Muchos aficionados al audio guardan en casa un equipo que suena de maravilla pero que se quedó anclado en la era del cable. Amplificadores robustos, altavoces activos de estudio o sistemas hi-fi que, técnicamente, siguen rindiendo igual de bien que el primer día, pero que carecen de la comodidad que ofrece el streaming actual. Ante ese dilema, sustituir el equipo por algo nuevo no siempre es la mejor opción, sobre todo cuando el sonido original ya es excelente. Este artículo repasa una alternativa que está ganando adeptos entre quienes no quieren renunciar ni a la calidad ni a la comodidad: un pequeño transmisor de red capaz de inyectar streaming inalámbrico de alta resolución en prácticamente cualquier amplificador o altavoz activo ya existente, sin necesidad de tocar el resto de la instalación ni de sacrificar fidelidad sonora.

El problema de los altavoces buenos que envejecen mal

Quien haya probado unos monitores de estudio activos de gama media-alta, como el clásico par de monitores con tweeter de cúpula de seda y woofer de kevlar, sabe que ese tipo de equipo no pierde calidad con los años. Lo que cambia es el modo en que consumimos música: hoy la mayoría de las plataformas ofrecen catálogos en alta resolución, y quedarse atado a una entrada de línea analógica empieza a resultar incómodo. La solución más rápida, un simple adaptador Bluetooth, suele implicar un paso atrás en calidad, ya que la mayoría de estos receptores no admiten códecs de alta resolución, tienen un alcance limitado y sufren cortes frecuentes cuando la señal procede de un teléfono móvil en movimiento por la casa.

Ese es precisamente el hueco que ocupan los llamados streamers de red, dispositivos que se conectan al router doméstico y actúan como puente entre los servicios de streaming y el equipo de sonido tradicional, sin pasar la señal por el enlace Bluetooth del teléfono.

El WiiM Pro como protagonista: un DAC de bolsillo con ambiciones de alta fidelidad

El producto que mejor ilustra esta tendencia es el WiiM Pro (179 EUR) , un pequeño streamer de apenas 14 x 4 centímetros que se ha convertido en una referencia dentro del segmento de entrada del audio en red. Su propuesta es sencilla sobre el papel: conectarlo por RCA, óptico o coaxial a cualquier amplificador o pareja de altavoces activos, vincularlo al Wi-Fi doméstico y, en pocos minutos, disponer de Spotify Connect, TIDAL Connect, AirPlay 2, radio por internet, integración con Alexa y DLNA desde un único aparato. A diferencia de un receptor Bluetooth convencional, la música no viaja desde el teléfono al dispositivo, sino directamente desde internet hasta el streamer; el móvil se limita a hacer de mando a distancia, lo que evita interrupciones al recibir una llamada o cambiar de aplicación.

En el terreno técnico, el WiiM Pro incorpora un convertidor digital-analógico capaz de trabajar hasta 48 kHz/16 bits en las entradas y hasta 384 kHz/32 bits en la salida analógica, cifras que, aunque quedan por debajo de las de su hermano mayor, el WiiM Pro Plus (que llega a 192 kHz/24 bits de entrada y 768 kHz/32 bits de salida), resultan más que suficientes para reproducir con fidelidad prácticamente cualquier catálogo comercial en alta resolución, incluidos los flujos de 24 bits/192 kHz que ofrecen servicios como TIDAL. El dispositivo añade además Bluetooth 5.1, Wi-Fi de doble banda 802.11 b/g/n/ac y un puerto Ethernet para quienes prefieran una conexión cableada más estable, todo ello por un precio de lanzamiento de 149 dólares, una cifra sensiblemente inferior a la de muchos streamers de gama alta.

Conviene aclarar que este tipo de dispositivo no sustituye a un amplificador ni añade potencia; su función es exclusivamente la de transmisor y conversor digital-analógico, por lo que sigue dependiendo de la electrónica y los altavoces ya instalados para la etapa de amplificación y reproducción final.

Instalación sencilla y compatibilidad amplia, sin renunciar a nada

Uno de los aspectos más valorados por quienes prueban este tipo de streamers es la simplicidad del proceso de configuración. La aplicación complementaria guía la conexión, calibra el dispositivo según las características acústicas de la habitación y centraliza el acceso a todas las plataformas de streaming compatibles, de modo que no hace falta saltar entre varias aplicaciones distintas para escuchar música de fuentes diferentes. Según recoge una prueba publicada en TechRadar, el propio tamaño del aparato, apenas mayor que un Apple TV 4K, permite colocarlo discretamente junto al equipo sin que reste protagonismo estético al resto de la instalación.

La compatibilidad con múltiples protocolos es otro de sus puntos fuertes. Otra revisión detalla que el equipo incluye un DAC de 384 kHz y 32 bits capaz de reproducir audio en alta resolución de forma bit perfect hasta 24 bits y 192 kHz, además de Wi-Fi de doble banda y Bluetooth 5.1 para conexiones rápidas. Esa combinación de entradas y salidas digitales y analógicas convierte al dispositivo en una pieza flexible tanto para sistemas de dos canales como para configuraciones más modestas basadas en un único par de altavoces activos.

Alternativas más sencillas para quien no busca tanta implicación

No todo el mundo necesita este nivel de sofisticación. Quien escuche música de forma ocasional y no le dé demasiada importancia a la resolución de la señal puede seguir optando por un receptor Bluetooth básico, una solución barata, fácil de instalar y suficiente para el uso cotidiano. También existen altavoces inteligentes de fabricantes como Sonos, Bose, Google o Amazon, que ofrecen una experiencia todo en uno con asistente de voz integrado y una puesta en marcha casi inmediata. Para quien busque portabilidad y un formato más reducido, esta sigue siendo la opción más razonable, aunque implique sustituir el equipo existente por uno nuevo.

La diferencia de fondo está en el planteamiento: mientras los altavoces inteligentes buscan sustituir el sistema de sonido, un streamer como el WiiM Pro busca actualizarlo sin tocar lo que ya funciona bien, preservando la cadena de amplificación y transductores que el usuario ya conoce y aprecia.

Un DAC integrado que hace innecesario duplicar hardware

Otro factor que juega a favor de este tipo de dispositivos es que incorporan su propio conversor digital-analógico, lo que permite prescindir de interfaces de audio externas si el objetivo es únicamente reproducir música en streaming. Un análisis técnico publicado en Future Audiophile subraya que en la gama superior de la familia, el WiiM Pro Plus, las especificaciones publicadas resultan bastante notables, con una relación señal-ruido de 120 dB y una distorsión armónica total más ruido del 0,00032 por ciento cuando se utiliza el DAC integrado, cifras que se acercan a las de equipos de gama alta vendidos de forma independiente. Aunque el modelo estándar Pro ofrece prestaciones algo más modestas que su variante Plus, comparte la misma filosofía: convertir cualquier entrada digital en una señal analógica limpia sin necesidad de sumar más cajas al escritorio o al mueble del salón.

Reflexiones finales

Lo interesante de este tipo de soluciones es que invierten la lógica habitual del consumo tecnológico, en la que el recambio constante suele imponerse frente a la reparación o la actualización. Un amplificador o un par de altavoces activos de calidad pueden mantener su rendimiento intacto durante décadas, y el verdadero cuello de botella suele estar en la conectividad, no en la electrónica de potencia ni en los transductores. Dispositivos como el WiiM Pro demuestran que es posible cerrar esa brecha con una inversión moderada, sin comprometer la fidelidad del sonido ni desprenderse de un equipo que, en muchos casos, cuesta mucho más que el propio streamer. Para el usuario que valora tanto el sonido como la comodidad, este tipo de puente digital-analógico se perfila como una vía intermedia entre el purismo del cable y la comodidad total, pero low-effort, de los altavoces inteligentes.

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