El primer teléfono plegable de Apple ha superado la prueba que hasta ahora tumbaba a toda la competencia: la bisagra. Los primeros testers que han tenido el dispositivo en la mano confirman que el mecanismo se siente sólido y que el terminal cabe sin problema en un bolsillo, pero el precio de entrada por encima de los 2.000 dólares llega sin teleobjetivo, un hueco que cualquier comprador tendrá que sopesar antes de decidirse. La información procede de una newsletter de Mark Gurman publicada el 23 de agosto, la primera fuente que aporta impresiones humanas reales sobre el hardware, después de meses de filtraciones basadas en la cadena de suministro y en el análisis del código de iOS. El artículo repasa cómo funciona la bisagra de metal líquido que Apple lleva más de una década desarrollando, qué implica la ausencia de Face ID en un chasis de apenas 4,5 milímetros de grosor, y por qué la falta de zoom óptico puede pesar más que cualquier logro mecánico a la hora de justificar el desembolso.

La bisagra convence, pero no despeja todas las dudas

Durante seis años, la bisagra ha sido el talón de Aquiles de los plegables Android. Samsung tuvo que corregir en la práctica un problema de vulnerabilidad frente al polvo en el Galaxy Z Fold 1, y varias generaciones posteriores arrastraron quejas de chasquidos audibles y mayor resistencia al abrir el terminal tras meses de uso. El Galaxy Z Fold 7 mejoró de forma notable, con una bisagra certificada para 500.000 ciclos de plegado frente a los 200.000 del Fold 6, pero el bamboleo y la falta de consistencia táctil seguían apareciendo en las reseñas durante 2025. En ese contexto llega la información de Gurman, que no recoge ninguna queja sobre holgura o inconsistencia en el mecanismo del iPhone Ultra. Es la primera confirmación externa de que Apple ha resuelto sobre el terreno lo que sus ingenieros llevaban tiempo defendiendo solo en el papel.

Al desplegarse, el terminal activa una interfaz que las fuentes describen como cercana a la de una iPad, con una pantalla interior de unas 7,8 pulgadas (19,8 cm) en diagonal y una relación de aspecto 4:3 que reorganiza por completo cómo se presentan las aplicaciones. Los probadores destacan especialmente el uso de esa pantalla como visor de cámara, algo cualitativamente distinto a encuadrar con un teléfono convencional de 6 pulgadas, lo que sugiere que Apple ha trabajado en serio la experiencia fotográfica del software incluso mientras el hardware de cámara presenta carencias evidentes.

Metal líquido: dieciséis años de espera para una sola pieza

El material que sostiene esta bisagra no es nuevo para Apple, aunque su aplicación sí lo es. La compañía firmó una licencia exclusiva para uso en electrónica de consumo con Liquidmetal Technologies en 2010, un acuerdo valorado en unos 20 millones de dólares, tal y como recoge AppleInsider. Desde entonces y hasta ahora, el uso había quedado reducido a piezas minúsculas, como la herramienta expulsora de SIM que acompaña a cada iPhone.

El Liquidmetal, también llamado aleación amorfa o vidrio metálico, se desarrolló en el Instituto Tecnológico de California. A diferencia de los metales convencionales, que al enfriarse forman estructuras cristalinas con múltiples límites de grano, este material se enfría con tanta rapidez que sus átomos quedan congelados en una disposición desordenada, sin esos límites. Esa ausencia de fronteras de grano es precisamente lo que evita el principal mecanismo de fatiga mecánica: en un metal cristalino convencional, como el titanio o el acero inoxidable, las dislocaciones del entramado atómico se propagan a lo largo de esos límites bajo tensión cíclica repetida, hasta generar grietas de fatiga. Una bisagra que se abre y se cierra 300.000 veces sufre exactamente ese tipo de estrés cíclico, y el Liquidmetal carece de la vía estructural que suele explotar ese desgaste.

Los datos técnicos respaldan la elección del material. El Liquidmetal alcanza un límite elástico superior a 1.723 megapascales, frente a los aproximadamente 830 megapascales de la aleación de titanio Ti-6Al-4V empleada en los chasis premium, y muy por encima de los 500 megapascales del acero inoxidable de alta resistencia habitual en la gama alta. A esa mayor resistencia se suma una capacidad de recuperación elástica superior: el material libera la energía mecánica almacenada sin deformación permanente, de modo que la bisagra vuelve a su posición exacta de cierre en cada plegado en lugar de ir ganando holgura con el tiempo.

Escalar este material desde una pieza diminuta hasta una bisagra que recorre todo el ancho del chasis y debe sobrevivir a cientos de miles de ciclos con un grosor casi nulo ha exigido una relación de fabricación específica. El analista Ming-Chi Kuo confirmó en marzo de 2025 que Dongguan EonTec fabrica en exclusiva los componentes de Liquidmetal para esta pieza, con Shin Zu Shing y Amphenol aportando el resto del ensamblaje. A principios de este año, fuentes de la industria taiwanesa reportaron ruido y pequeñas inconsistencias de tolerancia tras millones de ciclos simulados, los mismos fallos que han perseguido a los plegables Android, aunque el problema quedó resuelto antes de que Apple diera luz verde a la producción en volumen.

El producto en el centro: qué es realmente el iPhone Ultra

Conviene detenerse en el propio terminal, porque no es una variante más del iPhone 18 sino un producto distinto en su planteamiento. El iPhone Ultra, nombre interno que emplea Apple, es el primer plegable de la compañía y llega con un chasis de 4,5 milímetros de grosor en posición abierta, más fino que cualquier iPhone en producción hasta la fecha. Esa delgadez tiene consecuencias directas: el sistema Face ID necesita alojar en la zona TrueDepth un proyector de puntos infrarrojos, un iluminador de flash y una cámara infrarroja, y ese conjunto no cabe en un chasis tan reducido. La solución de Apple ha sido recuperar el Touch ID integrado en el botón de encendido, la misma fórmula que ya usa en el iPad mini y en algunos iPad Air, y que no se veía en la gama alta del iPhone desde 2017.

En el apartado de cámaras, el Ultra monta un sistema dual de 48 megapíxeles, con sensor principal y ultra gran angular, pero sin teleobjetivo. Es una diferencia relevante frente al iPhone 18 Pro Max, cuyo precio de partida rondará los 1.369 dólares y que incorpora tres cámaras traseras, incluida una con zoom óptico. Pagar entre 630 dólares más y bastante más por una pantalla plegable de 7,8 pulgadas y un modo iPad tiene sentido para quien valore ese formato por encima de la fotografía a distancia, pero es un obstáculo real para quien fotografíe deporte, naturaleza o arquitectura, donde el teleobjetivo no es un capricho sino una herramienta de trabajo.

La batería sigue un diseño de doble celda, con aproximadamente 1.921 mAh en una mitad y 2.962 mAh en la otra, para un total cercano a 4.883 mAh, una cifra inferior a los 5.567 mAh confirmados para el iPhone 18 Pro Max. Mantener encendida a brillo sostenido una pantalla interior de 7,8 pulgadas exige bastante más energía que una pantalla convencional de 6,9 pulgadas, así que la autonomía real en uso mixto será uno de los aspectos a vigilar cuando lleguen las primeras unidades a manos de la prensa especializada.

Lo que las pruebas no pueden confirmar todavía

Las impresiones positivas de los testers certifican lo fundamental: la bisagra funciona, el terminal cabe en un bolsillo y el software aprovecha bien la pantalla grande. Lo que no pueden confirmar es cómo se comportará la bisagra tras 200.000 ciclos de uso real, si el pliegue de la pantalla resultará visible bajo luz solar directa, ni cómo responderá el sistema de cámaras en condiciones de poca luz. Son preguntas que solo resolverá el uso prolongado tras el lanzamiento, algo que MacRumors recoge con detalle en su cobertura de las primeras impresiones, disponible en este análisis de MacRumors.

El lanzamiento se espera para septiembre, con reservas hacia el día 12 y venta a partir del 18, aunque no está confirmado si el Ultra llegará junto a los modelos Pro o varias semanas después, como ocurrió con el iPhone X en 2017. La disponibilidad será limitada: Kuo estima entre 500.000 y un millón de unidades para el tercer trimestre de 2026, en un contexto de escasez de memoria DRAM que afecta a toda la gama iPhone 18. Apple habría pedido a sus proveedores hasta 10 millones de unidades para el año completo, una cifra que podría tardar entre tres y cinco meses en alcanzarse tras el lanzamiento.

El movimiento de Apple está reconfigurando además las expectativas del mercado plegable en su conjunto. Según Notebookcheck, la certificación de 500.000 ciclos del Galaxy Z Fold 7 supuso ya un salto notable frente a generaciones anteriores, como recoge este artículo sobre la resistencia del Fold 7, y la entrada de Apple obliga a toda la competencia a revisar sus propios estándares de durabilidad y diseño.

Reflexión final

Lo interesante de esta noticia no es tanto que Apple haya resuelto un problema mecánico, sino cuánto tiempo ha tardado en hacerlo público. Dieciséis años entre la firma de la licencia y su primer uso estructural relevante dicen mucho sobre el ritmo con el que la compañía valida materiales antes de comprometerse con ellos en un producto de gama alta. Que la bisagra funcione bien no cierra el debate sobre si el iPhone Ultra merece la pena: sigue siendo un producto de primera generación, con ausencias deliberadas en cámara y biometría, dirigido a quien prioriza el formato por encima de las prestaciones fotográficas. El verdadero examen llegará cuando miles de unidades lleven meses de uso diario fuera del laboratorio.

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