Un fármaco diseñado para controlar la presión arterial podría haber hecho algo que nadie esperaba: eliminar el origen del problema en un grupo concreto de pacientes. Se llama baxdrostat y bloquea la producción de aldosterona, una hormona que sube la tensión. Un análisis reciente sugiere que, tras varios meses de tratamiento, mueren las células de la glándula suprarrenal que la fabrican en exceso, y el efecto parece mantenerse tras abandonar la medicación. Los datos son todavía preliminares y proceden de un grupo muy pequeño. Aun así, abren la puerta a sustituir una cirugía mayor por un tratamiento oral de duración limitada. Repasamos cómo funciona, qué cifras respaldan al fármaco y qué falta por demostrar.

Un problema que casi nadie sabe que tiene

Cerca de un tercio de los adultos sufrimos hipertensión. En la mayoría de los casos no hay una causa única identificable y el tratamiento consiste en tomar pastillas de por vida. En torno a uno de cada diez pacientes, sin embargo, el origen son pequeños tumores benignos en las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones. Esos tumores producen aldosterona sin control. El cuerpo retiene sodio y agua, el volumen de sangre aumenta y la presión se dispara.

Esta situación se conoce como aldosteronismo primario. Si se diagnostica, puede curarse extirpando la glándula afectada. El problema es que muchos pacientes ni siquiera saben que lo padecen. El cribado no se hace de forma sistemática y la cirugía no siempre es viable o deseable.

Quienes tienen tensión alta que no responde a dos o más fármacos son los candidatos más probables a tener este tipo de tumor. Ese es justo el perfil de paciente para el que se ha desarrollado baxdrostat.

Cómo actúa baxdrostat

El baxdrostat es un inhibidor selectivo de la aldosterona sintasa, la enzima codificada por el gen CYP11B2 que fabrica aldosterona en las suprarrenales. Se toma en una única pastilla diaria. En los ensayos clínicos ha reducido de forma marcada los niveles de aldosterona sin alterar los de cortisol, algo importante porque ambas hormonas se sintetizan por rutas muy parecidas. Así lo recoge la nota de prensa de AstraZeneca sobre el ensayo de fase III.

Los fármacos clásicos de este terreno, como la espironolactona, bloquean el receptor de la aldosterona. Baxdrostat va un paso antes y corta la fabricación de la hormona. Por eso se le considera un posible primero de su clase.

Estados Unidos lo aprobó este año para pacientes con tensión peligrosamente alta pese a tomar dos o más medicamentos. En Reino Unido se espera que llegue en 2027 con las mismas condiciones, y el organismo evaluador NICE estudia ahora si lo financiará el sistema público.

Qué dicen los números del ensayo de fase III

El ensayo BaxHTN incluyó a 796 pacientes con hipertensión mal controlada o resistente. Los resultados se publicaron en el New England Journal of Medicine, y conviene repasarlos con calma.

A las 12 semanas, la dosis de 2 mg redujo la presión sistólica en 15,7 mmHg respecto al valor inicial, lo que supone 9,8 mmHg más que el placebo. La dosis de 1 mg logró una bajada de 14,5 mmHg, con una diferencia de 8,7 mmHg frente al placebo. En el grupo placebo la presión bajó 5,8 mmHg, una cifra que recuerda lo importante que es el efecto de acompañamiento en estos estudios.

Ambas dosis casi triplicaron la probabilidad de alcanzar una sistólica inferior a 130 mmHg. En seguridad, la hiperpotasemia confirmada, es decir, potasio por encima de 6 mmol/L, apareció en el 1,1 % de cada grupo tratado y en el 0,0 % del grupo placebo. Es un efecto esperable, porque la aldosterona regula la excreción de potasio, y la tasa se mantuvo baja.

En un subgrupo con monitorización ambulatoria, la dosis de 2 mg redujo la presión sistólica de 24 horas en 16,9 mmHg. Esa medición es más fiable para estimar el riesgo cardiovascular real que la que se toma en consulta.

El hallazgo inesperado: ¿de tratamiento crónico a cura?

Lo más llamativo no estaba en el ensayo principal. En un análisis posterior, un grupo de 14 pacientes con mejoras muy grandes, con una caída media de 25 mmHg en la presión sistólica, pudo seguir con el fármaco entre seis y doce meses y después lo dejó. Su tensión se ha mantenido en el nivel bajo durante un máximo de dos años de seguimiento. Una persona lleva tres años sin tomar nada.

El profesor Morris Brown, cardiólogo de la Queen Mary University of London que participó en el estudio, ya había anticipado este efecto a partir de ensayos con animales hace más de diez años. Su hipótesis es que, al bloquear la síntesis de aldosterona, se generan especies reactivas de oxígeno que resultan muy dañinas para la célula y acaban matando a las que sobreproducen la hormona. Si eso es cierto, el fármaco no solo frena el síntoma, sino que destruye parte del tumor funcional.

Mason Freeman, de Harvard Medical School, habló de resultados extraordinarios e inesperados. Planteó la posibilidad de que muchos pacientes con tumores suprarrenales se traten con una pastilla diaria durante un tiempo limitado y obtengan beneficios parecidos a los de la cirugía.

Cautela: 14 pacientes no son una población

Conviene frenar el entusiasmo. Catorce personas es una muestra minúscula, sin grupo de comparación y seleccionada precisamente por haber respondido muy bien. Es posible que parte de ellas no tuvieran tumores o que su respuesta no se extienda al resto.

Los propios investigadores reconocen que hace falta un estudio mayor, que ya está en marcha, para demostrar que un tratamiento de duración finita puede conducir a una cura duradera. Habrá que ver también qué ocurre con seguimientos más largos y cómo se identifica de antemano a quienes tienen tumores suprarrenales. Sin ese diagnóstico, la promesa de curación pierde parte de su utilidad práctica.

También hay que recordar que el potencial de baxdrostat va más allá de este subgrupo. Según los investigadores de la UCL, podría ayudar a millones de personas con hipertensión difícil de controlar, y el programa de desarrollo incluye ya a más de 20 000 participantes en enfermedad renal crónica y prevención de insuficiencia cardiaca.

Reflexiones adicionales

Lo más interesante de este caso es cómo un descubrimiento llega por una vía lateral. Un fármaco pensado para tomarse de por vida podría, en un grupo concreto, funcionar como un tratamiento corto con efecto permanente. Si se confirma, cambiaría la forma de abordar la hipertensión de origen hormonal y reduciría la necesidad de cirugía.

También refuerza una idea incómoda: muchos pacientes con tensión alta resistente podrían tener una causa tratable que no se ha buscado. Mejorar el diagnóstico del aldosteronismo primario sería, probablemente, tan valioso como el propio medicamento.

Mientras tanto, la recomendación sigue siendo la misma. Quien tenga la tensión alta debe mantener su tratamiento y consultar con su médico antes de cambiar nada. Hablar de “cura” es, por ahora, una hipótesis prometedora y no un hecho.

2
Suscribirse
Notificación
0 Comments
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x