Las placas de desarrollo han sido durante años la puerta de entrada al mundo de la electrónica programable. Desde plataformas populares como Arduino hasta miniordenadores como Raspberry Pi, estos dispositivos permiten experimentar con hardware y software a bajo coste. En los últimos años, la arquitectura RISC-V ha empezado a atraer una atención creciente porque propone un modelo de procesador abierto que cualquiera puede implementar sin pagar licencias. Esa filosofía ha impulsado el desarrollo de chips y placas pensadas para investigación, seguridad y proyectos de hardware libre.

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