Una empresa de Londres ha decidido que hacerse un tatuaje ya no requiere aguja, ni artista, ni cita previa en un estudio: basta con un parche que se presiona contra la piel durante un cuarto de hora. La firma, especializada en microagujas, vende ya sus diseños de manera online aunque de momento solo se aplican de forma presencial, y ha dejado caer que en el futuro quiere enviar kits para que cualquiera se los haga en casa. La propuesta mezcla biotecnología, cosmética y un discurso sobre «interfaces bajo la piel» que suena más a ciencia ficción que a salón de tatuajes, y que ya ha generado tanto curiosidad como más de un recelo, especialmente entre quienes tienen hijos adolescentes con ganas de experimentar. A continuación repasamos cómo funciona esta tecnología, qué se puede (y no se puede) tatuar con ella, y por qué el propio fundador cree que esto va mucho más allá de la estética.
Microagujas más finas que un milímetro
La empresa se llama CipherX y se define a sí misma como una startup biotecnológica centrada en su plataforma patentada de «MicroDot Technology», pensada para aplicaciones que van del sector cosmético al farmacéutico. Según explica la propia compañía en su web, se trata de una firma pionera en tecnología de microagujas orientada a productos de alto impacto tanto en el ámbito del estilo de vida como en el médico. El proceso, despojado de la jerga corporativa, consiste en parches que se colocan sobre la piel durante 15 minutos y que, mediante un aplicador, empujan estructuras microscópicas de menos de 1 milímetro para que penetren las capas superiores de la epidermis y depositen ahí el pigmento. Es, en esencia, una versión tecnificada de esos tatuajes temporales de toda la vida que se activaban humedeciendo el papel, solo que aquí el «agua» se sustituye por presión mecánica y las agujas sustituyen al calco.
La periodista Jess Weatherbed, de The Verge, se sometió a la prueba en primera persona y describió la sensación como algo muy alejado del dolor asociado a un tatuaje convencional, comparándola más bien con el roce suave de un dedo sobre el brazo. Ese detalle es precisamente el argumento comercial más fuerte de CipherX: la promesa de un tatuaje permanente prácticamente indoloro, algo que podría resultar atractivo para personas con fobia a las agujas o que simplemente nunca se habían atrevido a pasar por un estudio tradicional. En su reportaje, Weatherbed documentó de primera mano el proceso completo de aplicación de un tatuaje CipherX, una prueba que sirve de referencia para entender qué se puede esperar realmente de la experiencia más allá del marketing de la empresa.
Diseños limitados y un único color disponible
Ahora bien, conviene rebajar expectativas en cuanto a la parte artística. Los diseños disponibles actualmente se estructuran sobre una rejilla en la que cada casilla rellena equivale a un microdot de tinta, lo que da como resultado composiciones que recuerdan mucho a los tatuajes de estilo «stick and poke», esos hechos a mano y de trazo sencillo. El catálogo se limita por ahora a figuras geométricas básicas como estrellas, corazones o líneas, además de algunos iconos más desenfadados: una nota musical, una mariposa, una calavera o una carita sonriente. En cuanto al color, la oferta se reduce estrictamente al negro, así que quien busque una imagen realista o multicolor tendrá que seguir recurriendo a un tatuador convencional. Esta limitación técnica es relevante porque significa que la tecnología, tal y como está hoy, no compite en absoluto con el trabajo de un tatuador profesional en términos de complejidad o personalización, por muy indoloro que resulte el proceso.
Un fundador con discurso de futuro
Donde la cosa se vuelve más llamativa es en el discurso del fundador, Ferdinand Kohle, que en un vídeo grabado durante la London Tech Week aseguró que el nivel de habilidad necesario para aplicar estos tatuajes es tan bajo que básicamente cualquiera podría convertirse en tatuador. Kohle va todavía más lejos en el blog corporativo de la empresa, donde plantea que un tatuaje hecho con microagujas no debería entenderse como arte corporal ni como tecnología médica sin más, sino como una especie de protointerfaz que anticipa un futuro en el que la interacción, la detección de estímulos y la expresión personal ocurran literalmente bajo la piel, con menciones a conceptos como retroalimentación térmica o señales hápticas localizadas. Es un salto conceptual considerable para un producto que, de momento, solo dibuja corazones y calaveras en blanco y negro, y que además prescinde casi por completo de cualquier referencia al oficio de los tatuadores que llevan siglos desarrollando estas técnicas de forma manual.
Restricciones de edad y zonas del cuerpo
CipherX es consciente de que un tatuaje permanente, por indoloro que sea, sigue siendo un tatuaje permanente, y eso implica responsabilidad legal y reputacional. Por eso la aplicación solo puede hacerse de manera presencial, ya sea en su tienda física de Londres o en eventos itinerables, exigiendo siempre una experiencia guiada por personal de la empresa. La compañía pide documento de identidad para verificar que el cliente es mayor de 18 años antes de realizar cualquier tatuaje, y excluye explícitamente zonas del cuerpo como la cabeza, la cara, el cuello, las manos, las muñecas, los genitales, los codos, los tobillos o los pies. Se trata de una política de seguridad razonable dado el perfil del producto, pero también plantea una pregunta obvia: ¿durante cuánto tiempo será viable mantener ese control si la empresa cumple su plan de vender kits para autoaplicación en casa?
El envío a domicilio, la gran incógnita
Y es que ahí está el verdadero riesgo de reputación para CipherX. En su página de preguntas frecuentes, la empresa reconoce que de momento no realiza envíos de tatuajes a domicilio, lo que sugiere que son plenamente conscientes de los problemas que podría generar poner esta tecnología en manos de cualquiera sin supervisión. Sin embargo, fuentes de la compañía han confirmado a medios especializados que existe la intención de comercializar kits de autoaplicación para uso doméstico, una decisión que eliminaría de un plumazo buena parte de los controles de edad y de zona corporal que hoy sirven de barrera de seguridad. Si el negocio migra hacia el modelo de venta por correo, cabe esperar que en algún momento aparezcan versiones más baratas y peor fabricadas del mismo concepto, con el consiguiente aumento de adolescentes con tatuajes no deseados y de padres enfadados llamando a la puerta de la empresa.
Reflexión final
Más allá de la curiosidad técnica que despierta el uso de microagujas para depositar pigmento sin apenas dolor, el caso de CipherX resume bastante bien una tensión habitual en el mundo de las startups tecnológicas: la capacidad de envolver un producto relativamente sencillo en un discurso grandilocuente sobre interfaces del futuro, mientras se ignoran las implicaciones prácticas más inmediatas, como el acceso de menores a un procedimiento permanente. La tecnología en sí es interesante y probablemente tenga recorrido en aplicaciones médicas o cosméticas más allá del tatuaje decorativo, pero conviene no perder de vista que estamos hablando de tinta permanente bajo la piel, no de una pegatina que se despega al cabo de unos días. La verdadera prueba de fuego para CipherX llegará el día que decida abrir la puerta al envío por correo, momento en el que sabremos si sus controles de seguridad sobreviven fuera del entorno controlado de su tienda londinense.
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