Una pequeña empresa de San Francisco, Marathon Fusion, asegura que ha transformado mercurio en oro estable. Según su comunicado, lo logró el mes pasado y con un ritmo diez veces superior al récord que fijó el CERN. La compañía trabaja en sistemas de combustible para futuras centrales de fusión nuclear. Su método consiste en bombardear mercurio con neutrones procedentes de reacciones de fusión. El resultado es un isótopo inestable que, al desintegrarse, deja oro. La noticia ha llamado la atención por un motivo concreto. Si el oro de laboratorio se abarata, podría ocurrirle al metal lo mismo que a los diamantes sintéticos. Pero conviene ir despacio. El anuncio no ha sido verificado por terceros y no se han publicado ni la cantidad producida ni el coste. En este artículo repasamos qué se sabe, cómo funciona la física que hay detrás y por qué el mercado del oro no es comparable al de las gemas.

Qué ha anunciado Marathon Fusion

La empresa fue fundada en 2023 por Kyle Schiller y Adam Rutkowski, antiguo ingeniero de SpaceX. Cuenta con apoyo de Breakthrough Energy, la red de tecnología climática de Bill Gates, y de Anglo American, el grupo minero propietario de De Beers. También ganó en 2023 un premio de ARPA-E, la agencia estadounidense de investigación energética de alto riesgo. Esos datos los recoge Euronews, la noticia en la que se basa este artículo.

El anuncio llegó un miércoles. La empresa afirma que obtuvo oro real y estable y que superó diez veces el récord del CERN. Además, dice haber batido un récord soviético de 40 años con una centrifugadora de plasma. Esa máquina hace girar gas ionizado a gran velocidad para separar isótopos usados como combustible de fusión. Y ahora construye un reactor en San Francisco con la intención de lograr una densidad de potencia récord.

La referencia: lo que hizo el CERN

Para medir el anuncio hay que conocer el récord anterior. En 2025, la colaboración ALICE publicó que el Gran Colisionador de Hadrones había producido oro a partir de plomo. Durante la segunda campaña del acelerador, entre 2015 y 2018, se crearon unos 86 000 millones de núcleos de oro. Parece mucho, pero su masa total fue de apenas 29 picogramos, es decir, 2,9 × 10⁻¹¹ g.

Además, esos núcleos duraron una fracción diminuta de segundo. Se destruían al chocar contra el equipo del acelerador. El ritmo máximo de producción en el punto de colisión de ALICE fue de unos 89 000 núcleos por segundo. La física es notable, pero no sirve para fabricar lingotes.

Cómo se transmuta mercurio en oro

El mercurio tiene 80 protones y el oro tiene 79. Para pasar de uno a otro hay que quitar un protón, y eso no se consigue con química. Hace falta física nuclear. La vía habitual consiste en irradiar mercurio con neutrones. El isótopo mercurio-196 absorbe un neutrón y se convierte en mercurio-197. Este isótopo es radiactivo y se desintegra por captura electrónica en oro-197, con una semivida de unas 64 horas. El oro-197 es el único isótopo estable del oro.

En una central de fusión de deuterio y tritio, cada reacción libera un neutrón con una energía de unos 14 MeV. Esos neutrones son muy energéticos y salen en grandes cantidades. Marathon plantea aprovecharlos en lugar de dejar que se pierdan. La idea es sencilla: si la central ya produce neutrones, podrían irradiar una capa de mercurio como subproducto.

Esto es una descripción general del mecanismo. La empresa no ha publicado el detalle de su montaje ni la pureza isotópica de su oro, y esos datos serían clave para evaluar el resultado.

El producto principal: oro de laboratorio a escala industrial

Lo que propone Marathon no es un experimento puntual. Es un posible producto: oro transmutado como subproducto de la fusión. En un estudio propio de 2025, la compañía estimó que una central de fusión podría generar unas 5 toneladas de oro al año por cada gigavatio de potencia eléctrica. Esa cifra equivale a la potencia de un reactor nuclear grande.

Con esos números, 100 centrales producirían unas 500 toneladas anuales. Esa cantidad supone cerca del 14 % de la producción minera del año pasado, que fue de 3 672 toneladas según el Consejo Mundial del Oro. Y si se compara con el CERN, la diferencia es enorme: 5 toneladas son 5 000 000 g al año, frente a 0,000 000 000 029 g en cuatro años de funcionamiento del acelerador.

Hay un problema evidente. Ninguna central de fusión vende electricidad hoy, y las primeras comerciales aún están a años de distancia. Sin centrales, no hay neutrones baratos. Y sin ellos, el oro sigue siendo un experimento.

Otro obstáculo es la radiactividad. La empresa reconoce que el oro obtenido podría contener isótopos radiactivos y que quizá habría que almacenarlo hasta 18 años antes de venderlo. Después, eso sí, sería idéntico al oro minero. A diferencia de los diamantes sintéticos, no habría manera de distinguirlos.

¿Puede hundirse el precio del oro?

La comparación con los diamantes es el centro del debate. Los diamantes de laboratorio son químicamente idénticos a los naturales. Las fábricas los producen en grandes cantidades, y los precios mayoristas cayeron entre un 90 % y un 95 % desde 2015, según el analista Paul Zimnisky. De Beers lanzó en 2018 su marca Lightbox a 800 dólares el quilate y la cerró en 2025 para centrarse en piedras naturales. Ese año registró una pérdida subyacente de 511 millones de dólares.

El oro es un mercado distinto. Se han extraído unas 222 600 toneladas en toda la historia. Los bancos centrales lo guardan como reserva de valor y muchos han comprado mucho en los últimos años. El jueves cotizaba a unos 116 euros el gramo, es decir, 3 617 euros por onza troy. Eso supone más de un 27 % por debajo del máximo de enero, que fue de unos 160 euros el gramo (4 985 euros por onza).

Por tanto, el precio ya se mueve por muchos factores. Un aumento de oferta del 14 % en un escenario optimista, y décadas más tarde, no sería un derrumbe inmediato. Aun así, el mercado reacciona a las expectativas, y un anuncio como este puede generar ruido.

Reflexiones adicionales

Conviene separar tres planos. El primero es el científico: transmutar mercurio en oro es posible desde hace décadas con reactores y aceleradores. No es una novedad en sí. El segundo es el técnico: hacerlo a gran escala, con un coste razonable y sin residuos radiactivos problemáticos, es otra cosa. Y el tercero es el económico: incluso si funciona, tardará años en afectar al mercado.

Lo más sensato es esperar a que alguien ajeno a la empresa confirme los datos. La propia noticia admite que no hay cifras de producción ni de coste. Hasta entonces, el anuncio es una promesa y no un hecho comprobado.

Desde PcDeMaNo lo vemos como una buena historia para seguir de cerca. Mezcla fusión nuclear, física de isótopos y mercados de materias primas. Y recuerda que las ideas antiguas, como la de los alquimistas, a veces vuelven con herramientas nuevas. Si llegan datos verificados, volveremos sobre el asunto.

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