si la próxima generación resuelve el equilibrio entre formatos, recupera el teleobjetivo y suma S Pen sin accesorios extra, el argumento para actualizar será mucho más sólido. Hasta entonces, quienes ya tienen un plegable reciente tienen pocos motivos de peso para dar el salto.

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