FREE-WILi 2 es un nuevo dispositivo portátil pensado para hackers de hardware, analistas de seguridad y desarrolladores de sistemas embebidos. Se presenta como una navaja suiza electrónica que reúne en una sola carcasa varios microcontroladores, un módulo inalámbrico, una FPGA y un ordenador Linux completo. El fabricante lo llama «open electronics multitool» y esa etiqueta resume bien su propósito: condensar un laboratorio de pruebas de radiofrecuencia, depuración y programación en algo del tamaño de una consola portátil. El proyecto llega en formato Founder Edition, con reserva abierta y envíos previstos para el último trimestre de 2026. A continuación repasamos su arquitectura interna, sus capacidades de conectividad y qué lo diferencia de otras herramientas similares que ya hemos analizado en la web.
Una arquitectura de cómputo poco habitual
El corazón del FREE-WILI 2 no es un único chip, sino varios trabajando en paralelo con funciones separadas. Incorpora dos microcontroladores Raspberry Pi RP2350B: uno gestiona los controles principales y el otro se dedica en exclusiva a la pantalla. A esto se suma un módulo Raspberry Pi CM0 con un SoC Broadcom BCM2710A1, que monta una CPU Cortex-A53 de cuatro núcleos a 1,0 GHz y 512 MB de RAM LPDDR2, suficiente para ejecutar un Linux de 64 bits completo y scripts de Python más exigentes. La cuarta pieza del rompecabezas es una FPGA Lattice iCE40UP5K, con 5.300 LUTs y 8 MB de SRAM dedicada, que permite implementar lógica personalizada para protocolos poco comunes o señales de temporización crítica. Esta combinación de tres arquitecturas de cómputo distintas en un solo aparato no es habitual ni siquiera en equipos de este segmento, y explica buena parte de su versatilidad frente a alternativas de un solo procesador.
Radios para casi cualquier frecuencia
Donde el FREE-WILi 2 se juega gran parte de su atractivo es en el apartado inalámbrico. Integra un módulo Espressif ESP32-C5 que aporta Wi-Fi 6 en doble banda, Bluetooth LE y 802.15.4 para Zigbee y Thread. Para sub-GHz recurre a un transceptor CC1101, mientras que las comunicaciones LoRa dependen de un STM32WLE5JC a 48 MHz con radio SX126x integrada. Ambos módulos, el CC1101 y el LoRa, comparten una única antena externa mediante conmutación dinámica, un detalle de diseño que conviene tener presente si se van a usar los dos servicios de forma simultánea. La lectura de credenciales y etiquetas corre a cargo de un lector NFC ST25R3916B en alta frecuencia y de un sistema RFID de 125 kHz en baja frecuencia, con capacidad de lectura, clonado y emulación. El fabricante ha portado además Meshtastic al radio LoRa de a bordo, lo que permite unirse a una red mesh nada más sacarlo de la caja; conviene aclarar que se trata de un port propio de la compañía, ya que el proyecto oficial de Meshtastic no lista todavía este dispositivo entre los soportados de forma oficial.
Pantalla, entradas y expansión física
El chasis mide 152,4 × 78,9 × 22,3 mm y pesa 290 gramos, unas dimensiones cercanas a las de una consola portátil clásica. Monta una pantalla táctil capacitiva de 3,5 pulgadas con resolución 480×320, además de una salida DVI gestionada por la interfaz HSTX del RP2350. El control físico se resuelve con catorce botones —cruceta de cinco direcciones, cuatro botones de acción y teclas de contexto retroiluminadas—, pensados para que el equipo también sirva como emulador de PICO-8 o Doom sin depender exclusivamente de la pantalla táctil. Para la expansión de hardware existen los conectores «Orca», trece GPIO configurables en tensión por software, cuatro entradas analógicas de 0 a 5 V con amplificador de ganancia programable y una interfaz CAN FD capaz de alcanzar los 8 Mbit/s con transceptor SIC. La alimentación corre a cargo de una batería de 3.000 mAh, con una corriente de reposo de solo 60 µA y una fuente programable de 1 a 5,5 V a 1,5 A que incluye un MOSFET crowbar para pruebas de glitching de tensión, una función habitual en auditorías de seguridad de hardware.
Software abierto y asistencia de modelos de lenguaje
El firmware de serie expone una CLI por USB, una interfaz gráfica en el propio dispositivo y la API OneWili, que permite controlar el hardware desde Python, Rust o C/C++. También soporta rThon para scripting en tiempo real con sintaxis similar a Python, WiliBlocks para programación visual y ZoomIO para control en tiempo real por debajo del microsegundo. La documentación de hardware es abierta y se acompaña de archivos «Agent.md», pensados para que modelos de lenguaje como Claude Code o modelos locales ejecutados con LM Studio puedan escribir, compilar y depurar firmware de forma autónoma utilizando las sondas de depuración integradas. Todo el repositorio de referencia, incluido el board support package WiliBSP, está disponible en la cuenta de GitHub de FreeWili, lo que facilita auditar el diseño antes de comprar.
El producto en contexto: qué aporta frente a la competencia
Dentro del segmento de herramientas portátiles de hacking, el mercado ya cuenta con referencias asentadas como Flipper Zero, alternativas basadas en microcontrolador como HackBat o M1, y equipos con Linux a bordo como Interrupt o el más potente Flipper One. El FREE-WILi 2 no compite en la misma gama de precio que la mayoría de esas propuestas, pero tampoco ofrece exactamente lo mismo: mientras que buena parte de esos dispositivos apuestan por un único procesador central, aquí conviven dos microcontroladores RP2350, un SoC Linux completo y una FPGA reconfigurable en la misma placa. Esa heterogeneidad de silicio es la seña de identidad del producto y lo que justifica su enfoque como laboratorio de bolsillo más que como simple herramienta de pentesting inalámbrico. El respaldo de una comunidad activa en torno al hardware abierto, unido a la documentación técnica publicada, sugiere que el proyecto aspira a convertirse en una plataforma de referencia para quienes desarrollan firmware a medida, no solo en un gadget de auditoría puntual.
Reflexiones finales
El FREE-WILi 2 Founders Edition está disponible en reserva por 400 $ en la web de la compañía, con envíos estimados para el cuarto trimestre de 2026. Es una propuesta ambiciosa desde el punto de vista técnico, con una densidad de silicio y de radios pocas veces vista en un dispositivo de bolsillo, pero el precio de partida resulta llamativo para un producto todavía en fase de reserva y sin unidades en manos de usuarios finales. Cuatrocientos dólares sitúan al FREE-WILi 2 muy por encima de alternativas más asentadas del mismo segmento, y es razonable que ese umbral retraiga a parte del público interesado en herramientas de hacking de bolsillo, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de una primera edición sujeta a los ajustes habituales de cualquier campaña de preventa.
7
