El Air Lab del que ya hablamos el pasado mes de abril, desarrollado por Networked Artifacts en Zúrich, es un monitor portátil de calidad del aire diseñado para quienes desean conocer de forma precisa el estado del ambiente que respiran. Se trata de un dispositivo compacto, fabricado en aluminio mecanizado, que integra sensores de CO₂, VOC, NOₓ, temperatura, humedad y presión atmosférica, todo apoyado en un microcontrolador ESP32-S3 con conectividad Wi-Fi, Bluetooth LE y capacidad para exportar datos sin pasar por la nube. Su pantalla de tinta electrónica permite revisar lecturas sin castigar la batería, mientras que su firmware abierto lo convierte en una herramienta pensada tanto para usuarios curiosos como para quienes necesitan datos detallados en entornos domésticos, laborales o educativos. El Air Lab pretende llenar un vacío entre los medidores básicos y los equipos profesionales proporcionando lecturas fiables, ampliables y fáciles de consultar en cualquier parte.
Cómo funciona el Air Lab y qué sensores incorpora
El equipo se estructura alrededor de un ESP32-S3, un microcontrolador moderno capaz de gestionar lecturas continuas, almacenar muestras y mantener conexiones inalámbricas simultáneas sin saturarse. Los creadores explican la arquitectura en la actualización técnica disponible en Crowd Supply, donde detallan que el conjunto de sensores incluye un SCD41 para CO₂, temperatura y humedad, un SGP41 para VOC y NOₓ, y un LPS22 para presión barométrica. Esta combinación cubre los parámetros ambientales más relevantes en interiores, y lo hace con un consumo energético relativamente bajo.
La pantalla de tinta electrónica (296×128 píxeles) ofrece varias vistas accesibles mediante una barra táctil capacitiva. En su «user interface tour» disponible en otra actualización de Crowd Supply, pueden verse los distintos modos: lectura pasiva de valores actuales, modo “Live View” con las últimas seis horas de datos y un modo de análisis más detallado donde cada muestra se puede examinar individualmente. Este sistema permite un control preciso del muestreo sin necesidad de acudir a una app externa.
El dispositivo incluye también un acelerómetro FXLS8974CF para detectar movimiento, un RTC BQ32000 para mantener el tiempo aunque la batería baje y un LED RGB que acompaña a las alertas internas. Las conexiones internas están organizadas en un PCB limpio y accesible, cuya estructura puede verse en el informe de hardware mencionado en Crowd Supply.
Autonomía, almacenamiento y conectividad
Uno de los puntos que más destacan los desarrolladores es la eficiencia del consumo. Según los datos recogidos por la gente de CNX Software en su análisis del proyecto el Air Lab consume unos 3 mA en modo pasivo, lo que podría permitir cerca de 21 días de uso con su batería de 1 500 mAh. En modos más activos, con refresco frecuente de sensores y registro continuo, el consumo sube hasta unos 8 mA, reduciendo la autonomía a varios días pero manteniéndose dentro de rangos razonables para un monitor de calidad del aire.
Para almacenamiento, el Air Lab ofrece unas 6 horas de memoria dinámica con muestreo por minuto y 8 MB de memoria flash que permiten guardar hasta tres meses de datos continuos. Esto convierte al dispositivo en una herramienta adecuada para estudios prolongados sin depender de un móvil u ordenador conectado de forma permanente.
En lo referente a conectividad, combina Bluetooth LE para lectura rápida desde un teléfono y Wi-Fi para integración con redes domésticas. Mediante un cliente MQTT integrado puede enviar datos a cualquier broker, lo que facilita su uso con Home Assistant o servidores propios. En la página de campaña de Crowd Supply se especifica que también es posible exportar los datos directamente a un archivo CSV desde el puerto USB-C, una opción apreciada por quienes prefieren un flujo de trabajo sin servicios externos.
Diseño físico, modularidad y expansión
El Air Lab apuesta por un chasis de aluminio anodizado mecanizado, una elección poco común en dispositivos de este tipo y que aporta rigidez, disipación térmica y durabilidad. Para acceder al interior basta con retirar cuatro tornillos frontales, algo que los desarrolladores fomentan abiertamente: el proyecto está pensado para abrirse, estudiarse y modificarse.
En cuanto a modularidad, el dispositivo incluye un puerto de expansión con acceso a I²C y GPIO, pensado para quienes deseen añadir sensores como un contador de partículas PM2,5, módulos láser, sensores de ozono o cualquier accesorio compatible con estándares abiertos. Esta filosofía de extensibilidad queda reforzada por la documentación publicada en la web del fabricante, networkedartifacts.com, donde se anuncia que el firmware será completamente abierto y alojado en GitHub.
El Air Lab dispone además de un conector de depuración estándar para programadores como ESP-PROG. Esto permite flashear versiones personalizadas del firmware, hacer debugging y desarrollar funciones avanzadas. Esta característica, habitual en prototipos pero rara en productos comerciales cerrados, amplía notablemente la vida útil del dispositivo.
Experiencia de uso: interfaz, alertas y análisis
Los creadores han añadido elementos visuales llamativos, como el personaje “Profesor Robin”, que aparece en pantalla comentando de forma sencilla la calidad del aire. Aunque la interfaz es ligera, integra herramientas técnicas que permiten navegar por series temporales, acceder a muestras concretas o activar alertas visuales y acústicas cuando el CO₂ supera ciertos valores. En su demostración pública en Crowd Supply se puede ver cómo la barra táctil capacitiva facilita desplazarse por los datos sin necesidad de botones físicos redundantes.
La exportación de datos mediante CSV permite realizar análisis estadísticos más complejos. Por ejemplo, usando resoluciones de muestreo de un minuto, es posible aplicar modelos de correlación entre humedad relativa y picos de VOC, o detectar picos matinales de CO₂ en oficinas con ocupación creciente. Esa granularidad convierte al Air Lab en un equipo válido no solo para uso doméstico sino también para pequeñas investigaciones o auditorías básicas de ventilación.
La interfaz web “Air Lab Studio”, aún en desarrollo según la actualización disponible en Crowd Supply, permitirá gestionar la conexión Wi-Fi, el cliente MQTT y la visualización remota desde un navegador. Esto podría simplificar el uso para personas que no desean manipular archivos CSV ni conectar cables.
Producción, disponibilidad y comunidad
El proyecto ha tenido buena acogida en su campaña, superando el objetivo inicial según los datos publicados en Crowd Supply. En informes recientes, los desarrolladores han comunicado que los primeros chasis ya están fabricados y que se están ensamblando unidades beta para pruebas funcionales y de durabilidad. Dichas actualizaciones pueden consultarse también en la sección “Production Progress Report” disponible en esta entrada de Crowd Supply.
Los responsables han ido afinando detalles internos del diseño, como la integración de un conector estándar para facilitar el reemplazo de la pantalla de tinta electrónica, un cambio documentado en otra actualización de Crowd Supply. Este enfoque en reparabilidad es uno de los puntos más valorados por la comunidad maker.
La comunidad que se está formando alrededor del Air Lab anticipa modificaciones, extensiones y versiones alternativas del firmware. Con la documentación abierta, cabe esperar que aparezcan integraciones más avanzadas, como dashboards personalizados o herramientas de visualización específicas para escuelas o centros de trabajo.
Por qué importa medir la calidad del aire interior
Diversos estudios señalan que el aire interior puede registrar concentraciones de CO₂ superiores a 1 500 ppm en espacios mal ventilados, valores que afectan a la concentración, la fatiga y la toma de decisiones. Un dispositivo capaz de registrar estos picos minuto a minuto permite ajustar rutinas de ventilación o justificar cambios en condiciones de trabajo.
Desde un punto de vista técnico, disponer de datos continuos permite identificar patrones recurrentes en entornos domésticos. Por ejemplo, un monitor como el Air Lab ayuda a determinar la correlación entre el uso de productos de limpieza y picos de VOC o a analizar la variación de la presión barométrica como indicador de posibles infiltraciones de aire exterior. El hecho de que el dispositivo permita exportar datos en CSV facilita la aplicación de modelos matemáticos propios, más allá de las gráficas básicas del dispositivo.
La capacidad de integrarse con sistemas MQTT abre la puerta a automatizar purificadores o ventiladores, una función que convierte la monitorización en acción automática en función de umbrales programados.
Limitaciones y aspectos mejorables
Aunque el Air Lab ofrece una gama amplia de sensores, carece de un medidor de partículas PM2,5 y PM10, algo que muchos usuarios consideran esencial para tener una lectura completa de contaminación interior. Se puede añadir a través del puerto de expansión, pero requiere conocimientos técnicos.
El uso de e-paper es eficiente energéticamente, pero tiene tiempos de refresco más lentos que los paneles LCD. Esto hace que algunas acciones, como navegar rápidamente por listas o series de datos, puedan sentirse menos fluidas.
La actualización del firmware, aunque posible, puede resultar laboriosa para quienes no estén familiarizados con microcontroladores. La existencia de un puerto de depuración ayuda, pero no evita que el proceso sea intimidante para usuarios sin experiencia previa.
Reflexiones finales
El Air Lab es un dispositivo que combina adecuadamente precisión, diseño y apertura. Su equilibrio entre sensores avanzados, pantalla de bajo consumo y firmware modificable lo posiciona como una herramienta flexible tanto para uso doméstico como para experimentación técnica.
Aunque no sea perfecto —la falta de sensor de partículas integrado y la curva de aprendizaje del firmware pueden frenar a ciertos usuarios—, es una de las propuestas más completas del segmento. En un momento en que la calidad del aire interior se ha convertido en una preocupación real, disponer de un monitor portátil con datos exportables y ampliables es una ventaja considerable.
El proyecto destaca por su enfoque abierto: invita a modificar, reparar, ampliar y experimentar. Y esa filosofía es lo que hace que el Air Lab no sea simplemente un medidor, sino una plataforma para entender mejor el entorno que respiramos.
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Nos acaban de confirmar que si todo marcha según lo previsto, a mediados del próximo mes publicaremos nuestra revisión: la primera en el mundo/ mundial de la versión española de este interesante producto.
Nuestro amigo Juan nos acaba de confirmar que acaba de enviarnos desde Suiza su Air Lab que ya incluye la traducción al español.
Pronto la revisaremos en PCDEMANO, ¿como no?
Ya hemos empezado con la revisión del Air Lab y pronto podréis ver nuestras conclusiones