Aqara ha lanzado el Spatial Multi-Sensor FP400, un sensor de presencia por ondas milimétricas que cuesta 80 dólares. Detecta personas aunque estén quietas y sigue a un máximo de diez a la vez. Es el doble que su antecesor, el FP2. Funciona sin conexión a internet, se enlaza por Thread o Zigbee y comparte zonas de detección con otras plataformas domóticas. También integra un sensor de luz y ofrece más condiciones para automatizar. Sin embargo, no tiene batería y no detecta la postura de las personas, una función que la marca había anunciado. La reseña de Gizmodo lo considera uno de los mejores sensores de su categoría, pero con pocas mejoras reales frente al modelo de 2023. Repasamos sus datos, sus aciertos y sus fallos.
Qué aporta un sensor de ondas milimétricas
Un sensor de infrarrojos pasivo (PIR) reacciona al calor. Capta radiación en torno a los 8-14 µm y necesita que el patrón térmico cambie. Si alguien se queda quieto, el sensor deja de verlo. La luz se apaga con la persona sentada en el sofá. Es un fallo conocido y molesto.
Los sensores de ondas milimétricas funcionan de otro modo. Emiten una señal de radio de alta frecuencia y analizan el eco. Los modelos domésticos suelen trabajar en la banda de 60 GHz. A esa frecuencia, la longitud de onda ronda los 5 mm. Es una escala suficiente para notar desplazamientos muy pequeños.
El pecho de una persona sentada se mueve unos pocos milímetros al respirar. En reposo, eso ocurre entre 12 y 20 veces por minuto. El radar detecta ese pulso y deduce que la habitación sigue ocupada. Por eso puede distinguir a alguien que lee en silencio de una estancia vacía.
La promesa es clara. El cuerpo se convierte en el disparador de las automatizaciones. Las luces se encienden al entrar y se apagan al salir, sin errores. Un equipo de música arranca cuando alguien se sienta en un punto concreto.
El FP400 frente al FP2
El FP400 (80 EUR) es un disco blanco unido a una base circular mediante un brazo articulado. La base se fija a la pared o al techo. Su aspecto es casi idéntico al del FP2. Solo cambia una pequeña insignia con el número 400.
La diferencia principal está en la capacidad de seguimiento. El FP2 sigue a cinco personas. El FP400 llega a diez. También ofrece reglas de automatización más variadas. Como el FP2, necesita alimentación constante por un cable USB-C y no lleva batería. El modelo FP300, con forma de lata, sí usa dos pilas CR2450 sustituibles.
El nombre puede confundir. Sugiere una evolución del FP300, pero el FP400 es una revisión del FP2. La propia reseña lo describe como una versión actualizada, aunque no necesariamente mejor.
Hay una ventaja práctica en la conectividad. El FP2 usa Wi-Fi y a veces reacciona con retraso. El FP400 se comunica por Thread o Zigbee y no necesita internet para el uso diario. Esas redes de malla trabajan en la banda de 2,4 GHz y usan el estándar IEEE 802.15.4, con una velocidad de 250 kbit/s. Es poco ancho de banda, pero sobra para enviar eventos de presencia.
Instalación y ajustes
La puesta en marcha es sencilla. Se escanea un código QR de la base con la aplicación de Aqara. Después se elige el protocolo, Thread o Zigbee. Cambiar de uno a otro lleva unos minutos, porque el aparato reemplaza su programa interno cada vez. Quien quiera conocer mejor el primero puede consultar la web del consorcio, donde se explica la arquitectura de la red. Las especificaciones y la reseña completa están en gizmodo, que sirve de base a este artículo.
El sensor necesita un concentrador de Aqara. El analista usó el modelo M200, que cuesta 70 dólares. Con el sensor, la inversión inicial sube a 150 dólares. Es un dato a tener en cuenta si aún no se tiene un concentrador compatible.
Luego hay que enseñar al sensor el espacio. Se recorre el perímetro de la habitación para marcar sus límites. Después se sale y se deja que el aparato memorice cómo es la estancia vacía. Con esos datos, se pueden dibujar zonas concretas para crear automatizaciones a medida.
Conviene ajustar la sensibilidad según el entorno. Las mascotas, los robots aspirador y los juguetes en movimiento pueden causar falsos positivos. Para eso existe la opción de detección de personas mejorada con inteligencia artificial. Según la aplicación, clasifica esos objetos como interferencias y los descarta. En las pruebas parecía funcionar, aunque el autor no pudo confirmarlo del todo.
Zonas de detección y plataformas de terceros
Esta es quizá la mejor baza del FP400. El sensor se añade solo a cualquier plataforma domótica conectada al concentrador de Aqara. Allí se comporta de forma parecida al Meross MS600 o al SwitchBot mmWave Presence Sensor. Ninguno de esos dos modelos permite crear zonas de detección separadas.
Las zonas del FP400 aparecen en otros ecosistemas como sensores virtuales. Cada uno detecta presencia solo dentro de su área. Así se pueden crear reglas para dispositivos que no son de Aqara. La reseña pone un ejemplo. Una zona llamada «sofá verde» indica a un aire acondicionado de ventana, solo compatible con Apple Home, que trabaje menos cuando alguien se sienta a ver la televisión. Con eso se evita el ruido del ventilador junto a la cabeza.
Esto es posible gracias al estándar Matter, que unifica la comunicación entre marcas. La Connectivity Standards Alliance explica su alcance. Para un aficionado a la domótica, es un punto importante: la inversión no queda atada a una sola aplicación.
Automatizaciones: lo que funciona y lo que falla
Las opciones cambian mucho según dónde se configure la regla. En Apple Home, la automatización arranca cuando el sensor detecta a una persona o deja de detectarla. Las pruebas mostraron que las reglas eran fiables, pero lentas. Además, Apple Home ofrece muchas menos condiciones.
La aplicación de Aqara es más completa. Permite usar como disparador el tiempo que lleva ocupada una zona. También el momento en que todos los presentes se quedan quietos, o el número de personas que entran en el área. Se añade el sensor de luz, que sirve para encender una lámpara solo si la habitación está lo bastante oscura.
Esas rutinas funcionaron bien. Otras no. El analista quería que un pulsador robótico SwitchBot Bot encendiera un equipo de música antiguo al acercarse, no al llegar. El resultado fue impredecible en una habitación de 13 por 10 pies, unos 4 por 3 metros, es decir, unos 12 metros cuadrados. Es un espacio pequeño, así que el fallo preocupa.
También hubo problemas con el seguimiento. Al principio, al sensor le costó seguir a la hija del autor, de nueve años, sobre todo cuando jugaba sentada en el suelo delante del televisor. La precisión general fue mayor que en el FP2, con menos falsos positivos. Aun así, a veces no notaba que el autor había salido de la habitación. Otras veces creía que se había desplazado cuando seguía sentado sin moverse.
La postura que no llegó
La mayor decepción es la ausencia de detección de postura. Aqara había anunciado que el FP400 distinguiría entre estar de pie, sentado o tumbado. Sin embargo, según la respuesta que recibió el analista, esas funciones ya no están previstas para este modelo.
Llegarán más adelante en una variante distinta, el FP400 Pro. No será un producto de consumo. Se dirigirá a instaladores, con usos en obra nueva, sanidad y cuidado de mayores. Es una decisión lógica desde el punto de vista comercial, pero deja a los usuarios domésticos sin una función esperada.
La postura habría permitido automatizaciones más intencionadas. Un ejemplo es encender una luz de lectura solo cuando alguien se sienta en un sitio concreto, y no cada vez que pasa cerca. Ese tipo de regla es la que más interesa a quien disfruta de la domótica avanzada.
Para quién tiene sentido
El FP400 es más útil en hogares numerosos o para quien recibe visitas con frecuencia. Una casa de más de cinco personas supera el límite del FP2. Se podrían programar acciones según el número de presentes, como poner música cuando entren más de siete personas en el salón.
Para la mayoría de los usuarios, el argumento es más débil. Quien ya tiene un FP2 que funciona bien no gana lo suficiente con el cambio. Las ventajas son la conexión sin Wi-Fi, las condiciones extra y el seguimiento ampliado. Todo lo demás queda igual, incluida la dependencia del cable.
La puntuación de la reseña es de 3,5 sobre 5. Refleja bien el balance. Es un buen producto, pero no un salto.
Reflexiones adicionales
El caso del FP400 deja una lección sobre la comunicación de productos. Anunciar una función en una feria y retirarla después genera desconfianza. Aqara ha explicado el motivo y ha ofrecido una alternativa profesional. Aun así, el comprador doméstico paga por un dispositivo con menos capacidades de las prometidas.
También muestra hacia dónde va el mercado. Las ondas milimétricas ganan terreno frente al infrarrojo porque resuelven su mayor defecto: la presencia sin movimiento. La ventaja competitiva ya no está en detectar, sino en interpretar. Zonas, número de personas y postura son los datos que marcan la diferencia.
Por último, conviene fijarse en la interoperabilidad. Que las zonas se conviertan en sensores virtuales en otras plataformas es un avance real. Reduce el bloqueo por marca y facilita mezclar dispositivos. Para quien monta una red doméstica, esa flexibilidad pesa tanto como la precisión del radar.
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