Un grupo de investigadores catalanes va a aprovechar el eclipse solar total del próximo 12 de agosto para convertir miles de relojes inteligentes y pulseras de actividad en sensores biomédicos. El proyecto, bautizado como SOLARIS, recopilará datos de frecuencia cardíaca y respiración de todos los voluntarios que quieran participar a través de una aplicación móvil, sin necesidad de acudir a ningún laboratorio ni someterse a pruebas clínicas presenciales. La iniciativa, coordinada por el Vall d’Hebron Research Institute de Barcelona, pretende demostrar que los wearables de consumo pueden sustituir en buena medida a los estudios fisiológicos tradicionales cuando lo que se busca es observar el comportamiento del organismo en condiciones reales y a gran escala. Miles de personas ya se habían inscrito antes de la fecha del eclipse, lo que convertirá al experimento en uno de los estudios de fisiología humana en vivo más numerosos jamás realizados fuera de un entorno controlado. A continuación repasamos cómo funciona la aplicación, qué papel juega el propio smartwatch como instrumento de medición y qué limitaciones sigue teniendo esta forma de hacer ciencia con dispositivos de consumo.

Qué es exactamente SOLARIS y cómo funciona

SOLARIS es el acrónimo catalán de «Seguiment d’Observacions de l’Activitat caRdíaca i reSpiratòria durant un eclipsi Solar», y está impulsado por el Vall d’Hebron Research Institute de Barcelona. El planteamiento es sencillo sobre el papel pero muy potente en escala: cualquier persona con un reloj inteligente, una pulsera de actividad o cualquier dispositivo capaz de medir la frecuencia cardíaca puede descargarse la aplicación SOLARIS, disponible tanto para iOS como para Android, y sumarse al estudio. Según recoge un reportaje de IEEE Spectrum sobre el proyecto, varios miles de personas ya se habían apuntado antes incluso de que se produjera el eclipse. La app registrará el ritmo cardíaco y los patrones respiratorios de cada participante durante un periodo de cinco días completos: los dos anteriores al eclipse, la jornada del propio fenómeno y los dos posteriores, de manera que los investigadores dispongan de una línea base fiable con la que comparar los datos recogidos durante el oscurecimiento. Todo el proceso se realiza de forma anonimizada, lo que facilita que Vall d’Hebron pueda cruzar después miles de registros fisiológicos procedentes de toda Cataluña sin comprometer la privacidad de quienes han cedido sus datos.

El wearable como sustituto del laboratorio clásico

Lo que hace especialmente interesante a SOLARIS no es tanto el eclipse en sí como el cambio de paradigma que representa en la manera de hacer investigación biomédica. Jessilyn Dunn, ingeniera biomédica de la Universidad de Duke y ajena al proyecto, explica en el mismo artículo que hasta hace poco era imprescindible tener a alguien físicamente en un laboratorio para poder recoger datos fiables sobre su fisiología, un enfoque que distorsiona necesariamente el comportamiento cotidiano de las personas observadas. Los wearables cambian esa ecuación por completo: permiten observar el cuerpo humano en su contexto natural, sin el sesgo que introduce saber que uno está siendo monitorizado en una sala clínica. Esa es precisamente la lógica que sostiene iniciativas paralelas de seguimiento del sueño o la actividad física, donde ya se manejan bases de datos de millones de noches registradas gracias a dispositivos comerciales, algo impensable con los métodos de laboratorio tradicionales de hace apenas una década.

El propio funcionamiento de SOLARIS ilustra bien esta transición. En lugar de convocar a un grupo reducido de voluntarios en una sala equipada con electrocardiogramas y bandas de respiración, el equipo de Vall d’Hebron simplemente distribuye una aplicación y deja que cada participante siga con su vida normal durante los cinco días del experimento. Esto introduce, eso sí, una cantidad de ruido en los datos que un laboratorio tradicional jamás toleraría: cada persona hace ejercicio, come, duerme y se estresa de manera distinta, variables que en un entorno controlado se eliminarían por completo. Sin embargo, el volumen de participantes compensa esa falta de control individual, porque permite que los patrones estadísticamente significativos emerjan pese al ruido de fondo propio de la vida cotidiana. Es la misma filosofía que ya aplican estudios epidemiológicos a gran escala en otros campos de la medicina, donde se prefiere sacrificar precisión individual a cambio de tamaño muestral.

El producto en el centro de la ecuación: el smartwatch como sensor biomédico

Aunque SOLARIS es, en el fondo, un estudio médico, el verdadero protagonista técnico de la historia es el propio reloj inteligente que cada participante ya lleva puesto. Un smartwatch moderno combina un sensor óptico de fotopletismografía capaz de estimar la frecuencia cardíaca latido a latido, un acelerómetro que infiere patrones respiratorios a partir de micromovimientos torácicos, y una batería con autonomía suficiente para mantener el registro continuo durante los cinco días que dura el experimento sin necesidad de recargas constantes. Es precisamente esa combinación de sensores de bajo coste, procesamiento local y conectividad permanente la que convierte a un dispositivo pensado originalmente para contar pasos en una auténtica plataforma de recogida de datos clínicos a escala poblacional. El propio reportaje menciona el Apple Watch como uno de los modelos que aparecerán entre los dispositivos de los participantes, aunque la aplicación está diseñada para ser compatible con la variedad de wearables que existen actualmente en el mercado, sin exigir un fabricante concreto. Esa apertura es clave: cuantos más modelos distintos puedan aportar datos, mayor será el tamaño de la muestra y más robustas las conclusiones que se extraigan después del eclipse.

Cifras y detalles técnicos que conviene tener en cuenta

Conviene detenerse en algunos datos concretos para entender la magnitud del experimento. El eclipse recorrerá una franja de la península ibérica el 12 de agosto de 2026, poco antes de la puesta de sol, y será el primero de carácter total observado en la región en más de 120 años. La ventana de registro de la aplicación abarca cinco jornadas consecutivas, con dos días de línea base previos y dos posteriores al fenómeno, lo que permite aislar estadísticamente el efecto puntual del eclipse frente a la variabilidad fisiológica normal de cada persona. Varios miles de usuarios se habían inscrito ya en las semanas previas al evento, una cifra que sitúa a SOLARIS entre los estudios de fisiología humana en vivo más numerosos jamás realizados fuera de un entorno controlado. Investigadores del ámbito del sueño como Michael Chee, de la National University of Singapore, apuntan además que este tipo de metodología basada en wearables ya se emplea para analizar a decenas o cientos de miles de personas durante meses o años, algo que resultaba sencillamente inviable con los métodos de laboratorio convencionales. Y no todo son ventajas: los propios expertos consultados por la publicación reconocen que los relojes inteligentes no fueron diseñados como instrumentos de precisión científica, por lo que las mediciones pueden variar de forma notable entre fabricantes, lo que complica la comparación directa de resultados entre distintos modelos de dispositivos.

Hacia la estandarización de los datos fisiológicos

Ese último punto, la falta de un estándar común entre fabricantes, es uno de los grandes retos pendientes para que la investigación basada en wearables alcance todo su potencial. Ya existen iniciativas orientadas a homogeneizar la forma en que los distintos dispositivos miden variables como la movilidad o la frecuencia cardíaca, tal y como recoge un análisis reciente sobre los esfuerzos de estandarización de la medición mediante tecnología portátil, aunque el proceso avanza más despacio que la propia evolución del hardware. Mientras tanto, proyectos como SOLARIS demuestran que, incluso con esas limitaciones, la cantidad de datos que se puede reunir compensa con creces la falta de precisión absoluta de cada sensor individual. Para hacerse una idea de la escala que puede llegar a alcanzar este tipo de estudios en el futuro cercano, merece la pena revisar el mapa oficial de la trayectoria del eclipse total del 12 de agosto de 2026 elaborado por el National Solar Observatory, que detalla con precisión qué zonas de España quedarán dentro de la franja de totalidad y cuáles solo verán un eclipse parcial.

Reflexiones finales

Más allá del interés puntual por el eclipse, lo que deja sobre la mesa SOLARIS es un cambio de mentalidad sobre qué se puede considerar un instrumento científico válido. Un dispositivo que hasta hace poco solo servía para contar calorías quemadas o notificar mensajes de WhatsApp se ha convertido en la puerta de entrada a estudios de fisiología humana con un tamaño de muestra que ningún laboratorio tradicional podría permitirse. Michael Chee apunta que el interés real de este enfoque va mucho más allá de un eclipse concreto, porque la misma metodología podría aplicarse a olas de calor, pandemias, catástrofes naturales o grandes eventos deportivos, cualquier fenómeno social que tenga un impacto medible sobre la salud colectiva. Queda por resolver el problema de la estandarización entre fabricantes, pero la tendencia parece clara: cada generación de wearables trae sensores más precisos, más frecuencia de muestreo y baterías más duraderas, lo que solo puede traducirse en estudios cada vez más ambiciosos. El 12 de agosto, mientras media España mira al cielo con gafas homologadas, miles de muñecas estarán registrando en silencio la reacción más íntima de nuestro organismo ante uno de los espectáculos naturales más antiguos que existen.

19

Suscribirse
Notificación
0 Comments
0
¡Aquí puedes dejar tus comentarios!x