Ucrania ha convertido ciertos drones en torres de comunicaciones voladoras. Su función es relevar la señal entre el piloto y el aparato que cumple la misión, de modo que este llegue más lejos y mantenga el enlace aunque haya interferencias. La idea recuerda a un repetidor wifi doméstico, pero con hélices y en plena guerra electrónica. Una de las empresas implicadas, Twist Robotics, ha rediseñado su dron Saker Scout para este cometido. Según la compañía, amplía el alcance de otros drones en más de 50 kilómetros. Otras firmas ucranianas trabajan en soluciones parecidas, y Rusia también emplea esta técnica. El fenómeno enseña cómo evoluciona el combate con drones, donde el enlace de radio importa tanto como la carga que lleva el aparato. Repasamos cómo funcionan estos repetidores, qué papel juega el Saker Scout y qué lecciones dejan fuera del frente.

Un problema de física y de guerra electrónica

Los drones son hoy el principal instrumento del frente ucraniano. Aportan inteligencia y causan más del 95 % de las bajas rusas en primera línea. Pero un dron solo sirve mientras el piloto lo controla. Si el enlace de radio se corta, el aparato se pierde.

La física no ayuda. Las bandas habituales en estos enlaces, como los 2,4 GHz o los 5,8 GHz, necesitan línea de visión. El horizonte radioeléctrico crece con la raíz cuadrada de la altura de la antena. Con la fórmula habitual, una antena a 2 metros del suelo alcanza unos 6 kilómetros. A 100 metros de altura, el alcance teórico sube a unos 41 kilómetros. Un repetidor aéreo aprovecha justo esa ventaja.

A ello se suma la guerra electrónica. Ambos bandos interfieren las señales y rastrean su origen para golpear a los operadores. Un repetidor ayuda en los dos frentes. Permite que el piloto se oculte lejos del objetivo y refuerza un enlace que, de otro modo, sería frágil.

Cómo funciona un dron repetidor

El esquema es sencillo. El piloto envía órdenes al repetidor. Este las reenvía al dron de misión. El camino de vuelta funciona igual con el vídeo y los datos. El repetidor ocupa una posición elevada, a menudo suspendido en un punto fijo, y hace de puente entre ambos extremos.

El enfoque no es nuevo. Los ejércitos llevan décadas usando helicópteros y aviones para unir fuerzas separadas por el terreno. El problema es que las aeronaves tripuladas sobreviven mal sobre Ucrania, donde abundan los drones y las defensas antiaéreas. Los drones pequeños resultan más baratos, más numerosos y más fáciles de sustituir.

El comandante ucraniano Dmytro Zhluktenko, analista del 413.º Regimiento de Sistemas No Tripulados, cuenta que algunos repetidores son de ala fija. Otros son antiguos drones bombarderos que, en lugar de explosivos, llevan el equipo de radio. Los optimizan para permanecer en el aire una hora o más. Esa es toda su misión.

La plataforma Brave1, impulsada por el Estado ucraniano, ya probó este tipo de equipos en una campaña de pruebas. Según la crónica de Militarnyi sobre esos ensayos, participaron más de 30 empresas. Los repetidores de más de 10 fabricantes ampliaban la cobertura de los drones en decenas o incluso cientos de kilómetros. Es decir, el mercado ya había madurado en 2024.

El Saker Scout, protagonista de la historia

El producto central de esta noticia es el Saker Scout, de la empresa ucraniana Twist Robotics. Nació como dron de reconocimiento y ataque. Con el tiempo, su alcance se quedó corto para muchas misiones. En una guerra donde el material se queda obsoleto en meses, esa limitación era una condena.

Rostyslav Olenchyn, cofundador y director de información de la empresa, explica que decidieron rediseñarlo con otro objetivo. El resultado fue una estación repetidora volante. La producción en serie con esta función arrancó en 2023. Según la compañía, extiende el alcance de otros drones en más de 50 kilómetros.

Es un multirrotor que se queda fijo a una altura determinada y transmite la señal entre el dron y la estación terrestre. La presentación de Twist Robotics recogida por Dev.ua destaca un detalle de diseño. La empresa integra por su cuenta la mayoría de los nodos clave: comunicación, navegación, guiado y seguimiento de objetivos. La arquitectura modular permite adaptar frecuencias, cifrado y algoritmos a cada unidad y escenario.

El Saker Scout conserva otros usos en combate. Olenchyn añade que el dron de ataque de la misma empresa, el Signal Hunter, también puede actuar como repetidor. La compañía asegura que lanza una versión nueva, con técnicas o funciones distintas, cada dos semanas. Ese ritmo da una idea de la presión que existe en este mercado.

Una carrera con muchos participantes

Twist Robotics no está sola. Roboneers ha desarrollado una variante de su dron Wardog capaz de cargar equipo de retransmisión de hasta 3 kilogramos. Skyriper fabrica el Skyriper-R, un repetidor aéreo dedicado en exclusiva a esa tarea. TAF Industries empezó a producirlos el año pasado a petición de las unidades. Su director, Volodymyr Zinovskyi, describe esta tecnología como algo que pasó de opcional a esencial.

También hay fabricantes con catálogo propio. La empresa BlueBird Tech publica las cifras de sus repetidores aéreos. Hablan de hasta 15 kilómetros de recepción de señal, hasta 25 kilómetros de alcance operativo y una autonomía de hasta 60 minutos. Son datos del fabricante y conviene leerlos como tales, pero sirven para situar el orden de magnitud.

La competencia aprieta también en precio. Dev.ua recoge que TAF Industries presentó el Kolibri 13 FR1, un repetidor que cuesta la mitad que el DJI Matrice chino. Abaratar el repetidor importa, porque este tipo de aparato corre un riesgo alto. Rusia puede atacar el propio relé, así que la pérdida de unidades es parte del cálculo.

Reflexiones adicionales

Lo más llamativo es que esta solución parte de una idea muy conocida. Cualquiera que haya montado una red doméstica sabe que un buen punto de acceso, bien colocado y en alto, vale más que una antena potente en un rincón. Ucrania ha llevado ese principio al campo de batalla y lo ha miniaturizado.

También destaca la velocidad de adaptación. Un dron que servía en 2023 se rediseña porque el entorno cambia. Los ciclos de actualización de dos semanas se parecen más a los de una empresa de software que a los de la industria armamentística clásica.

La lección no se limita a Ucrania. Según la información original, el Cuerpo de Marines de Estados Unidos ha probado helicópteros como nodrizas de drones FPV y el traspaso del control tras el lanzamiento. Son enfoques distintos, pero resuelven el mismo problema. Un dron solo vale si el operador puede lanzarlo, controlarlo y recibir su información a distancias útiles.

Queda una cuestión abierta. Cada mejora de alcance y de resistencia a las interferencias provoca una respuesta del adversario. Los repetidores refuerzan el enlace, pero no lo blindan. Es una carrera sin meta, y los dos bandos la corren al mismo tiempo.

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